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La
corneja y el cuervo
Sentía
una corneja celos contra los cuervos porque éstos
dan presagios a los hombres, prediciéndoles el
futuro, y por esta razón los toman como testigos.
Quiso la corneja poseer las mismas cualidades.
Viendo
pasar a unos viajeros se posó en un árbol, lanzándoles
espantosos gritos. Al oír aquel estruendo, los
viajeros retrocedieron espantados, excepto uno de
ellos, que dijo a los demás:
--
Eh, amigos, tranquilos; esa ave es solamente una
corneja. Sus gritos no son de presagios.
La
corneja con los cuervos
Una
corneja que por esas cosas del destino era más
grande que sus compañeras, despreciando y burlándose
de sus congéneres, se fue a vivir entre los cuervos
pidiéndoles que aceptaran compartir su vida.
Pero
los cuervos, a quienes su figura y voz les eran
desconocidas, sin pensarlo mucho la golpearon y la
arrojaron de su grupo.
Y
la corneja, expulsada por los cuervos, volvió de
nuevo donde las demás cornejas. Pero éstas,
heridas por el ultraje que les había hecho, se
negaron a recibirla otra vez. Así, quedó esta
corneja excluida de la sociedad de unos y de otros.
La
corneja y las aves
Quería
una vez Zeus proclamar un rey entre las aves, y les
señaló un día para que comparecieran delante de
él, pues iba a elegir a la que encontrara más
hermosa para que reinara entre ellas. Todas las aves
se dirigieron a la orilla de un río para limpiarse.
Entonces la corneja, viéndose más fea que las demás,
se dedicó a recoger las plumas que abandonaban los
otros pájaros, ajustándolas a su cuerpo. Así,
compuesta con ropajes ajenos, resultó la más
hermosa de las aves.
Llegó
el momento de la selección, y todos los pájaros se
presentaron ante Zeus, sin faltar por supuesto, la
corneja con su esplendoroso plumaje.
Y
cuando ya estaba Zeus a punto de concederle la
realeza a causa de tanta hermosura, los demás pájaros,
indignados por el engaño, le arrancaron cada uno la
pluma que le correspondía. Al fin, desplumada de lo
ajeno, la corneja, simplemente corneja se quedó.
La
corneja y los pichones
Conoció
una corneja un palomar que habitaban por unos
pichones muy bien alimentados, y queriendo disfrutar
de tan buena comida blanqueó sus plumas y se unió
a ellos.
Mientras
la corneja estuvo en silencio, los pichones, creyéndola
como uno de los suyos, la admitieron sin reclamo.
Pero olvidándose de su actuación, en un descuido
la corneja lanzó un grito. Entonces los pichones,
que no le reconocieron su voz, la echaron de
su nido.
Y
la corneja, viendo que se le escapaba la comida de
los pichones, volvió a buscar a sus semejantes.
Mas
por haber perdido su color original, las otras
cornejas tampoco la recibieron en su sociedad; de
manera que por haber querido disfrutar de dos
comidas, se quedó sin ninguna.
La
corneja fugitiva.
Un
hombre cazó a una corneja, le ató un hilo a una
pata y se la entregó a su hijo.
Mas
la corneja, no pudiendo resignarse a vivir
prisionera en aquel hogar, aprovechó un instante de
libertad en un descuido para huir y tratar de volver
a su nido. Pero el hilo se le enredó en las ramas
de un árbol y el ave no pudo volar más, quedando
apresada. Viendo cercana su muerte, se dijo:
--
¡ Hecho está ! Por no haber sabido soportar la
esclavitud entre los hombres, ahora me veo privada
de la vida.
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