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Faja de Honor de la S.A.D.E.
(Sociedad Argentina de Escritores)
Dedicado de todo corazón
a mis maestros
a tus maestros
a los maestros
Pancho Aquino
permanentemente alumno
Maestro, nunca dejes
de soñar con un
mundo mejor...
para que algún
día sea realidad,
necesitamos de tus sueños.

Querida maestra...
Tal vez sea un poco tarde, pero hace tiempo que quiero decirle estas palabras:
Llevo muchos años vividos y a través de tanto tiempo, me dì cuenta de todo lo
que hizo por mí. No sé dónde se encuentra usted hoy, pero sé que mi voz le
llegará, haciéndose eco en las voces de otros alumnos o quizá sea el viento que
le cuente que estoy muy agradecido y que nunca la he olvidado.
Usted me enseñó a leer, pero más que eso, me enseñó a vivir, a soñar, a querer.
Recuerdo cuando le conté que mis padres estaban separados y me puse a llorar.
Usted lloró conmigo y yo aún siento el calor de sus manos acariciando mi cabeza
despeinada. Ese día, nos perdimos el recreo... También recuerdo la torta que
trajo para mi cumpleaños ¡fue mi primera torta!
¿Sabe una cosa, Seño? Mi mamá estaba celosa de usted, pero la quería mucho,
siempre me decía "Tu señorita te da el amor, las caricias y todo lo que yo no
puedo darte. Te muestra el camino para que seas buena persona. Por eso, se
siempre agradecido y no dejes de quererla nunca".
Perdóneme por haber tardado tanto en decirle cuánto la c7uiero.
Querida maestra, siga siempre así, enseñando, guiando, acompañando. Aunque a
veces el agradecimiento llegue tarde o nunca llegue, todo lo que nos brinda dará
sus frutos.
No voy a firmar la carta, porque mi nombre no tiene importancia, soy un alumno
entre tantos.
Y el suyo no puedo escribirlo, porque es el de todas las maestras del mundo.
En tiempo de
vacas gordas,
no olvides los de
vacas flacas.

Por favor, déjennos vivir
Soy un niño y hace dos años que soy drogadicto. Quiero dejar,
pero no puedo, cada día necesito más. Cuando me hicieron probar me dijeron que
yo dejaba cuando quería, me mintieron, y ellos son los que tienen la droga y les
tengo miedo.
Como no tengo dinero me dicen que si vendo en el colegio, me dan algo para mí.
Pero yo no puedo hacerlo, mis compañeros son buenos, cómo les voy a decir que se
droguen, si yo sé cómo me siento, estoy siempre cansado, no puedo jugar más al
fútbol ni a nada, no tengo fuerzas.
Ayer fue lo peor, mi mamá se dio cuenta por el olor de mi ropa y por mis nuevos
amigos y la vi llorar como nunca, no durmió, sólo lloró. Le pedí perdón, le dije
que voy a hablar con papá.
Tengo vergüenza, no puedo pensar más que en la droga, tendré que robar para
conseguirla. Quiero que me ayuden, quiero volver a jugar, a ser feliz. Por favor
sálvenme, por favor déjennos a los chicos ser chicos, déjennos jugar, estudiar,
sentir el amor de nuestros padres; por favor, déjennos vivir.
Aunque conozcas
bien el camino
ve siempre
con los ojos abiertos

Marina, Carlitos y el nuevo milenio
Marina y Carlitos estaban preocupados.
Se habían enterado de que se terminaba el segundo milenio y que uno nuevo estaba
por comenzar. La palabra milenio parecía representar algo muy importante, por
eso, al visitar al abuelo como todos los domingos, le preguntaron:
-Abuelo, ¿es cierto que al próximo milenio lo construirán los más capaces, los
más valientes, los mejores entre todos? Por supuesto los chicos pensaban que no
sería para cualquiera esa tarea.
El abuelo sonrió, sin contestar, y los invitó a dar un paseo por el bosque.
