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Cuentos Fantásticos

   Cuentos fantásticos.

                            (C.F. fantasía. De Terror. Metafísicos)

 

Autor: José Manuel López Gómez.
Español.
CI: 5.289.564.
Reside: Mitre 1255. Mar del Plata. Rca Argentina.
Seudónimo: 2+2=5
Registro Nacional de Propiedad Intelectual( 2004)

 

 Título del libro y contenido:
“Beatriz Elena Viterbo confiesa sus amores con Jorge Luis Borges”

 

  1. “Top Secret”
  2. “Terrorista”
  3. “Romeo y Julieta” (versión U.S.A)
  4. “Rolo, Francisco Solano López, una mamboretá y el asunto de la chimenea”
  5. “Por votación unánime”
  6. “Otros mundos”
  7. “Orar”
  8. “La Valija”
  9. “La disputa”
  10. “Hora de partir”
  11. “Ellos”
  12. “El pintor”
  13. “El mensaje”
  14. “El inmortal”
  15. “El ataúd”
  16. “Dios, la araña y Fulano de Tal”
  17. “Confusión

PROLOGO:

Confieso que no soy afecto a prologar libros. Es una enorme responsabilidad. En este caso accedí porque el autor- en la época difícil del proceso militar- supo participar de un taller literario que yo tenía en la SADE.

Ya por entonces, López Gómez mostraba las facetas que distingue a los grandes cuentistas: literatura visceral, maestría en el manejo de los tempos, y una extraordinaria capacidad para sorprender con finales inesperados( a mi criterio, la esencia de todo buen cuento).

Después de 25 años, encontré a López Gómez en Mar del Plata- ciudad en la que reside-  lugar al que fuera invitado a dar una conferencia en la casa de Victoria Ocampo.

Me enteré entonces que tenía publicado 4 libros- uno en coedición con Adolfo Bioy Casares- y que a su novela “Jesucristo en Plaza de Mayo”, había sido distinguida como uno de los mejores libros del trienio 91/93.

Sin embargo, la trascendencia aun se hacía rogar( Ya se sabe: no es suficiente un buen producto, si quienes lo ofrecen a la venta, carecen de la idoneidad y los medios- léase difusión- para imponerlo en el mercado); y si a esto se le sumaba que el autor padecía desde hacía muchos años de una impronta de sucesos aciagos en lo personal y familiar, uno podía entender como un autor de semejantes quilates, no gozaba aún del reconocimiento merecido.

Pero volvamos a la obra. No exagero ni regalo nada al autor, si digo que se trata de un excepcional libro de cuentos. Cada uno, por separado, podría integrar la mejor de las antologías cuentísticas.

Sin embargo, yo me quedo con tres: “El inmortal”, relato no sólo de un final sorprendente sino maravilloso. “Top Secret”, en el cuál López Gómez ensaya una aterradora hipótesis política y que muestra su universalidad como escritor y sobre todo, el que título al volumen de relatos; la manera en que López Gómez rescata a Beatriz Viterbo- personaje emblemático de el Aleph borgiano- y la forma en que la relaciona con Ernesto Sábato, sencillamente me parece magistral (metafísica y terror físico se aúnan en una imaginación desbordante) y afirma mi idea que López Gómez es un “tapado”, que pronto  ocupará un lugar importante en la historia de la literatura.
                             Eduardo Gudiño Kiffer. 

“Beatriz Elena Viterbo confiesa sus amores con Jorge Luis Borges”

 

"Todo induce a creer que existe un cierto punto del espíritu, desde el cuál la vida y la muerte, lo real  y lo imaginario; el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, dejan de ser percibidos contradictoriamente". 

Andre Breton.

 “Nunca imaginé que mi amistad con Beatriz derivaría en una historia de estremecedoras connotaciones sobrenaturales; historia de sexo con una incursión metafísica invocando a Dios y el  absoluto, y ciertas prácticas signadas por ritos esotéricos y crímenes aberrantes.

Me relacioné con ella a través de un cursillo de Teosofía: la única mujer del grupo. Apenas 7 gatos locos que nos reuníamos todos los sábados por la mañana en una vieja casona de San Telmo.

Un rabino amigo me había hecho la invitación y yo la acepté con gusto, con la intención de "desintoxicarme" un poco de tanta fórmula científica de la que aún no había podido desprenderme totalmente.

Grupo ecléctico como pocos: el rabino, un musulmán, un mecánico dental dotado de particulares poderes extra-sensoriales, un profesor de yoga con vasto conocimientos sobre la cultura y las religiones hinduistas; un extraño sin profesión declarada(  hombrecillo enjuto de carnes, indigesto espiritualmente por la acción de una marcada actitud misógina);  ella, que se había presentado como pensadora independiente, y yo, un físico matemático que vivía a dos aguas entre mi  carrera científica - a la que había renunciado oficialmente- y mi nueva vocación de escritor.    

Desde el momento que la conocí intuí que Beatriz tenía visos de ser una mujer extraña.

Algunos sábados venía a buscarla un tipo con cara desagradable, un tal Argentino( me enteré del nombre porque en cierta ocasión ella comenzó a llamarlo a los gritos por ese nombre). A propósito, ¡vaya nombre! Ciertos progenitores parecen desquitarse con la llegada de algunos hijos no deseados, endilgándoles  nombres estrafalarios o ridículos( comparando el nombre del amigo de Beatriz, es como si a un nacido en Nueva York lo anotaran en el registro público bajo el  nombre de  United State Harrington; a un nacido en la península itálica, Italiano Di Stéfano, o a un moscovita, Ruso Petrovich).                        

Durante casi tres meses- si mal no recuerdo- la relación con Beatriz no pasó de los formales buenos días y hasta el sábado que viene.

Mujer de un arcano poder seductor, comprendí  que su belleza, más que visible, era palpable.      

Las cosas tomaron un sesgo inesperado a partir del sábado en que hube de disertar frente a mis compañeros. Me tomé  el trabajo de guardar los apuntes. Esta es parte de aquella disertación:

“ Creo que una de las cosas que moviliza nuestro espíritu, es la idea de la eternidad, aunque no la del hombre en sí; me refiero a la existencia totalizadora.  A propósito, he recortado un pensamiento bellísimo. Durante mi permanencia en Francia en el Laboratorio Curie, me enteré que un padre jesuita solía decirle a sus alumnos lo siguiente: Imaginad que la tierra es de bronce y que una golondrina, cada mil años, la roza con un ala. Cuando toda la tierra se haya desgastado de este modo, sólo entonces empezará la eternidad... Colegirán conmigo que esto tiene una belleza estremecedora. Sin embargo, amigos míos, la eternidad no es sólo la infinita longitud del tiempo. Es una cosa distinta de la duración. Hay que desconfiar de las imágenes. Entregan un cadáver al subsuelo. Las únicas imágenes capaces de transportar una idea superior son las que crean en la conciencia un estado de conmoción y de extrañamiento, susceptibles de elevar esta conciencia hasta el nivel en que vive la idea en cuestión, en que ésta puede ser captada con  toda su inocencia  y su fuerza; los ritos mágicos y la verdadera poesía no tienen otra finalidad. Esto forma parte de lo que no podían comprender mis colegas pacatos. Veo a la ciencia como una matrona que cojea permanentemente y esto será así, mientras no se abra a una visión totalizadora del pensamiento; una ciencia para todos, no un coto de caza excluyente al servicio de intereses espurios. Respecto al espíritu de nuestro estudio, me parece importante hablar un poco de Georg Cantor, quien- como ustedes saben- murió loco consumido por su propio pensamiento, aún indefinible  para la mayoría de nosotros los científicos. Resumiremos, a grandes rasgos, el pensamiento de Cantor. Imaginemos, sobre estas hojas de papel, dos puntos, A y B, distantes un centímetro uno de otro. Tracemos  el segmento de recta que une A a B.  ¿Cuántos puntos hay en este segmento? Cantor demuestra que hay más que un número infinito.  Para llenar completamente el segmento, se necesita un número de puntos mayor que el infinito. Veo que el rabino se sonríe. Un experto en la Cábala sabe perfectamente a que me estoy refiriendo..., como no dudo que lo comprende el resto del grupo. Pues bien, este número es igual a todas sus partes. Si se divide el fragmento en diez partes iguales, habrá tantos puntos en una de las partes como en todo el segmento. Si se construye un cuadrado, partiendo del segmento, habrá tantos puntos en el segmento como en la superficie del cuadrado. Si se construye un cubo, habrá tantos puntos en el segmento como en el volumen del cubo. Si se construye, partiendo del cubo, un sólido de cuatro dimensiones, un tessaract, habrá tantos en el segmento como en el volumen de cuatro dimensiones del tessaract. Y así sucesivamente, hasta el infinito. O sea, la parte es igual al todo. Claro, es una perfecta locura, si adoptamos el punto de vista de la razón clásica, la ciencia que descansa en las realidades comprobadas. Se creía que la conservación de la energía era algo sólido, inconmovible. Una catedral gótica.  Recuerden que Willian Blake hablaba de un universo contenido en un grano de arena.

"En aquel momento levanté la vista y miré a Beatriz. Y el milagro se produjo. Su pensamiento y el mío se encontraron de pronto en el punto Omega de esa franja inasible pero real dónde nuestras miradas coincidían.

Mi ego había comenzado a delirar. Entonces fui por más. Deliberadamente había dejado para el final de mi charla, ese tipo de frases discursivas que suelen conmover al auditorio más apático. Aquí lo tengo escrito: “.... esto me hace recordar la famosa paradoja de Banach y Tarski. Según esta paradoja, es posible tomar una esfera de dimensiones normales, por ejemplo, la de una manzana o de una pelota de tenis, cortarla en rodajas y volver a juntarlas enseguida, de manera que se obtenga una esfera más pequeña que un átomo o más grande que el sol. No se ha podido realizar físicamente la operación porque el corte debe hacerse siguiendo superficies especiales sin plano tangente y que la técnica actual no puede realizar eficazmente. Sin embargo, algunos de los grandes físicos que se apartan de la ortodoxia del conocimiento,, sostienen que esta operación es teóricamente aceptable. Para terminar- y me gustaría que éste fuere el punto de nuestro debate- los trabajos de Banach y Tarski llegan a conclusiones que coinciden, de manera alucinante, con los poderes que se atribuyen los iniciados hindúes en la técnica Samadhi: declaran que les es posible crecer hasta alcanzar el tamaño de la vía láctea o contraerse hasta la dimensión de la menor partícula posible. Todavía se puede ir más lejos: se puede imaginar que, a consecuencia de manejos que afectarían a un tiempo a la materia, a la energía y al espíritu, cualquier punto del espacio puede convertirse en un transfinito. Si tal hipótesis correspondiera a una realidad físicopsíquicomatemática, tenemos la explicación de la Gran Obra de los alquimistas y del éxtasis supremo de ciertas religiones. La idea de un punto transfinito, desde el cuál sería perceptible todo el universo, es prodigiosamente abstracta, y- como todos sabemos- no está en contradicción con el espíritu religioso respecto a la idea de Dios. Pero no lo son menos las ecuaciones fundamentales de la relatividad, de las cuáles se derivan sin embargo, el cine  y la bomba atómica.  Más próximo a nosotros, Shakespeare pone en boca de Hamlet: ¡Oh, Dios, quisiera estar encerrado todo entero en una cáscara de avellana y, sin embargo, irradiar en los espacios infinitos!”(1).

