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Libro Cuarto El Museo Mitológico
de Capiatá Capiatá,
km 19. Como
todas las mañanas desde hace veinte años, tempranito, el Museo
Mitológico “Ramón Elías” abre sus puertas sobre la Ruta nº
2, justo a la altura del km 19, donde –se puede decir así–
comienza Capiatá. Brillante carta de presentación para la
ciudad este museo que hoy lleva el nombre de su creador, el
incansable profesor Ramón Elías. Muchos
años de trabajo, sacrificios y recorridos por todo el país fue el
costo que don Elías pagó para recopilar, recuperar y restaurar
valiosísimas piezas del arte jesuítico y franciscano; documentos,
fotografías y armas de la Guerra Grande y de la Guerra del Chaco.
Así
fue como comenzó a tallar en la madera de nuestra tierra imágenes
que representaban fielmente los fantásticos relatos que fue
escuchando en los distintos rincones del país. Uno a uno fueron
apareciendo mbói tui, ao ao, jasy
jatere, pombéro,
teju jagua, mala visión,
tupã y tantos otros. Don Ramón no sólo era profesor e investigador de nuestro pasado, sino que también estaba profundamente arraigado en la vida social y cultural de su pueblo. En la faz deportiva, fue jugador de básquetbol
en la selección de Capiatá, jugador de fútbol en la primera
división, presidente de un club, animador de los corsos asuncenos
con bellas carrozas que mostraban su inagotable creatividad... Arriero
porte con sus vecinos y con quien necesitara de su ayuda. Amigo del
brillante antropólogo León Cadogan quien lo alentaba a seguir
adelante, don Ramón Elías no cejaba en sus esfuerzos por recuperar
la memoria del Paraguay, la histórica y aquella que forma nuestro inconsciente
colectivo. Nunca
recibió ayuda oficial para su tarea, tampoco la pretendió. El
realizaba su trabajo a pura conciencia. Cuando
las piezas reunidas eran tantas que ya no pudo guardarlas en su casa
pensó en crear un sitio acorde para su conservación. Un sitio
donde no sólo él pudiera apreciarlas sino que fueran útiles a la
sociedad. Aunque nadie lo sabía él ya se había formado una idea
bien clara de cómo sería el lugar donde ubicaría las tallas
propias y aquellas piezas históricas.
Doña Elsa comenta con orgullo que el museo y la casa donde hoy vive fueron levantados completamente con materiales antiguos, originales. No hay nada de hoy excepto la mano de obra.
Recién
en 1979 fue inaugurado el Museo tal como hoy se lo ve. Sólo
dos años después, en un desgraciado accidente automovilístico,
fallecía el creador. Dejaba
tras de sí un trabajo y una historia de vida incomparables. Las
figuras de algunos de los mitos por él tallados se transformarían
en la imagen “oficial”, por decirlo de alguna manera, de
aquellos monstruos. Artesanos de todo el país adoptaron los rasgos
creados por don Ramón Elías y multiplicaron su obra. Monstruos
como el ao ao, el kurupi,
el pombéro, el jasy jatere,
el luisõ, el mbói tui y el moñái
encontraron su figura definitiva y se han multiplicado con la forma
que les diera don Elías.
Además
de las tallas propias, numerosas imágenes hechas por los
franciscanos y los jesuitas, perfectamente datadas se encuentran allí
para admiración y deleite de los visitantes. Fotografías y armas
de la guerra del Chaco. Elementos de la vida cotidiana de la época
colonial. Documentos de la Guerra de la Triple Alianza. Todo en esa
casa tan especial que el profesor dejara para la posteridad. Hoy
en día, doña Elsa Céspedes dirige el Museo con el mismo amor con
que lo hacía el profesor. El cariño de sus nietos y nietas rodea
la casona del km 19: puerta de una pujante ciudad. El
Museo sigue brindando satisfacciones a sus dueños aunque a veces se
haga difícil su mantenimiento, sobre todo teniendo en cuenta que
aquí no se cobra entrada a nadie. Un
emprendimiento privado alejado del egoísmo que a veces parece regar
todos nuestros ámbitos. Un emprendimiento que, sin mezquindades, con veinte años de vida y otros tanto de trabajo
anterior, es el único en su tipo en todo el país.
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