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Estimadas Amigas y Amigos
Mi nombre es Daniel Adrián Madeiro.
Nací el 6 de junio del año 1957, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, país donde resido.
Estoy casado con una mujer maravillosa con quien, desde hace años, compartimos dulces sueños y duros desvelos, pero siempre conscientes de saber que nuestro amor es lo más hermoso que nos pasa; tengo tres hijos divinos (como siempre son nuestros hijos), dos mujeres y un varón, de los que estoy orgulloso de ser el padre; completan mi vida un perro al que se le cae el pelo por todos lados y una cotorrita australiana siempre graznando.
Hace años estoy empleado en una entidad financiera. De ello vivo.
Completé estudios primarios y secundarios. Después de ello, y hasta el día de hoy, procuro instruirme sin el auxilio de otro maestro que los libros.
Mis preferencias de lectura se encuentran en las áreas de: religión, literatura, filosofía y sicología.
Desde mi infancia sentí inclinación por la composición literaria. Tengo un vago recuerdo sobre una pequeña estrofa de cuatro versos que hablaba de un árbol en otoño. Para lograr que rimara con quedó acentué la palabra arbolito, en la última sílaba transformándola en aguda. Un recurso válido para los cinco años.
Sí recuerdo dos de mis primeros poemas. Uno de ellos escrito a los siete años sobre el General San Martín y el otro a los nueve, en una colonia de vacaciones en Jujuy, a pedido de una maestra para el acto de despedida. Son estos:
AL GENERAL SAN MARTÍN
El General San Martín fue un correntino valiente que defendió ardientemente el suelo en que había nacido.
Puso gran empeño y brío por lograr la libertad de este pueblo sin igual que es el pueblo argentino.
Tengamos en la memoria al General San Martín, que para no recibir gloria lejos de la patria se fue a morir.
A JUJUY
De Jujuy a mí me gustan sus montañas y sus cerros, sus viviendas sus costumbres y todo... todo su suelo.
La gente de esta provincia es muy gentil y muy buena; trabajadora y honrada es esta gente jujeña.
Me quedaría en Jujuy toda la vida entera, pero en Buenos Aires mi madre a mí me espera. Te prometo no olvidarte ¡Oh, linda tierra jujeña!.
Pasó mucho tiempo desde entonces. Con la adolescencia y las novias surgieron cientos de poemas. Nada de ello quedó porque un día de furia quemé todos mis escritos.
¿Habré aprovechado el tiempo transcurrido para mejorar mi capacidad como escritor?. Espero que sí. La palabra la tienen Ustedes a quienes, por este medio, les presentó una selección personal de poemas.
Son pocos los que pueden editar un libro con sus obras. A su vez, son menos los que logran el reconocimiento esperado.
¿Qué espero yo?. Que lo que escribo sea doblemente útil al lector: Que colme su expectativa estética y que renueve su amor por un mundo mejor, una vida mejor, un sí mismo mejor.
¿Qué reconocimiento espero?. Uno que me acoja generosamente hoy. Porque sólo estoy vivo ahora. Si mi obra vale algo, que reciba la justa recompensa por mi trabajo.
No hay que esperar que la gente muera para llevarle flores. Y no es que tenga pensado morirme. Pondré todo mi esfuerzo para no hacerlo.
Pero... están tan colmadas las estanterías de muertos notables que fueron vivos irrelevantes; hay tanto libro costoso de autor crecido en la necesidad.
No puedo ser árbitro objetivo sobre mi propio trabajo. Pero... espero que haya justicia para todo buen autor que la merezca. Como debe haberla para cada buen obrero, buen maestro, buena persona.
Estoy a su disposición para serles útil del modo que creo saber hacerlo mejor.
Yo les escribo a Ustedes. Si lo desean, Ustedes pueden escribirme a mí.
Reciban mi más fuerte y cálido abrazo.
Daniel Adrián Madeiro Demos_Amor_al_Mundo@Yahoo.Com.Ar
Todos los derechos reservados Copyright © Daniel Adrián Madeiro. Hecho el depósito que marca la ley.
LÉALO, LE INTERESARÁ: El autor da su consentimiento a toda persona física o jurídica que lo desee, para: publicar, difundir, copiar, citar total o parcialmente, imprimir o traducir a cualquier idioma los textos incluidos en este escrito, por cualquier medio, siempre que lo haga sin fines de lucro, preferentemente motivado por el objetivo de ayuda al prójimo. En todos los casos deberá respetar fielmente el texto, citar al autor e incluir esta cláusula para que otros también puedan tomar conocimiento de este permiso. El autor se reserva el derecho de publicación para la venta.