 

Con tanta artillería pesada para discurrir filosóficamente, el debate se extendió más de lo previsible. En pleno mes de Julio, Buenos Aires era golpeada por una ola de frío particularmente muy intensa. Para colmo, agravada ese sábado por un temporal del sudeste que había convertido las arterias poco menos que en intransitables.

Por entonces, yo tenía un automóvil  baqueteado pero bastante confiable, y, aprovechando los avatares del mal tiempo, le dije a Beatriz que me ofrecía a llevarla. Me miró desde el fondo de sus grandes ojos verdes, y yo tuve la impresión que por primera vez aquella mirada había descendido unos escalones.

“- No sabe como se lo agradezco, Ernesto. Cuándo salí de casa no llovía y ahora se ha vuelto a levantar este viento del sudeste... Para colmo, Argentino está en una estancia en Castelli desde ayer. Claro que acepto encantada.

 

"Mientras conducía, me fue contando algunas cosas relacionadas con su vida. Por ejemplo, que después de vivir durante varios años en una casona en la calle Garay, agobiada por el peso de una serie de contingencias personales y familiares de las que aún no había podido desprenderse -“... y que en algún momento me gustaría contarle”, me dijo con una voz oscura-  se marchó a Francia- París para ser más preciso- y que en Agosto de 1939, ante la inminencia de la guerra, se embarcó de vuelta para la Argentina.

Acosada por una crisis existencial, buscó refugio lejos del mundanal ruido.

“- Me fui a vivir a Mechita, un pequeño pueblo de la provincia, cerca de Bragado. Dejé las pertenencias de mi clase y compré una vieja casona en las afueras del pueblo. Nadie me conocía ni yo conocía a nadie. Tuve amoríos clandestinos por doquier: uno que otro estanciero de la zona; el jefe de la estación de tren; el delegado municipal, e incluso con un dignatario eclesiástico que estaba de pasada en visita a la diócesis local. No evité tampoco a un paisano  iletrado y rudo afecto a la zoofilia. Luchaba con mis dos opuestas aristas: por un lado, bucear en las profundidades del alma, a través de meditaciones que me había enseñado un yogui en Francia; ya sabes, ese tipo de lecturas en busca de mi elevación espiritual, y por el otro, la maldita lujuria, el infierno de la carne que no me daba tregua.  

“En fin, que luego de semejante periplo, hacía dos años que había vuelto al país. Desde entonces, vivía en un departamento  frente al KDT desde dónde podía contemplar el río. “El agua tiene la virtud de aligerar los pensamientos”. -acoto. Que luego de la trágica muerte de su padre- en esos momentos vi por el rabillo de uno de mis ojos que el rostro de Beatriz se contraía- llevaba casi 15 años viviendo sola

Cuando hiciera mención a su vida sentimental, me confesó que la misma era muy inestable.

Por último, hizo alusión a su situación económica, alegando que tenía un buen pasar, gracias a la renta de alquiler de unos departamentos que heredase de su padre y de un campo en Castelli, dedicado al cultivo de granos gruesos.

Quise saber algo respecto a ese Argentino que solía venir a buscarla. Otra vez me pareció ver en su rostro cierta perturbación.

“-   ¡Ah! Carlos Argentino es mi primo hermano. Una historia muy particular. Pero no es el momento para detalles.

“-Entiendo- dije sin mucha convicción.

Casi enseguida nos llamamos a silencio. El perfume de ella- francés y de los más valiosos- había comenzado a impregnar el habitáculo; su irresistible fragancia penetraba por mis fosas nasales  con la fuerza de un brebaje etílico de alta gradación.

Pronto llegamos a su departamento. Me invitó a subir y yo no me hice rogar. Piso siete, número siete.

Amplia estancia, con una gran alfombra persa- tonalidades  azules y doradas en medio de sus arabescos diseños-  debajo de una larga mesa de caoba. Moquete impecable; un ventanal biselado que daba a un balcón terraza, y a lo lejos, la marrón geografía del Río de Solís.

“- Por favor, espero que me acompañes con una copa y un café. Necesito hacerte algunas preguntas..., y tal vez te cuente algo que pueda interesarte. Te pido unos minutos para quitarme esta ropa mojada. Pero antes quiero hacerte una pregunta. ¿Conoces a Jorge Luis Borges?

“- ¡Cómo no lo voy a conocer a Borges! Es toda una institución en las letras... Me lo presentaron en Sur, la revista. También a Victoria Ocampo, Mallea, Bioy Casares, toda esa gente... ¿A qué viene lo de Borges?

Recuerdo que me causaba gracia y regocijo su españolizada manera de expresarse. Nunca le pregunté los motivos de tan peculiar arista de su personalidad.

“- Ése es el eje de la charla. Borges y el aleph.

“Cada vez más sorprendido, le pregunté si tenía una relación con un planteo de carácter metafísico del cuál hablaba la Cábala judía.

“- Exactamente. Es respecto a En Soph, la ilimitada y pura divinidad; el símbolo de los números transfinitos. La respuesta a tus disquisiciones de la charla...

“- Sí, pero eso del aleph es pura especulación- dije sin imaginar aún la relación con Borges.

“- Tarski, Banach  y Cantor no creo que hablen de reglas de tres compuesta...

“Tuve que admitir mi error.

“- Ernesto: eres la única persona con la cuál puedo hablar estas  cosas- en esos momentos extrajo del pequeño escritorio, la copia a máquina de un escrito- Mientras me ducho y me cambio, te pido por favor que leas esto. Se trata de un cuento inédito de Borges: el aleph. Aunque te sorprendas, Carlos Argentino y yo somos los protagonistas. Por favor...¡Ah! Haz de cuenta que estás en tu casa. De verdad Ernesto. Ahí tienes el bar; puedes hacerte un café si quieres. Por favor, léelo. Prometo explicar todo. Colegirás conmigo que estás frente a un raro privilegio; no todos los días uno puede acceder a un texto inédito de un escritor como Borges.

“- Cierto- asentí. 

Cuándo me quedé solo, comenzaron las especulaciones de rigor: ¿qué hacía allí? ¿Qué me había llevado a seguir los pasos de esa extraña mujer casi como un autómata? ¿Acaso estaba impelido por la idea de una aventura sentimental con una mujer extravagante? ¿O intuía la posibilidad de participar de un secreto tenebroso? Preguntas momentáneamente sin respuesta.

Leí el cuento. Sin duda, se trataba de un escrito de Borges. Pese a las ironías y a su  humor ácido- bien borgeano por cierto- el relato era Inquietante y perturbador. Efectivamente, Beatriz Viterbo asumía un papel protagónico junto con el detestable de Carlos Argentino.

Cuando volvió no era la misma Beatriz que conocía: bata azul ceñida al cuerpo- después de todo las formas anatómicas no eran nada despreciables-; camisola blanca de generoso escote con finos canutillos y un pañuelo de seda haciendo juego sobre la cabeza, con dos armonioso plisados cayendo sobre uno de los flancos de su rostro; al fin, la callada y modosita asumía posturas un tanto provocativas.

"No esperé su pregunta a propósito del cuento.

“- Me he sentido fascinado con el cuento. ¿Cuál es tu relación con Borges? ¿Acaso lo que él deja traslucir en el relato? Por otra parte...,¿ por qué no lo ha publicado aún? ¿O se trata de un trabajo reciente?

“- ¡Oh, querido Ernesto! ¡Muchas preguntas de golpe! Es largo de contar. Efectivamente, yo tuve una relación amorosa con Borges. Claro que no como lo cuenta en ese escrito. Con respecto al trabajo literario, calculo que Borges lo debe haber hecho hace unos diez años.

“-¿Tanto? ¿Y por qué...?

“-¿No lo ha publicado...? He ahí parte del misterio.

Le pedí que me hablara de ella y de su relación con Borges. Había recordado de pronto, que el propio Borges se había incorporado como protagonista del relato de marras.

“-Durante casi quince años traté de ocultarme de mi misma; por eso abandoné la Argentina. Querría enterrar en mi propia mente, un pasado doloroso y obsesivo cuyo epicentro se gestara en la casona de la calle Garay. Espera. Te pido por favor que no me interrumpas.  Carlos Argentino es un primo hermano con el cuál me crié durante la niñez y la adolescencia. De alguna manera mi padre lo adoptó porque había quedado huérfano. El apellido Daneri es falso. La realidad es que Carlos Argentino pertenece a una muy conocida  familia cuyo nombre he hecho juramento de ocultar eternamente. Por eso la historia está distorsionada; cuándo Borges la relata cargando las tintas en este cuento que tituló El Aleph,  menciona el apellido Daneri aunque creo que  nunca supo la verdad respecto al pasado de mi primo. Lo que jamás le voy a perdonar a Jorge Luis, son las mentiras que cuenta en ese relato. Claro que se trata de un cuento y yo sé que la ficción no puede ni debe tener ataduras. El tema es que me involucra en forma directa y yo no voy a tolerar falsedades. ¿Quieres conocerlas? Toma nota: Uno: hace mención a mi muerte en 1929. Obviamente, falso.  Dos : Él sabe que yo me marché a Europa y luego sabe también de esa especie de retiro espiritual en medio de la llanura bonaerense. Nada de esto forma parte del relato.   Puntualiza de manera enfática que la casona de la calle Garay dónde vivíamos, fue demolida en Septiembre de 1933. Falso también.  Tres : esos tales Zunino, Zungri y Zunni, son nombres de fantasía del imaginario de Jorge Luis. A su vez,  alude a la casona haciendo aparecer a mi primo como legítimo propietario. Pero hay más respecto a las falsedades del relato.  Durante el mismo, Borges  sugiere que yo le interesaba como mujer sin dar mayores precisiones. No es del todo falso pero tampoco concuerda con la objetividad de los hechos.. No te olvides de un detalle del cuento. Aquí está marcado. Si me permites...: ...en el piano inútil sonreía el retrato anacrónico de Beatriz, en torpes colores. En aquel momento no podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:- Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz para siempre, soy yo, soy Borges. Yo creo que cuándo él decide participar en forma directa en el relato, lo hace con un sentido catártico. El aleph lo descubrió Carlos Argentino por casualidad en una de sus incursiones al sótano de la casona -aunque, como tú bien sabes, la casualidad no existe-. Y esto se dio así, pese a que mi padre nos había prohibido la visita a ese lugar; parece ser que el asunto del famoso baúl al que hace referencia Borges tenía un valor sagrado para la familia, y mi padre no quería siquiera que nos acercáramos al maldito arcón.