Mientras caminaban encontraron árboles pequeños, medianos, grandes, delgados,
gruesos, altos, bajos, viejos y jóvenes, de diferentes formas y colores.
Entonces el abuelo preguntó: ¿Quiénes habrán construido este bosque? ¿Habrán
sido los más altos, los más bellos o tal vez los mas jóvenes? Quizás fueron los
más valiosos o los más poderosos. Pero para saber quiénes lo hicieron, lo mejor
es seguir caminando y observar.
Bajo los árboles más viejos la sombra era tan cerrada que parecía de noche, pero
había también espacios soleados. donde crecían los retoños más jóvenes y sitios
silenciosos donde descansaban algunos troncos ya secos. Había lugares húmedos a
otros resecos.
Algunos sitios resplandecían de belleza y otros eran sombríos y tristes. Agudos
chillidos de animales salvajes los sobresaltaban, pero el canto de los pájaros
les devolvía la tranquilidad.
El paseo era agradable, pero Marina y Carlitos seguían pensando en el nuevo
milenio.
Para descansar se sentaron a la sombra de un árbol añoso y entonces, con voz
pausada, el abuelo les dijo: para hacer este bosque fueron necesarios todos los
árboles y para construir el próximo milenio serán necesarios todos los hombres.
Así como nuevos brotes asoman en los árboles jóvenes y en los viejos, así corno
los más grandes cobijan a los más pequeños y las ramas caídas abonan la tierra,
así todos tendremos una tarea que cumplir. Los mayores guiando a los jóvenes en
los primeros pasos y ellos contagiándonos con su fuerza. Los docentes
historiando el pasado, viviendo con sus alumnos el presente y enseñando para el
futuro. Todos debemos estar. Los humildes, los poderosos, los feos, los lindos,
sin que importe el idioma o el color de la piel. Unidos, echando raíces, así
construiremos el nuevo milenio, todos juntos.
Marina y Carlitos se miraron y tomados de la mano del abuelo iniciaron el camino
de regreso.
Ahora todo estaba claro. Y esa noche soñaron con el nuevo milenio, que sería,
como el bosque, un lugar hecho por todos y para todos.
El amor
Al amor lo vi varias
veces en la vida.
En la mirada tierna
de algún perro.
En el abrazo sincero
de los amigos.
En el cariño de mis maestras.
En la ternura inolvidable
de mi madre.
Al amor lo sigo viendo
en tus ojos y
en mi corazón.

La bruja
En un pequeño pueblito, situado en un lugar muy lejano, vivía una bruja malvada
que se divertía muchísimo asustando a los niños.
Por las noches aparecía cubierta con un manto amarillo, sombrero rojo, y una
larga cola negra y brillante. Su nariz larga y afilada, como un cuchillo, tenía
en la punta una verruga peluda, de su boca inmensa y desdentada salía una
estremecedora carcajada y sus ojillos pequeños y rojos parecían despedir
relámpagos de furia. ¡Qué fea era!
Todos en el pueblo sabían que ella solamente aparecía en las noches más oscuras,
las noches de luna nueva. Entonces, aunque ningún niño salía de su casa, ella
igualmente hacía sus maldades.
A veces ponía sapos entre las sábanas, o langostas entre las servilletas
dobladas o escarabajos en las toallas. Una vez, llenó con culebras y arañas la
piñata de un cumpleaños, y todos los niños terminaron llorando.
Pero resulta que en este pueblito había un grupo de niños muy bandidos y
traviesos. que por su mala conducta y educación estaban siempre solos.
Ocurrió que una de esas noches oscuras en que la bruja salía a divertirse. los
niños malos la estaban esperando con sus gomeras y los bolsillos llenos de
piedras. La atacaron de repente y la bruja sorprendida rodó por el suelo, con
tanta mala suerte que perdió su varita mágica y con ella todos sus poderes.
La bruja salió corriendo y los niños la persiguieron hasta arrinconarla en la
plaza.
