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JOSÉ MARÍA VELASCO: PINTOR ECOLOGISTA DEL PAISAJE“Pintor científico”, así han denominado investigadores e historiadores al paisajista mexiquense José María Velasco; quien se inició como todos los pintores naturalistas e idealistas del siglo XIX; sin embargo, el enorme acervo científico y cultural que año tras año fue obteniendo, le permitieron contar con un instrumento de crítica y análisis, dejando de lado la exageración del idealismo que caracterizó a algunos de sus contemporáneos. Tomaba a la naturaleza como modelo, pero no se conformó únicamente con plasmar la belleza del campo mexicano y sus riquezas, también fue conociendo detalle a detalle la flora y fauna de México para que cada elemento contara con la precisión que la propia naturaleza le otorgó. En la infancia y adolescencia de Velasco, nacido en Temascalcingo, Distrito del Oro, Estado de México, el 6 de julio de 1840, fue predominante su amor por México. Hijo de un artesano tejedor de rebozos, se desenvuelve en un ambiente típicamente rural, consciente de la importancia de las artesanías, del colorido de las ferias regionales, del comercio y de los días de plaza. Juan de la Encina, relata que Velasco comenzó a trabajar con las manos desde su niñez, lo cual opina que “no era en realidad un mal comienzo para un pintor”. Sin embargo, a la muerte de su padre, la familia debe trasladarse a la ciudad de México, lugar donde radicó desde 1847. Este contacto con la “Ciudad de los Palacios” ayudará a José María Velasco a profundizar en su técnica y estudios científicos. Es así, que el ingreso de Velasco a la Academia de San Carlos se convierte en un eslabón que le permitiría, por una parte, satisfacer sus necesidades de conocimiento, y por otra contar con un mejor nivel social, que no siempre auguraba una situación económica estable; a pesar de ello contó con el apoyo familiar Los cambios y la influencia de la Academia se reflejaron en su obra. Estudiosos opinan que una vez que Velasco se convierte en profesor de Perspectiva, inicia lo que se considera como la mejor etapa de su vida profesional, la más brillante y fecunda, y sus cuadros se caracterizan por el contraste de claro obscuro, llamados precisamente “Cuadros obscuros de Velasco”. Luego de la fructífera etapa que incluye los cuadros de Orizaba, Jalapa y los tres grandes cuadros del Valle de México comenzó con la publicación de la “Flora de los alrededores de México” e ingresó también como miembro de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. Los cuadros que pintó Velasco durante su primera época profesional, entre otros son, Río de Tacubaya (1871), Ahuehuetes de Chapultepec ( 1872), Unas Canteras (1873), Acuarela de las Rocas de Atzcapotzalco (1874). Independientemente de la extraordinaria calidad de los trabajos de Velasco y la investigación científica llevada a cabo por él para realizar cada uno de ellos, no podemos dejar a un lado la manifestación expresa de Velasco por la magnificencia de la naturaleza mexicana y su difusión. Si bien, en ese entonces, hace ya más de un siglo, la preservación del ambiente era un hecho natural, esta preocupación intrínseca del paisajista mexiquense por reflejar la riqueza de la flora y fauna mexicana, sin duda nos lleva a pensar que este hecho no era fortuito. La belleza del paisaje mexicano, ha impresionado a propios y extraños a lo largo de la historia. Pero un mexicano preocupado por la conservación del entorno, puede figurar en tiempo y ámbitos que en primera instancia no podríamos relacionar. Es así que tuvieron que conjugarse diferentes elementos para que Velasco ingresara, como ya dijimos, a la Sociedad Mexicana de Historia Natural, “a pesar de no ser, en sentido estricto, un profesional de las ciencias naturales como la mayoría de sus colegas. Tres elementos parecen determinantes: sus actividades de botánica y zoología en la Escuela de Medicina en 1865, su viaje a las ruinas de Metaltoyuca en ese mismo año, y su amistad con hombres de ciencia”, afirman estudios al respecto. Asimismo se añade que comenzó la publicación de su “Flora del Valle de México”, obra que nunca completó. Su propósito de elaborar una iconografía botánica mexicana encuentra también su origen en los estudios taxonómicos emprendidos por su maestro de la Escuela de Medicina. Finalmente, conocemos que se acercó detalladamente a las obras del arte antiguo de México para dibujarlas con cuidado, precisión y amor, depositados en cada una de sus pinceladas. Domingo 28 de julio de 1991.
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