“ Beatriz Viterbo se quedó durante unos segundos con la mirada fija y distante; el repentino brillo de sus ojos me hizo pensar que aún no había renunciado a las emociones. 

“-Pasaron más de 15 años y aún no he podido enterrar aquí a mi padre. Todavía le debo las lágrimas de rutina. Otra maldita muerte misteriosa.  A propósito...:sabías que  Borges estuvo en el velatorio? El vió junto con el resto de los asistentes, una estrella de cinco puntas cincelada en la frente de mi padre. ¿Te sorprende? ¡Imagínate a nosotros...! Un hecho ominoso, Ernesto, que siempre atribuí a la maléfica influencia del aleph. ¿A qué sino? ¿A quién culpar? Mi padre no tenía enemigos. De haber sido así.¿qué sentido tendría semejante agresión? Además, mi padre no era judío. Ni siquiera tangencialmente como Borges ¿ qué...?Discúlpame. No te escuché. Por favor, olvídate de que te pedí que no me interrumpieras.

"Vi que Beatriz Viterbo tenía los músculos faciales repentinamente tensos y endurecidos.

“-Se me hace difícil no meter una cuña verbal.  No... decía que a veces conviene cuidarse de las verdades aparentes de los cuerdos, y que debiéramos prestar más atención a los discursos de los locos.

"-El caso es que aún no te lo he dicho todo...; no  sé, Ernesto;. yo creo que el aleph no se reduce a la pintura metafísica con referencias a la Cábala que hace Borges. Es mucho más que eso. Él guardó muchas de las cosas que esconde realmente el aleph. O en todo caso se guardó de comentarlas. No sé si esto puede estar relacionado con su renuencia a publicar ese cuento. Te quiero aclarar que hace muchos años que no nos vemos. A propósito, ¿cómo te relacionaste  con él ...?

“- Cuándo todavía yo era un muchacho, versos suyos me ayudaron a descubrir melancólicas bellezas de Buenos Aires, en viejas calles de barrio, rejas y aljibes de antiguos patios. Más tarde, cuándo lo conocí personalmente en Sur, supimos conversar sobre Platón o Heráclito de Efeso, con el pretexto de vicisitudes porteñas.

 Volvamos a lo que no contó Borges, y a mi real vinculación con el famoso aleph de la historia. Antes que Jorge Luis ingresara en mi vida, en el sótano de la casona  y en medio de una turbulenta luz cegadora, Carlos Argentino me hizo mujer; ya sabes, hablo de mi primera relación  sexual. Ambos teníamos 18 años. Fue una simbiosis, una experiencia de terror y éxtasis que nunca más nos atrevimos a vivir junto a El Aleph. . Sí, recuerdo que a partir de eso Carlos Argentino acentuó su locura y yo ya no fui la mujer que suponía  predestinada a ser. En esa etapa, fue cuando Borges cae como un paracaidista en nuestra casa. Él estaba enamorado de mí. Profundamente. Pero lo suyo no pasaba de un amor platónico, insustancial en la carne, apático de fuego. Sin embargo, yo estaba instalada en algún recóndito lugar de  su cerebro como parte de un botín personal. Recordarás la parte en la cuál Borges, contemplando el aleph,  puntualiza como un hecho trascendente, el descubrimiento de  unas cartas obscenas que yo le había dirigido a mi primo. Recuerdo ese pasaje de memoria: Vi en un cajón del escritorio  y la letra me hizo temblar, cartas obscenas, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino. Pues bien,  lo de las cartas es verdad. Entre Carlos Argentino y yo se había forjado una relación incestuosa y sobrenatural. Durante muchos años yo me sentí poseída por una fuerza demoníaca cuyas cuñas más visibles eran una entrega absoluta a la lujuria y el desenfreno. Y te aclaro Ernesto; te aclaro y te lo firmo: cuando Borges descubrió esas cartas tan comprometedoras para mí, él ya no fue el mismo; nunca más. Antes de ese ingrato episodio, Jorge Luis tenía una ternura tan especial hacia mí... Luego se endureció, claro que con ese barniz tan típico de Borges: cortesía formal, lejos de los dictados del corazón. Esto es todo. Ahora estoy dispuesta a atender tus preguntas al respecto. Infiero por lo que trasunta tu rostro, que no han de ser pocas...

La larga parrafada de Beatriz Viterbo parecía un relato extraído de Las mil y unas noches.

“- Estoy anonadado,  golpeado como en contadas ocasiones de mi vida. Algo en mi formación académica se rebela contra la esencia de tu hermoso y profundo relato. Debo confesarte que yo limito el aleph- amén de su probable existencia dentro de nuestros  sofismas matemáticos- sólo a disquisiciones filosóficas y literarias atribuidas a la genialidad de Borges. ¡Y que por si todo esto fuere poco, Beatriz Viterbo, alma mater del relato, está hablando conmigo...!  Demasiadas preguntas, Beatriz. Demasiadas preguntas...

“- ¡Hazlas, hombre! ¡Hazlas!

“- En primer lugar, debo confesarte que me cuesta creer esa aparición del aleph...

"Beatriz Viterbo se rió con todo su cuerpo.

“- ¡Nunca voy a entender a los hombres de ciencia! Se lo pasan inventariando teorías absurdas y delirantes- muchas de ellas, por supuesto, afianzadas en sólidos basamentos científicos-; de pronto, cuándo encuentran la respuesta a sus oráculos... se produce la paradoja de ser ellos mismos los que dudan de la misma. Yo siempre me planteo lo siguiente: ¿existe acaso algo más misterioso que la vida misma? No. Sin embargo, son pocos los  que indagan sobre este fenómeno, eje y esencia de la raza humana. ¿Cuántas personas crees que pueden preguntarse porque las células de las rosas siempre producirán rosas y no gatos, por ejemplo?  Todo lo demás forma parte del imaginario colectivo o de la propia naturaleza de las cosas, de la que el aleph forma parte. Sí, Ernesto, el aleph existe. Es tan real como la vía láctea.

“- Bien, admitamos la existencia del aleph. Pregunto: ¿Cómo algo tan trascendente aparece de pronto en un lugar...

“- ¿Común como el de mi casa? Yo también me hice la pregunta durante largo tiempo. Descubrí la verdad estando en París. Cuando cursé francés en la década del 20, solía  preguntarme el objeto del mismo ,más allá de que el conocimiento de dicha lengua me permitiría leer a Voltaire y Flaubert en su versión original. Pues ya ves, nada es casual. Gracias a eso, pude contactarme con personajes como Gurdiejj, Bretón, Guénon  y tantos otros.

“-¿Te contactaste en París con los surrealistas?

“- Sí... Yo era la rica de las pampas que siempre los ayudaba con algún dinerillo; de alguna manera me lo agradecían permitiéndome participar con ellos en charlas individuales y colectivas. ¿Por qué me lo preguntas?

“- ¡Oh! Por nada especial. Te sigo escuchando...

 “-Los surrealistas me introdujeron en el mundo de lo fantástico y sobrenatural. Una nueva forma de hacer arte y de pensar.Pronto me di cuenta que conviven con nosotros entes visibles e invisibles que se sirven del bien o del mal, según entendemos estos términos desde un punto de vista humano. Ya sabemos que es muy difícil discernir que es el bien y que es el mal. Entonces comprendí que gran parte de nuestros actos, la vida misma, se desarrolla en un entorno lleno de tinieblas entre  extraños y misteriosos moradores; que sólo tenía que bucear en la realidad misma para descubrir que el mundo que nos rodea no es literalmente lo que creemos ver. ¡Dios! Necesitaba un consuelo respecto al absurdo del mundo y a la vida absurda.

“- Esa frase podría asumirla como propia...

"-¿Qué té pasa, Ernesto?

 "- Nada, nada... Es que de pronto los recuerdos dolorosos se te meten aquí... y aquí también y es como sentir la presencia de aquel otro que alguna vez fuera parte de uno. Ya hice demasiado catarsis.  Hoy estoy para escuchar.

“Beatriz, después de cerrar los ojos, dejó de hablar durante unos segundos.

“- ¿Té pasa algo?

“- No, Ernesto; recibí un pensamiento. Dice así: si Dios supera a toda realidad, encontraremos a Dios cuando conozcamos toda la realidad. Y si el hombre tiene facultades que le permitan comprender todo el Universo, Dios es tal vez todo el Universo y algo más.

“- Bello, ¿de quién es?

“- Louis Pauwels.

“- Conozco al francés. Me lo presentó en París Jacques Bergier.¿De qué libro es?

“- De ninguno. Aún no ha sido escrito. Por ahora sólo está en su mente. ¡Qué cara, Ernesto; qué cara! Me da la impresión de que crees que te habla el diablo.

 ¿Tú crees en Dios, Ernesto?

“- Me remito a Theilard de Chardin. Creo en la existencia de una supra conciencia cósmica ajena al Dios que nos han tratado de imponer las distintas religiones..

“- ¡Sabía que podía contar contigo!     

“-¿Qué hay respecto a la casona de la calle Garay?

“El extraño relato de Borges se me había colado en el cerebro. La historia sentimental que presuntamente la ligaba al escritor me sonaba creíble. Borges existía y Beatriz Viterbo también. ¿Por qué no pensar que Borges había inventado el aleph sólo para poder evacuar un sentimiento de amor que lo descontrolaba? ¿Acaso se trataba de la catarsis mencionada por Beatriz Viterbo? De ser así, la historia de amor podría ser posible.  Pero lo del Aleph- aún con sus connotaciones de remotísima posibilidad científica-, no;  lo creía fruto de la inventiva de Borges y de algún tipo de alineación mental de Beatriz Viterbo.

En esos momentos, aún pensaba que ella era una loca moderada, pero loca al fin.

 Cuando vi que la mirada de Beatriz se había quedado extraviada, volví a repetirle la pregunta.

“¿Qué hay? ¡Una novela, Ernesto! ¡Una novela! Cierto es que mi padre tuvo intención de venderla. Me  refiero a la casona. En parte por el asunto del aleph, y en parte porque nunca había podido desprenderse del recuerdo de la muerte de mi madre. Un siete de julio   a las siete de la mañana. “- ¿Y nunca volviste a la casona? Desde mi regreso, he tenido la obsesión  de hacer una visita. Pero sola no me atrevo. Con Carlos Argentino, menos. Temo que eso ensanche su locura. Sabes...yo había pensado...

“Que yo podía acompañarte...

“-¡Sí, Ernesto!¡Sí! ¡Sería maravilloso...!

“Me sorprendí de haberle abierto la puerta. Beatriz había comenzado a girar como una peonza en medio de pequeños gritos de alegría.

“-¿Cuándo quieres ir? ¿Ahora... ?Es una locura, Beatriz; una locura. “-¿Sabés si está desocupada?¿ Si vive alguien?