P o e m a s
Daniel Adrián Madeiro
Agradecimiento:
A mi DIOS (Fuerza y Escudo mío) A mi Esposa (que me ama a mí y a mis sueños) A mis Hijos (que festejan mis poemas) A mis Padres (sin los cuales no estaría aquí)
QUIERA DIOS
Quiera DIOS que yo escriba lo que Él quiere y que quiera que lo escriba yo. Quiera DIOS que el mejor verso te entregue para que sea refugio de los dos. Quieras Tú entender lo que DIOS quiere y te sumes a esta construcción. Recordemos los dos que DIOS pretende que ayudemos a batir tanto dolor.
REFLEXIÓN SOBRE UNA FOTO
Yo no soy el de la foto, soy el que él tiene dentro. Allí sólo ves la cáscara, mi envase, lo externo, lo que usa mi Yo, lo que llamas cuerpo. Yo no soy la carne pegada a los huesos; Yo, tú, todos somos mucho más que eso. Así que en la foto, esa que estás viendo, no me ves a mí, vez a mi instrumento; la máquina humana, la sangre y los nervios, con la que te escribe mi Yo a Ti los versos.
LA EMPRESA
Este lugar apesta. Aunque un clima artificial tape el aire nauseabundo, este lugar apesta.
Miles de compañeros fueron muy seriamente infectados. Recuerdo en sus primeros días, los días en que llegaron, se los podía ver a todos tan enteros y tan sanos, de tan óptima apariencia, que, ¿quién podía imaginar que habrían de caer víctimas del desgaste en esta empresa?.
Este lugar apesta. Aunque su luz sea más sana que la luz del sol ahí fuera. Este lugar apesta.
Muy de a poco, como siempre, día a día, hora tras hora, un mal coge sus cabezas y de a poco los devora. Y una vez allí instalado, la gente que uno veía, en un principio, tan sana, cae en el rincón más bajo de los más bajos instintos. Se hace su mirada altiva, sus ojos cambian el brillo, muchos se vuelven traidores y entregan en sacrificio a los dioses de la empresa hasta a su mejor amigo. Otros, en cambio, se tornan como autómatas. Su ser se desprende de lo humano, ya no son hombre o mujer, son máquinas que no sienten, sentir no les queda bien, sentir es algo mal visto, lo bien visto es parecer aplicado y siempre listo para cualquier menester.
Este lugar apesta. Aunque el piso esté alfombrado, y aunque luzcan sus paredes imponente empapelado. Este lugar apesta.
Aquí aman a fríos hacedores, a las almas vacías de ideales, a los que aman sus trabajos, sus oficios terrenales. Ellos son los bien mirados. Y escaleras y pasillos suelen ver desesperados corriendo a ex individuos, excelentes empleados, con esa ansiedad idiota del burro ante la zanahoria inalcanzable adelante, dejando todo por la obra.
Pasan así miserables sus días, meses y años, asolados por la peste, y no hay forma de salvarlos cuando la peste los toma. Da mucha pena mirarlos simulando sus sonrisas, como estúpidos esclavos.
Este lugar apesta. No vale este sacrificio, por más que haya buena paga, que es poca cuando a las horas sin tus hijos las comparas. Este lugar apesta.
Y a mí que escribo estas cosas, si llegaran a saberlo, mi cuerpo crucificado ante todos sería expuesto. Pues no hacen falta en la empresa poetas para rimar sobre angustias y miserias, sobre esta peste, este mal, pues es eso subversivo en tanto invita a pensar que puede haber otro mundo, un mundo que disfrutar, un mundo donde los que amas son la única prioridad; que reemplaza al escritorio por la mesa familiar; que prefiere cobijarse bajo manos de tibieza, antes que vestir galones y ser líder de la empresa; un mundo que no se olvida porque es muy malo olvidarse que es bueno vivir la vida, un “te quiero” no callarse, pues nadie tendrá tiempo extra cuando la muerte le llame.
Este lugar apesta. Hay fuerte hedor a excremento. Penetra en cada oficina de esta mole de cemento. Este lugar apesta.
La empresa devolverá, luego de años de tormentos, a los que ya no le sirvan porque se le han puesto viejos; descartará al que no pueda ya archivar en un fichero, a los huesos que sean flojos para palas y aparejos; los sacará de sus filas, cercanos al cementerio, y a algunos dará limosna que les sirva de sustento.
Este lugar apesta. Afuera hay sol y viento, afuera huele muy bien, afuera el aire es perfecto. Afuera te espera alguien a quien retaceas tu tiempo, sal a la calle a buscarla, y cuando sientas sus besos resucitarás glorioso, rescatarás a tu cuerpo y a tu alma. No te rindas que afuera el aire es más fresco.