Se armó un gran alboroto y entonces los niños buenos se acercaron para saber qué
pasaba. Uno de ellos encontró la varita, la levantó y apuntando hacia el centro
de la gran pelea dijo: "¡Abracadabra, que sean todos buenos!" Y así fue. Dejaron
de pelearse y la ropa de la bruja se tornó blanca como sus cabellos, su rostro
parecía ahora el de una dulce abuelita, los niños malos la abrazaron
cariñosamente y todos en el pueblo festejaron el milagro.
Este lugar pasó a la historia por ser el único en el mundo donde la bruja es
buena, la luna brilla más que en ningún otro sitio y siempre se escucha una
suave y hermosa música que nadie sabe de dónde viene.
El cumpleaños de la tortuga
Había una gran
fiesta ese día. Se celebraban los primeros cien años de la tortuga y todos los
animales quisieron estar presentes.
Para entretenerse inventaban juegos como
pararse en una pata, subir al árbol más alto, saltar el arroyo y muchos otros, a
cual más divertido.
Luego de almorzar la tortuga propuso:
"Juguemos una carrera, a ver quién llega más lejos".
Todos sonrieron de manera burlona y
aceptaron la apuesta.
Comenzó la carrera, eran cientos los
animales que competían y, por supuesto, la vieja tortuga iba última, pero a
medida que avanzaba iba dejando atrás a los animales que, ya cansados,
abandonaban la carrera, hasta que a un costado del camino encontró al último de
los corredores, quien al ver a la tortuga le preguntó: "¿Cómo puede ser que nos
hayas ganado a todos, si cualquiera de nosotros es más rápido que tú?"
La tortuga le contestó: "Simplemente,
porque al creerse superiores, fueron soberbios y no escucharon mis palabras. Yo
les aposté a quien llegaba más lejos, no más rápido. Cuando aprendan a escuchar,
aprenderán a vivir mejor y quizás no pierdan otras carreras".
La droga
Te quejas de la vida,
es tu excusa para drogarte.
La vida, con trabajo
y honestidad
te dará
tiempos hermosos.
Cuando la droga
te vea destruido,
ni siquiera escuchará
tus lamentos.

El examen de Marina
El examen era muy difícil, Marina lo sabía,
pero la noche anterior había sido el cumpleaños de Carlitos y no había podido
estudiar lo suficiente.
Se levantó y luego de desayunar partió
rumbo al colegio, con una preocupación muy grande.
Como fue una de las primeras en llegar
aprovechó para sentarse al lado de los maceteros y tratar de estudiar un poco,
pero estaba muy cansada y no lo hizo.
Al bajar la vista vio una carpeta azul en
el piso, la levantó y al abrirla comprobó con sorpresa que era la carpeta de la
profesora que debía tomarle el examen. Siguió mirando y allí estaban las
respuestas, a su alrededor no vio a nadie, aún seguía sola.
-Adelante- dijo la directora. La puerta se
abrió y allí estaba Marina, parada con una carpeta azul entre las manos. Caminó
unos pasos, entregó la carpeta y se retiró.
El día en que entregaban los resultados de
los exámenes llamó la atención que la dirección del colegio citara a los padres
de los alumnos y los reuniera a todos en el viejo y querido patio.
Marina estaba muy nerviosa y todos lo
notaron, pero nadie sabía por qué. Una lágrima mojó su carita cuando la
profesora la miró y simplemente dijo: "Marina, sacaste un cuatro en estudios
sociales".
Entonces, pasando un brazo sobre el hombro de la triste
niña relató a la concurrencia cómo Marina había devuelto la carpeta, sin haber
copiado una sola palabra, a lo que agregó: "Marina, seguro que en pocos días
levantarás esta nota, pero quiero decirles a todos que el diez que has sacado en
dignidad es tuyo para siempre y nos llena de orgullo a todos" .
Fue la primera vez que un fuerte aplauso premió a alguien que había sacado un
cuatro en estudios sociales.
Los monumentos
a los héroes
de la Patria
que lucharon
por nuestra libertad
hoy están... rodeados de rejas.