“- Tengo el número de teléfono de una vecina; anciana ahora, con la cuál nos tratábamos entonces. La llamé hace unos meses atrás y me dijo que cada tanto ve salir y entrar a una persona; con bastidores y telas y todo eso...

“-¿Un pintor?

“Me repetí la pregunta a mí mismo. Tuve la sensación de que alguien pasaba una gruesa lija a lo largo de mi columna vertebral. Beatriz leía sin duda los pensamientos.

“-¿Qué té pasa, Ernesto?

“- Nada, nada. Un leve mareo. Este whisky sin duda.

“No quise comentarle a Beatriz que tenía terminada mi segunda  novela( de la primera más valía olvidarse) en la que el  protagonista  era un pintor ¿Casualidad causal que le dicen? De pronto me oí decir:

“- ¿Querés ir entonces?- antes que terminara la frase, Beatriz corrió a cambiarse-. ¡Te repito que es una locura! ¡Pero sólo la veremos por fuera! ¿Me escuchás? ¡Sólo por fuera!

Cuándo salimos a la calle, las primeras sombras de la incipiente noche, se recostaban sobre el fondo de la calle. Llovía. El viento correteaba por la acera levantando papeles y alguna hojarasca desprendida de las ramas de los árboles. Debimos tomar un camino alternativo porque las adyacencias a la Plaza de Mayo se encontraban cerradas con motivo de una manifestación de apoyo al General Perón.

Paseo Colón hacia el Sur...

Pronto llegamos a Juan de Garay. Cerca de la intersección con Entre Ríos, ella me señala una casona: paredes grises, mayólicas doradas y una gran verja de hierro, circundando un cuidado jardín. Neoclásico francés, pensé.

En silencio, bajamos del auto. La gran puerta de hierro estaba abierta. En una de las ventanas situada a la izquierda de dónde nos encontrábamos, vimos una luz encendida. Nos miramos. El silencio parecía haber puesto una morsa en nuestras bocas.

De pronto sentí que la mirada de Beatriz me empujaba.

Avance por un corredor abierto, hacia un pórtico. Una enorme puerta de madera se erigía  ante nosotros. La cabeza de un  animal indescifrable remataba el llamador de bronce.

Otra vez la mirada de ella pareció mover mi mano. Una acuciante sensación de ambiguo temor había comenzado a apoderarse de mi cuerpo.

 Nadie contestó nuestro llamado. Sin atreverme a mirar a Beatriz, volví a accionar el llamador. Nada. Silencio absoluto. La gruesa cortina de la ventana impedía que mi mirada pudiera penetrar en su interior. Pensé que era prudente retirarnos.

Acosado por un temor creciente, me dije que estaba haciendo un papel ridículo. ¿Cómo me había dejado arrastrar a semejante locura, producto de la loca cabeza de una loca?

Recuerdo casi con exactitud  microscópica, que al girar con la intención de marcharme, la sombra de Beatriz que pasa a mi lado como una exhalación. Antes de soltar el que haces Beatriz, ella acciona el picaporte y de pronto veo también que la gran puerta de madera recula en medio del sonido de resecos goznes.

 Nunca me destaqué por ser demasiado arrojado. Tampoco por cobarde. De todos modos, la mirada de ella me llegó desde el fondo de una tenue penumbra. Me vi con Beatriz en un espacioso porche de mármol blanco( Miguel Ángel me vino a la memoria; y la imagen de La pietá y el David que sólo le faltaba moverse).

Sobre un desnivel, detrás de una armoniosa arcada de mármol verde, se abría una espaciosa sala. A nuestra derecha, se extendía un largo pasillo casi a oscuras; al final del mismo, una puerta de madera entreabierta por dónde se filtraba una tenue luz amarilla. Todo el mobiliario- un juego de sillones, una mesa de comedor con seis sillas de madera estilo Luis XV y un bayú- se hallaba cubierto por una gruesa tela de color gris. Escuché que Beatriz balbucía que se trataban de sus viejos y queridos muebles( muebles supuestamente regalados por su padre antes de morir). No puede ser, no puede ser, repetía en busca de su propio oráculo.

“-¿Hay alguien aquí? ¡Yo soy Beatriz Viterbo, la antigua moradora!

La voz de Beatriz hizo más ostensible la locura de nuestra actitud. Habíamos penetrado en una casa ajena y sin ser invitados. Una casa que pronto Borges tal vez inmortalizaría por medio de su fantástico relato.

Creo que fue en esos instantes cuando descubrí sobre el flanco izquierdo de la sala, el atril con el bastidor. Se hallaba a un costado de  un gran hogar que tenía unos leños encendidos.

Por obra de un acto reflejo, mientras Beatriz continuaba llamando a viva voz, me acerqué a la tela. Observando la imagen pintada sentí un profundo estremecimiento. Al acercarme al bastidor, tropecé con el atril; una tarjeta se desprendió de la tela. La acerqué a mis ojos movida por una inocultable curiosidad pero la escasa luz me impedía ver un nombre escrito en imprenta. Entonces, sin saber porque, la guardé en uno de los bolsillos de mi abrigo.

En esos momentos, Beatriz, como poseída, me empujó hacia  la entrada a un largo corredor. Le señalé la tela y mi intención de observarla pero ella, tomándome de un brazo de manera perentoria, seguía empujándome hacia el pasillo. 

No podía evitar pensar que alguien podría dispararnos desde las sombras. Lo tendríamos merecido (no se podía penetrar en una vivienda de la manera que lo habíamos hecho) O tal vez ese otro alguien estaría llamando a la policía. Interrogantes con los cuáles el  miedo se hacía presente, ya instalado de manera soberana sobre mi psiquis.

Me di vuelta una vez más para observar el lienzo. En el centro del inmenso hogar,   grandes trozos de quebracho crepitaban; las brasas formaban multitud de estrellas rojas y blancas que estallaban en el aire.

Sin duda había gente viviendo en la casona. Cabía pensar que el morador( o los moradores) hubiera salido momentáneamente en busca de vituallas: yerba, azúcar, cigarrillos, y que en el apuro- rumié- ni siquiera le habían pasado llave a la puerta.

“-Vamos hasta el sótano. Quiero mostrarte el lugar donde estaba el aleph.

La voz de Beatriz Viterbo parecía surgir desde el fondo de un recipiente.

Sudaba( y no precisamente por la acción de los leños). Desde la raíz de su frente- en forma de minúscula catarata- gotas de diferentes formas y tamaños, se deslizaban en caída: a través de las cejas, corriendo por la meseta nasal, por los occipicios frontales; incluso un cordón de agua que buscaba los pliegues de las orejas.

Como si estuviera sacudida por un invisible terremoto, todo su cuerpo temblaba de manera visible.

“- Hay una luz prendida- me dijo señalando el largo pasillo-. Tal vez esté el pintor - acotó con un ronquido.

Seguí sus pasos. Creo que ya expliqué que emanaba algo en la impostación de su voz  y que un brillo extraño traslucía en su inquietante mirada.

La puerta estaba entreabierta. A escaso metro de la misma, Beatriz Viterbo me miró de manera insondable. Creo que en aquellos momentos, el terror comenzaba a cincelar retorcidos dibujos sobre su cara.

“-¿Escuchas lo que yo... ?- me dijo desde el fondo de su abismo.

“- Un zumbido. Un ventilador o algo así... ?

"Beatriz no contestó. Como empujada por un  arcano sino, había pasado del otro lado de la puerta; en esos instantes, al darse vuelta, vi que su mirada ya mostraba signos de alucinación.

Estiró un brazo, al tiempo que señalaba escaleras abajo. Y entonces sí lo vi. Vi la imagen que no podré olvidar mientras viva. De frente a nosotros, un hombre encorvado, sentado en un taburete, absorto, contemplando un haz de luz blanquísimo que brillaba casi a la altura del rellano de la escalera. Parecía normal pero no lo era; la luz reverberaba entre los contornos físicos del hombre.

“- ¡Es Jorge Luis! ¡Es Jorge Luis!- comenzó a gritar en sordina Beatriz Viterbo. ¡Es Borges, Ernesto! ¡Te dije que quería el aleph para él!

“-¿Pero estás segura?- acoté, aguzando mi vista, aunque consciente que en el sótano se encontraba el inefable Borges.

Pero entonces, ¿el aleph existía? ¿Qué hacía sino el mismísimo Borges sentado frente a aquella fulgurante esfera tan bien descrita en su memorable e inédito relato?

De pronto me sentí mal. Una inasible piedra parecía ascender y descender descontroladamente entre mi esófago y la raíz de mi garganta.

Sentí deseos de marcharme. Se lo dije a Beatriz.

“-¡Yo no me marcho!- su voz se había desprendido de la sordina y retumbó entre la mampostería.

En medio del caos de mi mente traté de pensar. ¿Qué le diría a Borges cuándo se diera vuelta sorprendido por el agudo grito? Pero Borges no se dio vuelta.

Inmutable a nuestra presencia, permanecía rígido frente al temible haz de luz.

Beatriz Viterbo comenzó a llamarlo( creo que fue en esos momentos que me pregunté si Borges y Beatriz Viterbo habrían hecho el amor alguna vez. Mecanismos de defensa de la mente: pensar cosas absurdas o superficiales cuándo la presión psíquica se torna insostenible).

Borges continuaba impertérrito. De pronto, Beatriz Viterbo lanzó un sentido y largo ¡¡Boooorrrgeeeeess!!, en una vibración decibélica, una octava por encima del registro agudo de su voz.

Al ver que la humanidad de Borges no daba señales de atender sus reclamos, Beatriz comenzó a bajar por la escalera. Y entonces ocurrió lo inesperado y sorprendente: cuándo Beatriz Viterbo puso sus manos sobre los hombros de Borges, vi que aquellas se introducían en el cuerpo del consagrado escritor. ¡Las manos de Beatriz se habían hundido en el cuerpo de Borges!

El personaje de el aleph retrocedió espantada. En esos instantes, se oyó

un siseo agudo- como si decenas de cobras acecharan nuestros pasos -, y el rayo de luz condensado de el aleph se apagó abruptamente.

 Me di cuenta que estaba sólo, parado en el decimonono escalón de la escalera.

 El morador de la casa no había vuelto aún y Beatriz Viterbo no daba señales de vida desde el fondo del sótano.

 

 

"He perdido noción respecto al tiempo transcurrido desde nuestra llegada a la extraña casona. Pienso que Beatriz estará en medio de la imagen holográfica de Borges, sumida en la penumbra. La llamo. El sonido de mi voz rebota en los  intersticios de las paredes y parece filtrarse como un silbido entre los marcos de las puertas. No escucho su respuesta. Vuelvo a llamarla y otra vez el silencio  abre espacios insondables en mi mente.

Casi sin pensar en lo que hago, me dejo llevar por mi cuerpo hacia las oscuras aristas del maldito sótano.