SEPARACIÓN
Recostada en su hombro izquierdo llora ella; con su mano diestra el pelo le acaricia él; parece que la vida dejó de serles bella y abrazados despiden al amor que se fue.
Mañana, cuando viejos los delate el espejo, pensando ella en su vida y en su vida pensando él, este joven momento los unirá de nuevo y gozarán el tierno amor que hoy se les fue.
HOMBRES GESTANDO
Montados sobre los andamios, golpeando la piedra, mezclando la argamasa, fijando los ladrillos, ensamblando las tejas, empotrando puertas y ventanas, revistiendo los pisos, los humildes obreros dan a luz un nido ajeno.
ÁRBOL, ESTOY AQUÍ...
Árbol, estoy aquí, me apoyo sobre tu tronco. La sombra tuya me acoge, tu verdor me da reposo.
Pasa el viento y huele a hierba. Todo es paz. Estamos solos. El cielo es celeste y puro, el riacho fluye sonoro.
Árbol, te contaré algo que no le he contado a otros, solos aquí, tú y yo, quedará esto entre nosotros: Vendré a beberme tu sombra cuando se cierren mis ojos.
HAY LAGRIMAS ...
Hay lágrimas sobre los cristales; hay perlas pendiendo de los sauces.
El agua se perfuma en los jazmines, se desliza en los paraguas, se lamenta en los pilotos, se alegra en las cabezas descubiertas, resuena en los charcos, se hace río a los niños y agobio a los ancianos, es frescura a los jardines y vigor a los torrentes.
El agua baja silenciosa hasta las bajas tumbas y le cuenta a los muertos que, como ayer, hoy llueve.
CLON
El otro día escupí, hay uno igual a mí. Me corté y salió sangre, de mí hay un enjambre.
Todas copias de mí son; yo no soy yo, ya soy un clon.
Ahora puedo ser un líder bueno de esta sociedad y, al mismo tiempo, puedo ser quien lo asesine sin piedad.
Todas réplicas de mí son pero me son ajenas, son mi clon.
Un sacerdote, una anarquista, un mercenario, un pacifista, un boxeado, un curandero, un libertador y un carcelero, un enfermo, un enfermero, un ladrón y un cerrajero, un artista, un destructor, un hombre mudo, un orador, un dominador, un esclavo, un hombre sabio, un hombre tarado, uno bien vestido, otro rotoso, un hombre veraz, otro mentiroso, un chico malo, un buen chico, un hombre pobre, un hombre rico.
EL SUICIDA DICE…
Un estallido aturde mi cabeza a las once y un laberinto oscuro crece hasta el infinito, ante mis ojos húmedos, marchitos, tan perdidos.
No me cura el calor del pecho de mi madre; la fuerza de mi padre no puede sostenerme; son vanas tantas cosas y... sin embargo hay otras que me cargan el pecho de una inmensa sonrisa.
Queda un instante y vivo los años de mi vida, redescubro momentos felices de otros tiempos.
Sobre el charco carmín brego por levantarme. Estallido, once y uno, todo dice: ¡Ya es tarde!.
Desde un lugar oscuro, aterrador, infame, laberinto sin luz que da a ninguna parte, mi voz, ahogada en sangre, pugna por ir a hablarte, pedirte: ¡No te rindas!... Pero son once y dos, y ya no puedo, es tarde.
LA MADRE DICE…
Como juegas pequeño acunado en mi vientre, como mueves tus pies, tus manos. Me acaricias Quizá es porque adivinas que estoy y estaré siempre para velar tu vida; que aun grande, envejecido, te sentiré aferrado como hoy de ombligo a ombligo, puesto que estarás siempre muy aquí, dentro mío.
Te tejí, ya verás, una hermosa mantilla; te compré, ya usarás, sábanas muy sedosas, un oso de peluche, cascabeles dorados, y de haberlo podido un cielo con mariposas y el arco iris, la luna, el sol para abrigarte y un río de agua pura donde poder bañarte.
Pronto vendrás y hay algo que quisiera decirte: saldrás de un mundo tibio a otro que es cruel y frío; pero nada te agite, puedes estar tranquilo, mis brazos serán muros, dormirás protegido; mis manos como garras, terror de tus enemigos; mis pechos descanso y néctar hijo y corazón mío.
Si te hablo es porque sé que escuchas lo que te digo, si supieras cuanto ansiaba que estuvieras conmigo. Soñé mucho este momento pues para eso he nacido. Voy a decirte un secreto, ven, acércame tu oído, que tu papá no lo sepa: vibro al son de tus latidos.