El reino de las ballenas
Cuenta la leyenda que en un lugar lejano e inaccesible vivía la manada de
ballenas más grande del mundo. Como todas las ballenas, nadaban y cazaban en mar
abierto, pero su refugio secreto estaba en el centro de un círculo de islas, que
tenía una única salida al mar. En su interior las aguas se mantenían serenas y
eran ideales para el descanso y el cuidado de las crías. Dentro del grupo había
un ballenato que, a pesar de su juventud. se destacaba por su valentía y
destreza. Con inteligencia y picardía era capaz de resolver los problemas más
difíciles y salir siempre triunfante. Era el mejor nadador, el que saltaba más
alto y el más divertido. Los mayores lo querían y respetaban.
La manada vivía en paz y armonía hasta el día en que un delfín amigo trajo una
noticia aterradora: un barco ballenero exploraba la zona, siguiendo la leyenda
del reino de las ballenas, estaba anclado a unas pocas millas y habían enviado
un bote en busca de la manada.
Nerviosas y asustadas, las ballenas más viejas quisieron salir al mar abierto
para sacrificarse, otras propusieron abandonar el lugar y alejarse hacia zonas
más frías, todas hablaban al mismo tiempo, sin ponerse de acuerdo, entonces el
joven ballenato dijo con fuerza: "No tengan miedo y no se muevan de aquí.
Volveré pronto y todo seguirá como hasta hoy" . Dicho esto tomó la salida a gran
velocidad y al avistar el bote de los cazadores hizo una pirueta en el aire para
que lo vieran. Los hombres entusiasmados comenzaron a seguirlo, seguros de que
los guiaría hasta al refugio escondido.
Pero el ballenato tenía otros planes. Jugando y saltando los fue llevando por
otro camino, internándose en una zona de peligrosos arrecifes, donde el bote no
tardó en naufragar.
Gracias a los salvavidas los pescadores flotaban en las heladas aguas pero
estaban seguros de que su fin estaba próximo, cuando el ballenato se les acercó
y les permitió que subieran a su lomo y nadando cuidadosamente los llevó de
regreso al barco.
Era casi de noche cuando llegaron. Desde la cubierta los compañeros aplaudían el
regreso, incrédulos ante el rescate de la ballena salvadora. Entonces el
ballenato se sumergió y desapareció en las profundidades del mar.
Un tiempo después volvió el delfín trayendo noticias: los cazadores rescatados
habían informado que no se avistaban ballenas en la zona, que los arrecifes
hacían imposible la navegación y que estaban convencidos de que la leyenda del
refugio secreto no era más que un cuento. Dijeron también que las ballenas eran
los animales más buenos y cariñosos que habían conocido y que jamás volverían a
cazarlas.
Así fue que nunca más hombre alguno se acercó al reino de las ballenas, que
siguen viviendo felices, en su mundo de paz y armonía.
Solidaridad
Es sufrir con el
dolor ajeno.
Es ser feliz con
la alegría del otro.
Es amar a todos por igual.
Es dar al que necesita,
aun lo que más queremos.

Marina y una buena acción
Marina vio a un chico que bajó corriendo de un auto y dejó
en la vereda una pequeña caja, y luego volvió a subir al auto, que velozmente se
alejó.
Marina se acercó a la caja y con asombro vio asomarse la cabecita de un perrito
que parecía muy triste.
Apenada, Marina lo tomó entre sus brazos, y mientras lo acariciaba el cachorro
movía su colita, tímidamente.
Comenzaba la época de vacaciones y Marina había hecho planes para ir, con su
hermano Carlitos, a la pileta de unos amigos. Pero ahora se encontraba con un
perrito en brazos, sin saber qué hacer.
Decidió volver a su casa y explicar a sus padres lo sucedido, tenía miedo de que
la retaran, sin embargo nada de eso ocurrió y todos aceptaron la llegada del
cachorro. Pero Marina quería saber por qué ese señor había abandonado al perrito
y lo que era peor, por qué había mandado a su hijo a hacer algo tan malo.