"- ¡Beatriz! ¡Beatriz Viterbo!- grito como un poseído.

Al llegar al misterioso recinto, contengo la respiración: ¡La imagen inasible de Borges ha desaparecido! A escasos metros de donde me encuentro, debajo del recodo de la escalera, veo a Beatriz tirada sobre el piso húmedo.Tiene una de sus manos sobre la cerradura del arcón prohibido al que hiciera alusión el relato de Borges.

Vuelvo a llamarla. Beatriz, Beatriz Viterbo, soy yo, Ernesto. Ernesto Sábato.

Cada palabra parece sonar como un cristal que se hace añicos contra el piso. La zamarreo. Cuando mis manos la toman de los hombros siento que su cuerpo se ha vuelto inasible y fantasmal, como el  Borges contemplando el aleph.

Confundido, contemplo el bastidor del supuesto pintor. La tela está pintada( las formas de la expresión artística apenas son visibles por efecto de la penumbra).

De pronto me veo empujado en dirección al bastidor. Avanzo atropelladamente  Dos tonos predominan en la pintura: el azul y el marrón.

Sobre el flanco derecho de la tela, un niño de pantalón corto; 10 ó 12 años, calculo. A la izquierda del bastidor y casi en forma perpendicular a él, otro niño que sostiene algo entre sus manos. Fuerzo la mirada. Se trata de un gorrión- inconfundible el tono marrón con algunos trozos negros a lo largo de su cabeza -; me parece ver una mirada perversa en el niño que sostiene al gorrión. El otro está de espaldas(sólo el supuesto pintor  sabe que tipo de mirada palpita en ese otro niño que ha creado).

Acompaño a este niño. De alguna manera, siento que está vivo. Lo percibo. Oigo el fino sonido del roce sobre la piel que hacen sus desnudos brazos al moverse hacia delante. Hace calor. La pintura ha dejado de ser pintura y por un extraño sortilegio, yo siento que he penetrado en esa realidad sensitiva, perversa y ominosa.

Los niños tienen el torso desnudo y están descalzos.

La calle de tierra es ancha y el viento forma  pequeños remolinos de polvo. A lo lejos se ven algunas casas aisladas.

Momentáneamente me he olvidado de Beatriz Viterbo. Estoy sólo en medio de la soledad de una siesta pueblerina. Es Rojas; es mi pueblo natal.

Animado por un propósito concreto, Dios- o nuestra representación de Dios-, me ha llevado a esa casona de la calle Garay. Fagocitado por un  sino incomprensible, siento que los fantasmas de mi niñez se abroquelan en mi cerebro. He retrocedido en el tiempo. 1921, tal vez 22.

Las voces de mi madre y mi padre parecen aferrarse entre los corpúsculos invisibles del viento. Pero también percibo las voces ancestrales consustanciadas con paisajes vivos de mi historia familiar,  remitidas a los peculiares aromas de las tierras de mis progenitores: Italia y El Líbano.

Por unos segundos penetro en la casa de mi infancia; el silencio  parece descolgarse de cada uno de los ladrillos. 

Mi habitación está delante de mis ojos; la cama tendida, la prolija disposición de cada objeto, las cálidas palabras de mi madre-doña Juana - y las palabras rígidas que emanan de la mirada de mi padre. Como siempre, trato de huir de esa mirada donde los afectos parecen jugar a las escondidas.

Vuelvo a la calle. A dos metros de distancia, me pregunto si mis amigos serán capaces de clavar la aguja en los ojos del pequeño gorrión.

Cierro los ojos. Imagino el momento que el fino estilete romperá la pared fibrosa del cuerpo ocular; la córnea comenzará a deshacerse en filamentos; luego los vasos coroides cederán trazando diminutos ríos de sangre que se esparcirán por el iris y el cristalino. La aguja ha llegado al corazón del nervio óptico; se abrirá paso al fin entre el humor acuoso y la sustancia gelatinosa del humor vítreo. Entonces, la oscuridad será total, y el pájaro, desprovisto de luz, se convertirá en un pájaro ciego.

 Los sentimientos se mezclan como si de pronto el tiempo  hubiera detenido su fluir, confundido como yo.

Parado en medio de la calle, detrás de mis amigos, ignoro las secuelas de la gran guerra; ignoro los últimos quejidos de millones de moribundos; también ignoro que incontables esqueletos, millares de cráneos destrozados por la metralla, se hallan esparcidos a lo largo de incontables trincheras en las cuáles la naturaleza ha tendido ahora un verde manto de olvido como prueba irrefutable de su supremacía( este niño- hombre, piensa ahora que la ignorancia suele ser el refugio preferido de la inocencia).

He vuelto 25 años después, y sin embargo, tengo la impresión de que aún no me he movido de ese lugar-como si pasado,  presente y  futuro fueren sólo una engañosa ilusión -, a la espera de asistir como testigo de un acto despiadado y perverso que desmitifica la inveterada bondad de los niños.

Sé que en cuestión de segundos, uno de mis amigos de la infancia( algo se ha desgarrado en mi tortuosa memoria que me impide recordar su nombre) va a atravesar con la aguja los ojos del gorrión. Mi corazón de niño tiembla de espanto pero en alguna zona oscura de mi cerebro, ciertos e infinitesimales resorte químicos fagocitarán las neuronas de la perversidad, pujando  imaginariamente  la mano de mi amigo para que la aguja penetre en el centro de cada uno de los ojos.

No me atrevo a dar un sólo paso pero quiero volver hacia atrás, salirme de la pintura para poder ver con claridad que es lo que hacen los niños con el pájaro cautivo.  Siento que debo hacerlo porque el miedo y la angustia del traumático recuerdo han comenzado a resecar mi boca.  No soporto más la incertidumbre. Me salgo del cuadro; vuelvo a la casona de Garay mientras pienso que Borges y Beatriz Viterbo continúan atrapados en el sótano por obra de el aleph.

Algo en mi interior me dice que tengo que huir, abandonar deprisa esa extraña casona; por momentos, también me digo que debo de estar en medio de una horrible pesadilla. Sin embargo, pese a que la puerta de calle aún permanece abierta, un sino inexplicable parece atornillarme en el tenebroso interior de la gran sala.

Como un poseído, me acerco otra vez a la pintura. 

El chico que está de espaldas jala sus brazos hacia delante. Ahora veo con ´mayor claridad  la aguja- alfiler, el largo y puntiagudo objeto de acero que pronto atravesará el otro ojo de la inocente bestezuela. Puedo presentir su silencioso grito.

El espanto me domina. Me digo que nada tiene sentido; que la vida es sólo una espantosa ironía, un perverso y lúdico ejercicio de Dios; que la puerca existencia humana no es más que un haz de luz infinitesimal en medio de las ominosas tinieblas condicionadas por la cuna y el ataúd. 

En esos momentos oigo una voz de mujer que me llama. Pienso que es Beatriz Viterbo reclamando mi presencia desde el sótano. Yo respondo pero ella no me oye. De alguna manera, el inasible Borges ha cerrado la puerta del sótano.   

Ahora lo comprendo todo. Borges ha sido engañado. Beatriz Viterbo y Carlos Argentino han sido engañados. Todos los espíritus mesiánicos también. El aleph no está en un punto definido del espacio tiempo. Ni siquiera en varios a la vez. El aleph es la vida. La vida es el aleph.                         

 

"-Ernesto, despierta. Hace rato que te estoy llamando.

"Abro los ojos. Es Matilde; la abnegada Matilde, la mujer que no creía merecer.

"El recuerdo de Beatriz Viterbo, de mi infancia en Rojas, de Borges y el aleph, aún está fresco en la memoria. El estropicio neuronal no puede disipar las tinieblas; sin embargo, respiro aliviado ante la idea de que no ha sido más que una extraña pesadilla.

"- Creo que tuve una pesadilla, Matilde.

"- Ni me lo digas. Desde que llegaste a la madrugada no he podido dormir...

"-¿La madrugada...?

"Matilde ríe, mientras trata de poner en mis temblorosas manos un regocijante café.

"-La borrachera, Ernesto, la borrachera. Tu ropa rezumaba alcohol.

"Siento que la confusión se instala nuevamente en mí.

"Creo ver en el rostro de Matilde un halo de preocupación.

Necesito recomponer mi propio rompecabezas. Por cierto, no recuerdo de manera precisa dónde había estado luego del curso de Teosofía. Como si fuere obra de un hecho absurdo, lo único coherente parte de mi incursión onírica. Por suerte, Beatriz continúa siendo la Beatriz Viterbo de los buenos días y hasta el sábado que viene. ¿Qué había hecho entonces desde el momento que me despidiera de mis compañeros de curso? Recordaba vagamente- sólo vagamente- que había estado toda la tarde con el editor de mi nueva novela, con el cuál- entre otras cosas-  habíamos acordado definir el título- ya había tomado la decisión de que fuera El Túnel y no otro- y hablar sobre las pruebas de galera; luego una invitación para cenar, con el fin de celebrar el inminente lanzamiento de mi nueva obra(lo único que tenía en claro era que por primera vez desde mi nueva vocación, creía que estaba en condiciones de hacerme un pequeño lugar en el mundo de las letras. Más allá de los resultados concretos que dejaba librado a la opinión de la crítica especializada y a la de los propios lectores, al menos tenía la íntima satisfacción de que a través de Juan Pablo Castel, su personaje medular, había podido expresar parte de las dudas existenciales que me atormentan cotidianamente).

"Mientras me ducho decido no transmitirle a Matilde mi angustia respecto a la incipiente amnesia. Amnesia atribuida a mi excesivo cansancio intelectual y -por qué no- a las tribulaciones del alcohol al cuál no era afecto.

"Le digo a Matilde que yo mismo iré a buscar el periódico del domingo, a fin de despejarme un poco. Solícita como siempre, me regaña amablemente, advirtiéndome que el frió es intenso y que no salga sin el abrigo. Así lo hago.

"Ya en la calle, no puedo evitar que las insidiosas imágenes del tortuoso sueño, se instalen nuevamente en mi cerebro. Me digo entonces que Freud sólo había dado la puntada inicial respecto a los intrincados laberintos psicológicos que subyacen en la naturaleza de los sueños, pero que aún estábamos muy lejos de desentrañar el arcano mecanismo de los mismos.

"Literalmente tomado por los pensamientos, no me doy cuenta que tengo el periódico en mis manos y que el canillita me mira con cierta indulgencia aguardando que le pague.

"- Se lo nota un poco cansado, Doctor...

"- Sí, cansado; un poco cansado. Cóbrese, por favor.

"En esos momentos, junto con el dinero, extraigo de mi bolsillo una tarjeta. La memoria me remite a uno de los avatares de la pesadilla; más precisamente, en el momento que guardaba en el abrigo la tarjeta caída del bastidor. La leo: Juan Pablo Castel.  Pintor.

 

 

 

 

 

José Manuel López Gómez.