Falta poco para vernos, retoño tierno, hijo mío. Cada vez que vea tus ojos se hará el dolor fugitivo, tu cuerpo se poblará de mis besos encendidos, mis pechos estarán dispuestos, no se secarán mis ríos; a donde tus pasos vayan tras de ti irá el corazón mío; por ti velaré en las noches, no tendrás noches de frío; me dolerán tus dolores, tu alegría me será alivio; siempre será bendición para mí haberte parido, haberme sentido plena, mujer, gracias a ti hijo y corazón mío.
LA VOZ DE CRISTO
No he muerto como muchos creen, no fenecí en la cruz como algunos piensan; vivo todavía porque aun me necesitan los que sufren pena, miseria, inclemencia.
No he quedado abajo, dormido en la tierra, no logró Pilatos terminar conmigo; salí del sepulcro en el año treinta y tres y, hasta el fin del mundo, continuaré vivo.
Vuestros pecados me llevaron a la cruz donde: Elí, Elí, lama sabachtani!, pronuncié cuitado; creí que ya DIOS no estaba conmigo y fue cuando más estuvo a mi lado.
Y tembló la tierra al creer mi muerte y se enfureció el mar al verme moribundo, y se quebró el cielo al verme sufriendo por los pecados que había cometido el mundo.
Pero aun sigue vivo mi espíritu en cada uno de los seres humanos que habitan la tierra, porque aunque en Gólgota me hallan enterrado y mi carne se halla ido, mi espíritu queda.
Quedan siempre adentro, de cada conciencia, mis enseñanzas, mi vida y mi último llanto, lo que brindé al mundo mezclado en tinieblas, mi oración final y la sangre que he derramado.
MOISÉS FRENTE A LA ZARZA
Desde niño intuí una obligación futura, oculta, difusa, de un formato ambiguo pero firme en su afán de convocarme. Y se sumo a mi vida el cisma de mi alma, la discordia entre saberme egipcio y sentirme ajeno. La defensa de un esclavo se asoció a mi suerte con la angustiosa huida por matar al guardia. Me dio tierra extranjera una tienda y sustento, y a Séfora, y un hijo, y pastos y ganado.
Ahora, desde la zarza “Yo Soy” me pido algo, “Vuelve a Egipto y libera a mi Israel esclavo”.
Lo intuía y pasó, hoy DIOS me ha convocado.
ARJUNA Y EL MAESTRO
Arjuna, entregado a morir, dejó su arco y sus flechas y lleno de dolor se tomó la cabeza. -Prefiero dar mi pecho desnudo ante las armas-.
Krishna, mansamente, observa llorar a Arjuna: -Este dolor es vano, ¡De pie presenta tu alma en camino a la victoria!-.
Arjuna, ya más sereno, presta oídos al Maestro que dulce y sabio declara:
-Placer o dolor, ganancia o quebranto, victoria o derrota, alabanza o escarnio, recíbelos entero, que tu deber es ese. Aprende a hacerte libre de todo par de opuestos, de bienes pasajeros, de este mundo mudable. Permanece sereno en tu ser verdadero. Que tu acción sea recta allí por donde vayas; en todos los senderos me encontrarás un día, pues soy todas las formas que el hombre conjetura. No sueñes con los frutos y te volverás sabio y firme como roca puesta en Mí tu mirada. Armoniza tu mente y vendrás a mi lado. Cuando veas lo que existe piensa que es una sombra, un ápice tan sólo de mi poder y gloria-.
Luego de esto el Maestro le permitió a Arjuna poder verlo tal cual es su Suprema Forma. El príncipe observó la grandeza de Krishna. Su luz tornaba opaca la de un millón de soles.
-Yo soy el que ilumina toda la naturaleza; los tres modos del tiempo coexisten en mi esencia. Soy el Ser y el no Ser, Infinito, Absoluto, Bien Supremo-.
-Desvanecida está por tu poder divino, Inmutable Maestro, mi angustia y toda duda la venció tu sapiencia. Seguro estoy de actuar de acuerdo a tus palabras-.
Tenemos la certeza, después de lo narrado, que Arjuna victorioso enfrentó su destino, aunque el Bhagavad Guita culmine allí el relato.
EPPUR, SI MUOVE (*)
Con rigurosa lentitud de caracol, lleno de parsimonia en sus movimientos, deambula por la acera el animal que en la vejez marcha sobre tres patas. Frente a sus añosas arrugas y su palmaria decrepitud, parecería imposible apostar con certeza que avanzará otro paso; sin embargo... se mueve.
(*) “Sin embargo, se mueve”, frase atribuida a Galileo Galilei.
ADVERTENCIA
Hastía el trabajo, fastidia el sudor, que ayer hizo frío, que hoy hace calor. Molestan los niños botando el balón; que engordé y me queda chico el pantalón. Que mi mujer quiere vestirse mejor; |