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El cazador miedoso y el leñador. Buscando un cazador la pista de un león, preguntó a un leñador si había visto los pasos de la fiera y dónde tenía su cubil. -Te señalaré el león mismo. -dijo el leñador. -No,
no busco el león, sino sólo la pista- repuso el
cazador pálido de miedo y castañeteando los
dientes.
El
cazador de pájaros y el áspid. Un
cazador de pájaros cogió la liga y las ramitas
untadas y partió para la caza. En el camino vio a
un tordo encaramado en un árbol elevado y se
propuso cazarlo, para lo cual ajustó las varitas
como suelen hacerlo y, mirando fijamente, concentró
en el aire toda su atención. Mientras alzaba la
cabeza, no advirtió que pisaba un áspid dormido,
el cual, revolviéndose, le mordió. Y el cazador,
sintiéndose morir, exclamó para sí: -
Desdichado! Quise atrapar una presa, y no advertí
que yo mismo me convertía en presa de la muerte.
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