 

Español, radicado en Mar del Plata(Argentina)

 

 

 

 

 

                                   “TOP SECRET”

                                       

 

" ...no sé como contarte esto Jane... pero creo que a Jonh le pasó algo. Temo lo peor... ¿Y cómo quieres que me sienta? ¡Hace días que no sé nada de él! Hice la denuncia policial pero hasta ahora ni el menor indicio. Ya sabes cómo es él... cuando sabía que se demoraría por asuntos de trabajo, me llamaba para evitarme una preocupación. ¿Qué...?No, no..., no se trata de asunto de polleras; bueno... al menos así lo creo. Tu hermano es un anglicano en todo el sentido de la palabra. Verás... pensé mucho antes de llamarte; en parte porque has debido movilizarte desde Harrisburg con todo lo que ello implica, y en parte también por el tenor extremadamente confidencial de lo que debo contarte. Pero antes vamos a hablar un poco de Jonh. Tú sabes que tu hermano desde chico mostraba una particular predisposición de carácter psíquico, ese tipo de cosas extrañas de la mente. Sí, sí..., por supuesto que me enteré de las travesuras que llevaban a cabo de chicos... ese don que siempre tuvo para mover los objetos a distancia... Telekinesis..., exacto, Jane. Pero esto no es lo más importante de tu hermano. Verás... el día que nació Elizabeth ocurrió un hecho extraordinario : mi médico de cabecera me había anticipado unos días antes del parto, que no podría atenderme; que tenía que disculparlo porque justo cuadraba con el inicio de un congreso de ginecología muy importante para él; creo que presentaba una tesis o algo así. El caso, Jane, es que esto me puso extremadamente nerviosa; ya sabes cuán estúpida somos las mujeres en ese aspecto; sabemos incluso que en el mundo millones de mujeres paren solas, pero... una pretende que su médico esté a la hora en la cuál traemos los hijos al mundo. En mi caso más aún por mi condición de primeriza. Espera..., no te inquietes. Debo terminar de contarte esto para que puedas comprender el resto. Pues bien..., fue tal el miedo y la angustia que empecé a sentir, que Jonh se alarmó. Entonces, en un momento - lo recuerdo perfectamente porque estábamos sentados a esta mesa aquí en la cocina- me tomó de las manos y me dijo que me quedara tranquila; que el Doctor Fitgerald-... es el nombre de mi médico- me atendería en el parto. Recuerdo que lo miré con los ojos llorosos sin entender nada. Pero de pronto... -mira, cada vez que lo recuerdo se me eriza la piel- sentí que algo penetraba en mi mente y en todo mi cuerpo; una increíble sensación de seguridad. Con esa mirada sé lo que estás pensando: efectivamente, el doctor Fitgerald me atendió en el parto. Todo el tiempo vi su mirada como extraviada pero las cosas funcionaron de maravilla. ¿Qué había pasado? Que Jonh, en estado de trance, tomó literalmente el pensamiento, la voluntad del médico, y éste no pudo hacer nada para evitarlo. Sí Janet, sí... Pon otra cara. Jonh es capaz de manejar la voluntad de las personas. Parece una locura pero no lo es. Desde que comenzaron a pasar estas cosas, he debido replantearme mis propias ideas frente a los fenómenos de la inteligencia y el funcionamiento del cerebro. Mucha tecnología, grandes logros científicos pero en el campo del psiquismo, todavía consideramos tipos raros y rarezas ciertas manifestaciones espirituales. Tu hermano posee esos poderes paranormales. ¿Hipnotismo? No, no; no fue hipnotismo. Tomó una foto del médico que tenemos aquí en casa - te aclaro: Fitgerald es amigo nuestro; yo soy muy amiga de su esposa- y... que nada, que se produjo ese hecho casi increíble, tal como acabo de contártelo. No Janet, yo no sabía nada respecto a esa particularidad de Jonh. Después él me confesó que esos poderes se le habían manifestado mucho tiempo atrás; que nunca quiso decirme nada para no alarmarme. Que él mismo estaba muy asustado y que no sabía que hacer al respecto. Este fue el comienzo del drama; por eso te mandé llamar. Pero lo que falta por contarte te va a asombrar mucho más. Bien... como tú sabes, lo del médico ocurrió... sí... casi 3 años atrás; la nena cumple 3 añitos el mes que viene. Nos habíamos olvidado del episodio. Yo respetaba el pedido de Jhon: no quiero que hablemos de ese tema nunca más, me dijo en cierta ocasión. Así lo hice. Pero un día... creo que fue poco antes de la fecha de acción de gracias del año pasado... sí, sí, ahora lo recuerdo bien; tres días antes participamos de la fiesta de casamiento de la hija de un matrimonio muy amigo. Verás... En medio de la reunión ocurrió un hecho terrible : la pequeña hija de este matrimonio- una encantadora rubiecita de sólo 4 años- no se sabe cómo, pero en un descuido, cayó desde uno de los balcones interiores de la casa y quedó tendida sobre el piso de mármol de la sala de recepción. Te imaginarás el revuelo... La madre se desmayó y el padre comenzó a correr de un lado a otro pidiendo auxilio. No sé quien, pero alguien llamó a urgencias médicas. Entre los invitados había dos médicos : un pediatra- casualmente el médico de cabecera de la nena- y un clínico. Recuerdo que estaban en la barbacoa, así que cuando llegaron a la sala, debieron abrirse paso para prestarle los primeros auxilios a la nena. ¿Jonh... ? Al principio, aturdida mentalmente, no me di cuenta que pasaba con él. Cuándo reaccioné, lo vi de pie frente al cuerpo de la criatura, con los ojos cerrados... sí, sí, supongo que en estado de trance. Lo cierto fue que cuándo los médicos, después de palpar a la nena- el clínico había ido hasta su auto para buscar su maletín- y auscultarla, el drama... Primero se miraron entre ellos haciendo nones con la cabeza; luego volvieron a palparla, y yo, que estaba al lado, escuché que el pediatra le decía no hay nada que hacer; se desnucó. No, Janet, no; no te pongas mal. La nena se salvó a Dios gracias. Jonh lo hizo. ¡Por favor cállense todos!, gritó como poseído. Se hizo un silencio de templo; nadie se movía. Entonces él se acercó  a la nena, puso sus manos sobre su cabecita, y comenzó a murmurar unas palabras por lo bajo que yo no podía entender lo que decía. Luego se levantó y he aquí lo increíble : la criatura abrió los ojos y comenzó a llamar a los gritos a la madre. Así como te lo cuento, Janet... Los médicos se quedaron petrificados; durante unos segundos se miraron... - recuerdo que decían no puede ser; no puede ser; es imposible-. Después lo tomaron de un brazo a Jonh y durante un largo rato se encerraron en una de las habitaciones. Cuándo salieron... no sabes... vítores, gritos, aplausos, todo el mundo que lo palmeaba... ; los padres enloquecidos besándolo y abrazándolo...; en fin, un delirio, querida, un delirio.

 

 

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Margaret está sola en la casa. Ayer a la noche dejó a su hija al cuidado de su abuela paterna. Dos días atrás recibió un llamado de Jonh,  a 7 días de su desaparición misteriosa. El mensaje aún gira entre los intersticios de su mente: Estoy bien Margaret. Lamento todos estos días de silencio. Por mi trabajo, fue imposible llamarte antes. Tranquilízate. Todo va a salir bien. Tengo la promesa  de Ellos, que después de esto me dejarán tranquilo. He debido viajar muy lejos para cumplimentar la misión. No puedo darte más precisiones. Pronto estaremos juntos nuevamente. Cuida a la niña. Te amo.

Desde entonces, desde siempre, conjeturas. Todas.¿Qué había pasado con Jonh? ¿Quién o quienes lo habían arrebato de su lado? ¿Y con qué objetivo? Preguntas por la mañana; preguntas por la tarde; preguntas por la noche; incluso preguntas durante el escaso sueño- las dosis de Valium ya resultaban insuficientes para controlar tanta angustia y ansiedad-. En medio de tanta confusión sólo una cosa resultaba cierta : los responsables de esta situación estaban al tanto de los poderes psíquicos de su esposo.

Sabía que formaba parte de una sociedad donde millones de personas ejercían el metódico y pertinaz trabajo de vigilar al resto de los habitantes que conformaban la población estable de la gran potencia de Occidente. Mas aún: los vigiladores se vigilaban entre sí. Por imperio de un sistema perverso, todos se desconfiaban mutuamente: el FBI, la CIA, la DEA, la Agencia de Seguridad Nacional...; cada uno de los estamentos de informaciones del estado ejercía un contralor solapado y oculto, infiltrando  sus respectivos agentes en el corazón de las restantes organizaciones. Pero Margaret también sabía que cualquiera podía ser un espía: el dueño de la tienda, el cartero, el recolector de residuos; la simpática pareja que vivía enfrente de su casa; el repartidor de leche; el hombre que todas las mañanas pasaba por la calzada haciendo aerobismo... Infinidad de veces se había ocultado detrás del cortinado de la habitación husmeando hacia la calle, con la idea de ver la típica camioneta con la antena en el techo o el automóvil desconocido con los hombres de gafas oscuras en su interior. Pero nada de eso había ocurrido; entonces se dijo que esas cosas pasaban sólo en las películas. Si la vigilancia no era oculta no era vigilancia. Por otra parte, era consciente que el estado poseía elementos mucho más efectivos y discretos para llevar adelante semejante tarea. Que ahora existían satélites de seguimiento personal capaces de detectar todos sus movimientos, incluso aquellos realizados en su propio hogar. ¿Para qué llamar la atención con vehículos y personas?

Después de la desaparición de Jonh había tratado de armar el complejo rompecabezas, desde el mismo momento en que su esposo había dejado de volver a la casa.

Aquel día- como siempre- Jonh se marchó hacia su estudio a las ocho de la mañana. La llamó pasadas las doce del mediodía para decirle que todo estaba bien y que pensaba regresar no más allá de las dieciocho horas. Luego el silencio. Durante los últimas días, intentando elaborar con precisión quirúrgica cada uno de los movimientos de Jonh a lo largo de la última semana. Día por día. Hora por hora. Tomándose incluso el trabajo de recordar los detalles más nimios, las palabras más intrascendentes, los gestos de su cara, sus miradas sentados a  la mesa ; las charlas casi religiosas frente al hogar después de la cena; incluso desbrozando las imágenes de los momentos en los cuáles habían hecho el amor. Pero todo había sido inútil. Ningún indicio, ni el mínimo elemento esclarecedor.      

Ahora está sentada frente al hogar, contemplando sin ver los leños que arden escupiendo volutas verdes y rojizas.

