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La
mujer y la gallina
Una
mujer viuda tenía una gallina que le ponía un
huevo todos los días. Pensó que si le daba más
cebada pondría dos huevos, y aumentó su ración.
Pero la gallina engordó y ya no pudo ni poner una
vez al día.
La
viuda y las criadas
Una
viuda muy laboriosa tenía unas jóvenes criadas a
las que despertaba por la noche al canto del gallo
para empezar el trabajo. Ellas, extenuadas siempre
de fatiga, resolvieron matar el gallo de la casa por
ser él a sus ojos el causante de su desgracia,
puesto que despertaba a su señora antes de que
abriese el día.
Mas
ejecutado el propósito se encontraron con que habían
agravado su mal, porque su señora, no teniendo el
gallo que le indicaba la hora, las hacía levantar
antes para ir al trabajo.
La
mujer y el marido borracho
Tenía
una mujer un marido borracho. Para librarle de este
vicio imaginó la siguiente treta.
Esperando
el momento en que su marido se quedaba insensible
como un muerto a causa de la embriaguez, cargó con
él sobre sus espaldas, lo llevó al cementerio y
allí lo dejó. Cuando juzgó que ya se le había
pasado la mona, volvió y llamó a la puerta del
cementerio.
-¿Quién
llama ahí?-dijo el borracho.
-Soy
yo, que traigo la comida a los muertos- contestó la
mujer.
-No
me traigas comida; prefiero que me traigas de beber
- replicó el borracho.
Y
la mujer, golpeándose el pecho, exclamó:
-¡Qué
desdichada soy! Ni siquiera mi treta ha hecho sobre
ti el menor efecto, marido mío, pues no sólo no te
has corregido, sino que te has agravado, convirtiéndose
tu vicio en una segunda naturaleza.
La
vieja y el médico
Una
vieja enferma de la vista llamó con la promesa de
pagarle, a un médico. Este se presentó en su casa,
y cada vez que le aplicaba el ungüento no dejaba,
mientras la vieja tenía los ojos cerrados, de
robarle los muebles poco a poco.
Cuando
ya no quedaba nada, terminó también la cura, y el
médico reclamó el salario convenido. Se negó a
pagar la vieja, y aquél la llevó ante los jueces.
La vieja declaró que, en efecto, le había
prometido el pago si le curaba la vista, pero que su
estado, después de la cura del médico había
empeorado.
-Porque
antes - dijo - veía todos los muebles que había en
mi casa, y ahora no veo ninguno.
La
mujer intratable
Tenía
un hombre una esposa siempre malhumorada con todas
las gentes de su casa. Queriendo saber si sería de
igual humor con los criados de su padre, la envió a
casa de éste con un pretexto cualquiera.
De
regreso después de unos días, le preguntó el
marido cómo la habían tratado los criados en casa
de su padre, y ella respondió:
-Los
pastores y los boyeros sólo me miraban de reojo.
-Pues
si tan mal te miraban, los que salen con los rebaños
al despuntar el día y no vuelven hasta el empezar
la noche, ¿cómo te mirarían todos aquellos con
quienes pasabas el día entero?
La
Madre y El niño ciego
Un
niño ciego de nacimiento, dijo una vez a su madre:
-
¡Yo estoy seguro de que puedo ver!
Y
con el deseo de probarle a él su error, su madre
puso delante de él unos granos de aromoso incienso
y le preguntó:
-
¿Qué es eso?
El
niño contestó:
-
Una piedra.
A
lo que su madre exclamó:
-
Oh mi hijo, temo que no sólo estás ciego, sino que
tampoco tienes olfato.
La
lecherita
La
hija de un granjero llevaba un recipiente lleno de
leche a vender al pueblo, y empezó a hacer planes
futuros:
-Cuando
venda esta leche, compraré trescientos huevos. Los
huevos, descartando los que no nazcan, me darán al
menos doscientos pollos. Los pollos estarán listos
para mercadearlos cuando los precios de ellos estén
en lo más alto, de modo que para fin de año tendré
suficiente dinero para comprarme el mejor vestido
para asistir a las fiestas donde todos los muchachos
me pretenderán, y yo los valoraré uno a uno.-
Pero
en ese momento tropezó con una piedra, cayendo
junto con la vasija de leche al suelo, regando su
contenido. Y así todos sus planes acabaron en un
instante.
La
viuda y su oveja.
Una
pobre viuda tenía una única oveja. Al tiempo de la
trasquila, y deseando tomar su lana en forma económica,
la trasquiló ella misma, pero usaba la herramienta
en tan mala forma que junto con la lana le cortaba
también la carne. La oveja acongojada y con dolor,
le dijo:
-¿Por
qué me maltratas así, ama? ¿En que te puede
beneficiar el agregar mi sangre a la lana? Si
quieres mi carne, llama al carnicero quien me matará
al instante sin sufrimiento, pero si lo que deseas
es mi lana, ahí está el esquilador, quien me
esquilará sin herirme.
La
bruja
Una
bruja tenía como profesión vender encantamientos y
fórmulas para aplacar la cólera de los dioses; no
le faltaban clientes y ganaba de este modo
ampliamente la vida. Pero fue acusada por ello de
violar la ley, y, llevada ante los jueces, sus
acusadores la hicieron condenar a muerte.
Viéndola
salir del tribunal, un observador le dijo:
-Tú,
bruja, que decías poder desviar la cólera de los
dioses, ¿cómo no has podido persuadir a los
hombres?
El
canoso y sus dos pretendientes.
Un
hombre ya canoso tenía dos pretendientes, una joven
y otra más vieja.
Apenada
la de mayor edad de tratar con un hombre más joven
que ella, cada vez que él la visitaba le quitaba
los cabellos negros.
A
su vez la más joven, no queriendo tener por amante
a un hombre viejo, le arrancaba los cabellos
canos.
Con
esto sucedió que el hombre, pelado alternativamente
por una y por la otra, se quedó completamente
calvo.
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