Llueve. El viento, arranchado, empuja las gotas contra los amplios ventanales biselados. La calle parece ausente. De pronto una imagen holográfica que se instala frente a sus ojos : Jonh recibiendo un sobre grande y marrón. Trata de congelar la imagen en su cerebro. No puede. El cerebro lanza a borbotones retazos dispersos recreados desde distintos vértices, como tomas ordenadas por un invisible director de cine : Jonh con una sonrisa caminando hacia la puerta de calle; Jonh abriendo la puerta mientras el empleado de Fedex le entrega un papel... ; Jonh que lo firma; las palabras al viento que no llegan a sus oídos... ; el empleado que sube al vehículo de Federal-Express mientras Jonh comienza a rasgar el sobre; ella que lo contempla desde el parque mientras sostiene unos tallos de rosas que ha cortado...

Sintonía fina. Retrocede. Vuelve al instante en que Jonh abre la puerta; el holograma del recuerdo hace zoom con la imagen; entonces lo ve : ve el maldito auto azul de las películas sobre la acera opuesta- semioculto por el vehículo de las encomiendas -, con los dos tipos de gafas oscuras observando todo. Se revuelve en el sillón. El fuego hace universos de estrellas en medio de pequeñísimas explosiones.

Se lleva ambas manos a la cara. Un  esfuerzo más. La cinta del pasado contiene algunas filmaciones aún ocultas. Ella ha venido caminando hacia la gran sala de recepción. Jonh la mira. Parece nervioso. Ya ha rasgado el sobre. Otra vez sintonía fina con la imagen : ve el pequeño rictus en la boca de su esposo. ¿De qué se trata, Jonh? , pregunta con naturalidad mientras huele el perfume de las rosas amarillas. ¡Oh, nada de importancia, Margaret! Papeles de rutina del trabajo...

Ahora percibe cierta impostación insegura en la voz de Jonh. Luego él que se retira hacia la escalera que conduce a su escritorio y el episodio que termina allí.

¿Porqué- se pregunta ahora-, esa imagen que podría develar parte del enigma, recién explotaba en su cerebro? ¿Cómo no había reparado antes en este suceso que entonces le pareció rutinario, a tono con la ortodoxia de los menesteres hogareños? ¿Acaso tal vez por eso?

De un salto se incorpora del sillón. Ganada por una ansiedad incontrolable, sube de a dos por los escalones de mármol blanco. Sintiendo que el corazón le obstruye la garganta, penetra en la espaciosa nave del estudio de Jonh. A lo largo de estos días ganados por la incertidumbre, varias veces se había instalado en aquella sala de alfombrado mullido, tratando de hallar el oráculo esclarecedor. Había hurgado en los cajones del escritorio y en los anaqueles de la biblioteca sin demasiada convicción, cierto es. En realidad se había dedicado a investigar prolijamente el contenido de la PC, consciente que Jonh llevaba un registro minucioso de sus actividades a través del ordenador. Fichas, páginas Word relacionadas con su trabajo e incluso una exhaustiva mirada a su correo personal( ella tenía la clave de ingreso) siempre con resultado nulo.

Esta vez será diferente. Si Jonh no ha eliminado el sobre, el logo de Fedex no es fácil de ocultar. Otra vez hurgar en los cajones del escritorio y los anaqueles de la biblioteca sólo que ahora el trabajo de búsqueda es más riguroso y exhaustivo. Nada. Ni rastros del maldito sobre. Sólo queda el pequeño arcón que guarda los recuerdos de los padres y abuelos de Jonh. Cartas y viejas fotografías familiares.

Margaret recuerda que lo había abierto unos días atrás aunque no con demasiadas esperanzas. Ella conoce casi de memoria los ancestros itálicos de su esposo, los abuelos palermitanos llegados a Nueva York en la década del 50. ¿Acaso podría haber algo de mafioso en esta turbia historia? Los hijos de Sicilia habían emigrado a América con lo mejor y lo peor de su cuño. Lo sabía. Pero el abuelo gozaba de una trayectoria impecable. Una cadena de cantinas y trattorias que Jonh había recibido como herencia. Negocios que aportaron y aportaban al fisco religiosamente. Claro que una nunca podía saber la fina tangente que separaba lo legal de lo ilegal, y menos en un país en el cuál el propio estado era maestro en el arte de ocultar bajo la alfombra ciertas cuestiones non sanctas del poder...

Imprevistamente, el sobre. En el último rincón del arcón, debajo del compendio de la historia familiar, como soportando todo el peso de la idiosincrasia ancestral de su esposo.

He aquí algo raro. ¿Por qué Jonh había ocultado en forma tan diligente la misteriosa carta? Amarga decepción. El no era de ocultarle cosas, pero esto resultaba irrefutable.  Segunda sorpresa: en el interior del sobre, varios folios con el rótulo  Top secret en la portada superior. Al final, la foto de  un hombre cuyos rasgos le resultan familiares. ¿Dónde había visto esa cara rechoncha coronada por escaso cabello? Demasiada presión para su cerebro agitado e hiperactivo. Pero está segura que esos rasgos forman parte de un negativo fotográfico que por ahora su cerebro se niega a revelar.

Margaret comienza a leer. Debajo del rotulo, un titulo: Algunos prolegómenos sobre la guerra psíquica en aras de la conquista d el poder mundial.  Y a continuación, el texto:

 

"El misterioso pasajero subió a bordo del submarino atómico Nautilius el 25 de Julio de 1959. El submarino se hizo inmediatamente a la mar y, durante dieciséis días, recorrió las profundidades del Océano Atlántico. El pasajero sin nombre se había encerrado en su camarote. Sólo el marinero que le llevaba la comida y el capitán Anderson, que le hacía una visita diaria, le habían visto la cara. Dos veces al DIA, enviaba una hoja de papel al capitán Anderson. En tales hojas aparecía una combinación de cinco signos misteriosos: una cruz, una estrella, un círculo, un cuadrado y tres líneas onduladas. El capitán Anderson y el pasajero desconocido estampaban sus firmas en la hoja, y el capitán Anderson la encerraba en un sobre sellado después de haber introducido dos tarjetas en su interior. Una de ellas llevaba la hora y la fecha. La otra, las palabras  "Muy secreto. Destruirlo en caso de peligro de captura del submarino". El lunes 10 de agosto de 1959, el submarino atracaba en Croyton. El pasajero subió a un coche oficial, que bajo escolta, lo trasladó al aeródromo militar más próximo.

Algunas horas más tarde, el avión aterrizaba en el pequeño aeródromo de la ciudad de Friendship, en Maryland. Un automóvil esperaba al viajero. Le condujo hasta un edificio que ostentaba el rótulo "Centro de Investigaciones especiales Westinghouse. Prohibida la entrada a toda persona no autorizada" El coche se detuvo ante el puesto de guardia, y el viajero preguntó por el coronel Willian Bowers, director de ciencias biológicas de la Oficina de investigaciones de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos.

El coronel Bowers le esperaba en su despecho.

"-Siéntese, teniente Jones- le dijo-.¿Trae el sobre?

Sin decir palabra, Jones tendió el sobre al coronel, que se dirigió a una caja fuerte, la abrió y sacó de ella un sobre idéntico, a excepción únicamente de que el sello no llevaba la inscripción "Submarino Nautilius", sino "Centro de Investigaciones. Friendship, Maryland"

El coronel Bowers abrió los dos sobres y extrajo de ellos sendos paquetes de sobres más pequeños, que abrió a su vez. Los dos hombres en silencio juntaron las hojas que tenían igual fecha. Después las cotejaron. Con una coincidencia del 78% los signos eran los mismos y estaban colocados en el mismo orden en las dos hojas que llevaban la misma fecha.

"- Estamos en un recodo de la historia-dijo el coronel Bowers-. Por primera vez en el mundo, en condiciones que no permitían el menor truco y con una precisión de casi ocho aciertos sobre diez, el pensamiento humano ha sido transmitido a través del espacio, sin ningún intermediario material, de un cerebro a otro cerebro. Usted allí en el Nautilius, teniente Jones, y aquí un tal Smith, un estudiante de la Universidad de Duke. Usted en el submarino, a 2000 kilómetros de distancia y a varios centenares de metros de profundidad y Smith aquí, probaron con precisión asombrosa la posibilidad de los cerebros humanos se comuniquen a distancia.

............................................................................Este acontecimiento científico asombroso, fue comunicado al Presidente Eisenhower, dando cuenta de la posibilidad de emplear el mismo procedimiento en cuestiones militares, en una especie de guerra psíquica contra la Unión Soviética.

El comienzo de esta historia se remite a un artículo publicado en el suplemento dominical del New York Herald Tribune, el 13 de Julio de 1958, firmado por el gran especialista militar de la Prensa americana, Ansel Talbert.

Este escribía:

"Es indispensable que las fuerzas armadas de los Estados Unidos sepan si la energía emitida por un cerebro humano puede influir, a millares de kilómetros, en otro cerebro humano... Se trata de una investigación absolutamente científica, y los fenómenos comprobados son, como todos los producidos por el organismo viviente, alimentados en energía por la combustión de los alimentos en el organismo...

La amplificación... (1).

 

Margaret avanza en la lectura. Otros títulos se deslizan ante su vista: "El fenómeno parapsicológico como arma de dominación" La URSS considera la guerra psíquica como campo experimental de nuevas confrontaciones". "EE.UU en la defensa del mundo libre; la tercera guerra mundial se librará por medios inasibles e invisibles, sin el empleo de las armas de destrucción masiva"

Al pie de la última hoja, en un recuadro en letras rojas, lee: "Por razones de seguridad nacional, elimínese este documento"

No quiere seguir leyendo. Repentinamente parece surgir la luz hacia el final del túnel. El nombre Bowers se acurruca en algún lugar recóndito de su cerebro. Le suena familiar. "Bowers, Bowers...”, piensa, tratando de encontrar algún indicio esclarecedor. Pero es inútil. Ya no tiene dudas que Jonh ha sido tomado por los servicios de inteligencia, llámense como se llamen.¿Pero cómo supieron ellos de los poderes psíquicos de Jonh? ¿De qué manera se habrían contactado con él?

¿Acaso su esposo le ocultó información al respecto? Lo cree improbable. Sabe que Jonh es transparente. Que peca de ingenuidad. Abierto como un libro.¿Pero entonces... ?

El escenario de la fiesta se instala nuevamente en su mente. Trata de registrar uno por uno los rostros de los invitados desconocidos para ella : El simpático matrimonio de abogados; la mujer alta y rubia parecida a Julia Roberts, sola, aislada del resto de los invitados...; el comisionado Preston...; el agregado cultural del consulado de Italia...; el rector de la Universidad; en fin, toda gente respetable con empleos y profesiones respetables; claro que en una sociedad donde el espionaje gozaba del privilegio de constituirse en la columna vertebral de la nación, todo era posible.

Margaret continúa instalada en la sala de recepción del matrimonio amigo, mientras los anfitriones le van presentando uno por uno a los distinguidos invitados. La memoria se esfuerza; rechinan las neuronas activando todos los componentes químicos de la materia gris. : la mielina, el axón, las dentritas y las sinapsis, se aúnan para conformar la esencia de la razón y el pensamiento, el numen de la maquinaria depredadora humana. 

Recuerda que el matrimonio amigo hace un culto de la puntualidad; por eso se ha formado una larga fila al ingreso de la residencia.  Algunas caras aparecen borrosas, desdibujadas; las vestimentas se mezclan, sabe que los colores tal vez no se correspondan con las imágenes holográficas del recuerdo.

Se ha cerrado la puerta. Todos los invitados se han repartido a lo largo y ancho del espacioso parque. Los sones de la orquesta de cuerdas transitan por los invisibles corredores del espacio cargando el aire con los decibeles musicales de Mendelshon. El inglés del poblado de nombre difícil, se hace pentagrama a través del Sueño de una noche de verano.

Transcurren quince o veinte minutos. Mientras los invitados van tomando asiento para asistir a la ceremonia - Jonh se ha desprendido y charla animadamente con un hombre de negocios- ella ha ido con su amiga hasta el cuarto dónde la hija recibe los últimos retoques. "Es el día más feliz de mi vida, Margaret" le susurra Beatrice, y siente el abrazo de su entrañable amiga. Las imágenes se han tornado morosas; cuadros tras cuadros van desfilando por su mente como si intuyera que el hilo de Ariadna está a un paso de ser tomado entre sus manos. Alguien reclama por micrófono a los anfitriones. Las corcheas y las fusas, nacen y mueren en el aire impregnado de perfumes. Ella avanza hacia el verde césped tomada del brazo de Beatrice. Suena el timbre. Alguien asoma la cara por el ventanal que da al jardín. "¡Bowers! , lanza Beatrice mientras la arrastra de la mano hacia la puerta. Su amiga franquea la entrada. Aparece un anciano, de ojos particularmente azulinos y mirada penetrante. Lo acompaña una bella mujer. Beatrice se abraza largamente con ambos. Luego se da vuelta y la mira."Ella es mi mejor amiga, Margaret. Querida, la señora Loisa Keaton y el sinverguenza de William Bowers, su esposo. No creí que vendrían. ¿Sabes?, William es un viejo amigo de mi infancia, un alto militar retirado que se ha venido desde Friendship para estar  en este momento especial de mi vida".

Presiente. que el Bowers del relato se corporiza en las imágenes del pasado reciente. De todos modos, si bien cierto es que coinciden el nombre y el cuartel, no puede creer que se trate de la misma persona. Demasiada casualidad. ¿O causalidad? La nota que hace referencia al coronel de la experiencia psíquica, contiene una fecha precisa: Julio de 1959. Ha transcurrido más de un cuarto de siglo desde entonces. Sin embargo, coinciden nombre, alto rango, e incluso el coto geográfico aludido en la nota. Tal vez debiera llamar a Beatrice.

Piensa en Jonh.

Enciende un cigarrillo. El silencio de la casa la traspasa. Se suma al silencio ominoso que llega del exterior. Es las seis de la tarde. Las primeras sombras invernales y los juegos electrónicos han sacado a los niños de la calle. Sabe que es la hora de los orgasmos clandestinos, de los orgasmos vírgenes, y también el de los orgasmos rutinarios y cansinos derivados de la ingesta rutinaria de tantos psicotrópicos.

Piensa en Jonh.

Ya ha conectado la alarma y ha pasado los cerrojos a las puertas reforzadas de su casa. Es la hora del miedo en masa y colectivo.

Como todos- desde el Presidente hasta los millones sin techo que viven de la caridad pública cada vez más escasa; desde los hombres y mujeres que se mueven a esas horas en los transportes públicos, hospitales e iglesias; desde los pequeños y los grandes comerciantes; desde los presos de las cárceles y sus carceleros; desde los vagabundos y los delincuentes que pululan por las calles desiertas en busca de otras víctimas- ella también padece el miedo generalizado y de rutina.

Piensa en Jonh.

Siente la ausencia masculina.

Con ambos pulgares, presiona la cuenca de sus ojos tratando que la imaginación haga viva en la estancia silenciosa, la presencia holográfica del hombre que ama.

Los ladridos del doberman de su vecino contiguo golpean sobre sus tímpanos como golpes metálicos descargados por un martillo invisible. La imagen se desdibuja en medio de grotescos retazos de restos corpóreos y prendas de vestir. Una vez más se dice que debería llamar a Beatrice. ¿Y si el Bowers de la fiesta fuere el Bowers del relato?

Piensa en Jonh.

Tiene la impresión de que algo está por suceder. Cree percibir entre los miasmas del aire los sonidos entrecortados de una voz humana. Ya no tiene dudas : su esposo está tratando de establecer una conexión telepática. Emisión y recepción. ¿Pero será ella una buena receptora? Recuerda que en tono de broma, él siempre le decía que podía leer sus pensamientos. Y siempre acertaba. Por ejemplo, si estaba receptiva para el amor o cuándo la libido sexual se llamaba a reposo.

Se maldice de no haberlo intentado antes.

Piensa en Jonh.

Trata de liberar las neuronas del pensamiento. Intuye que ellas podrán hacer el milagro. Y el milagro físico se produce ; después de todo- como química-bióloga, sabe que somos la resultante del compuesto interestelar del Universo; a través del éter, la voz de Jonh comienza a instalarse en su cerebro : lamento la tardanza querida Margaret, pero no pude ingresar antes en tu pensamiento. No estabas receptiva. Además, Ellos me controlan. Sólo puedo decirte que soy parte de una maquinaria militar temible para lograr el control del mundo por medios psíquicos. Se trata de modificar la propia ideología de nuestros enemigos manipulando la acción de sus voluntades. Hace años que trabajo en esto. Nunca antes te lo confesé por razones de seguridad. Está en juego nuestro futuro y el de nuestra amada hija. Y también- debo admitirlo- está en juego la seguridad nacional. O somos nosotros o es el enemigo; enemigo que también utiliza los mismos recursos aunque por ahora, en una escala inferior a la nuestra. No estoy solo. Somos un grupo de soldados psicológicos instalados en la propia red neuronal de nuestro enemigo excluyente, sin que éste lo sepa. Dentro de poco, el mundo será sacudido por una noticia que lo paralizará. Para entonces, habremos logrado la hegemonía política absoluta. Me están llamando. Cuida a nuestra hija. Te amo

Piensa en Jonh.

Tiene la sensación que un alfiler invisible ha comenzado a pinchar cada una de las palabras del mensaje de Jonh; al final, apenas audible, percibe una vaga referencia a la fotografía del arcón. Presiente que el mensaje encierra una clave. En un último arrebato, estruja su pensamiento como si su  cerebro fuere una esponja capaz de retorcerse. Pero es inútil. Las sinapsis neuronales la han devuelto al patrón de sus códigos genéticos.

Piensa en Jonh.

Ahora la lluvia es un aguacero furioso y gime como una sinfonía lúdica entre los intersticios de puertas y ventanas. Se levanta. Como una autómata, asciende los escalones de carrara, el mismo mármol blanco que alguna vez inmortalizara el genio de Miguel Ángel. Está otra vez sobre la mullida alfombra. El fantasma holográfico del hombre que ama la ha seguido hasta allí y ahora siente su inasible presencia en cada rincón de la silenciosa sala.

Piensa en Jonh.

La mano abre el arcón como si abriera una caja de Pandora. Intuye el secreto como una manifestación tenebrosa del espíritu humano. Homo, homini lupus, siempre el hombre contra el hombre.¿Era acaso Dios el demonio? ¿O acaso el demonio se había hecho Dios?  En todo caso, la existencia misma parecía ser un juego de perversidades que tenía al hombre como eje de un proyecto apocalíptico. Debería llamar a Beatrice. Bowers parecía tan encantador... . El mal era sin duda el más perfecto camaleón. Capaz de mimetizarse incluso en un ángel de la luz. Todo parece ser una trampa gigantesca.

Piensa en Jonh.

La foto está otra vez en sus manos. Ha visto ese hombre en algún lugar pero el maldito mecanismo de su memoria se niega a revelar el negativo. Vuelve al memorando secreto. Los títulos de sus páginas saltan entre las aristas cerebrales: “Hitler era un médium” “Los nazis, pioneros en la guerra psicológica.” “ El fracaso de Viet-nam”. “Terrorismo: la amenaza futura”. “Hacia la conquista del aparato político del Soviet”. Se detiene. Piensa en Jonh y de alguna manera, siente que Jonh piensa en ella. Jonh toma sus manos y fija su índice en un pequeño título en negrita: el objetivo supremo. El hombre a conquistar. Ahora la memoria ha soltado la imagen del pasado como una catapulta en el momento de arrojar la gran piedra. Piensa en Jonh. Piensa en Bowers. Piensa en su hija. Siente de pronto que se instala en ella toda la angustia colectiva de la raza. Lee el nombre que descifra el enigma de la foto: Mijail Sergueijevich Gorvachov.

 

(1) Tomado de “El retorno de los Brujos” de Pauwles y Bergier.

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

     “Terrorista”                                   

 

 

 

Buscado.

El Estado ha puesto precio a su cabeza. El poder político y el religioso han comenzado a perseguirlo.. Sus acciones generan miedo e incertidumbre.

Lo sabe por sí mismo. Pero además, lo ha visto en las miradas de impotencia de sus colaboradores(Como parte de un don  que arrastra desde niño, ha buceado en el alma de sus compañeros revolucionarios). Presiente la desazón, la ambigüedad de sentimientos.

Sabe que en ellos, aún persisten ciertas dudas respecto a su persona; y sabe también, que hasta es posible la delación entre la gente de su propio entorno.

 

Buscado.

El servicio secreto de los que oprimen a su pueblo ya está tras sus pasos. La vigilancia se ha tornado más estrecha. Ahora los esbirros del Imperio más poderoso de la tierra, ni siquiera se ocultan. Actúan a cara descubierta.

Ha pasado la noche con María. Ha dejado a sus seguidores con las dudas y se ha marchado con la mujer que lo incendia a un lugar secreto detrás del monte que circunda la ciudad. Sobre una manta tendida en el rocío, han hecho el amor compartiendo el fuego con la angustia. Ella le ha pedido que se marche; que abandone la ciudad dónde el odio político y religioso rezuma entre los viejos muros de la ciudad sagrada..

 

Buscado.

Puede, pero sabe que no debe huir. Le ha prometido a su padre que enfrentará la persecución hasta las últimas consecuencias. Y esto puede significar la entrega de su vida, el sacrificio de sangre que jamás podrán comprender los poderosos dirigentes del Imperio.

Sabe también, que con palos y piedras no podrán expulsar al enemigo. Imposible defraudar a su padre. La promesa es sagrada. Está en juego el futuro espiritual de su propio pueblo.

Además... ¿ Dónde se ocultaría y para qué? ¿Adónde iría? El paisaje físico sólo ofrece un desierto yermo y montañas hostiles: solar sagrado controlado por los enemigos externos e internos.