El papá permaneció en silencio, él tampoco entendía. Sus ojos se pusieron
brillantes mientras buscaba las palabras para explicar algo que no tenía
explicación.
-Miren chicos, hay gente que adquiere todo lo que le gusta. mientras no le
ocasione problemas. En este caso, como ustedes ven, éste es un perro muy caro,
no tuvieron inconvenientes en gastar dinero para , comprarlo, pero como ahora
llegan las vacaciones y . no saben dónde dejarlo, simplemente lo abandonaron.
-Pero ¿por qué utilizó a su híjo?, insistió Marina.
-Hija, las personas que tienen el mal adentro de su corazón, no distinguen nada,
sólo piensan en su propia comodidad.
-Papá, ¿podernos quedarnos con el perrito? preguntó Marina.
-¿Y tus vacaciones?, preguntó el papá.
-Las pasaré jugando con él y con Carlitos- quien muy emocionado, asentía con la
mirada.
Desde el jardín llegaban las risas de los niños y los ladridos del cachorro, que
rápidamente perdía la timidez inicial.
El padre los observaba tras la ventana sintiendo en su corazón la paz que dan
las buenas acciones, aunque no podía dejar de pensar con tristeza, en el niño
que fue obligado a abandonar al cachorro. Quizá ese niño también le estuviera
pidiendo explicaciones a su padre, porque los niños se dan cuenta claramente
cuando algo está mal, y si ese padre comprendiera lo que hizo, seguramente
sentiría mucha vergüenza.
Sin dudas, estaba muy orgulloso al pensar que sus hijos habían cambiado sus
vacaciones por una obra de bien.
Amistad
Si estás feliz con
sus éxitos,
es tu amigo.
Si estás triste con
sus penas,
es tu amigo.
Si querés compartir
su dolor,
es tu amigo.
Si querés compartir
su alegría,
sé feliz...
tenés un amigo.

Fiesta en la selva
Una vez, la familia de don León invitó a cenar a la familia
de don Elefante, puesto que ambos eran muy amigos.
El día del encuentro, don León, doña Leona y sus tres cachorros, estuvieron
preparando todo para la fiesta. Pidieron ayuda a los monos y a las jirafas para
bajar los frutos que estaban en lo alto y los demás animales también
colaboraron, con la esperanza de ser invitados.
Pero la reunión iba a ser privada, sólo para las dos familias. Los leones
querían quedar bien con sus amigos y por eso prepararon una rica y abundante
comida.
La noche se acercaba y todos los animales estaban molestos: ¡se habían esforzado
mucho y no serían invitados!
A la hora prevista, cuando la luna llena estaba en su esplendor, se oyeron
fuertes pisadas: la familia Elefante había llegado.
El encuentro estuvo lleno de abrazos y besos de trompa de los elefantes y
enseguida doña Leona dijo: "Pueden pasar, la cena está servida".
En la oscuridad, entre el follaje, centenares de ojos brillantes observaban la
escena. Eran los demás animales que miraban con mucho apetito aquellos
deliciosos manjares. Las pancitas les hacían ruido y se relamían con los aromas
que el viento les acercaba.
Empezaba la fiesta cuando una multitud de ratoncitos no pudo aguantar más y pasó
saltando entre la comida. Los elefantes, al verlos, comenzaron a chillar y
salieron corriendo, muy asustados. Los leones salieron detrás, tratando de
atrapar a los traviesos ratones.
Recortándose contra el disco plateado v luminoso de la luna. se vieron pasar las
siluetas de los elefantes que huían hacia la selva, seguidos por un sinfín de
ratoncitos ruidosos que a su vez escapaban de los leones, que bramaban enojados.
Mientras tanto, centenares de animales compartieron aquella cena maravillosa, en
una de las fiestas más divertidas que se recuerdan en la selva.
Dignidad
Hacer las cosas
de forma tal
que nuestros seres
más queridos
se sientan orgullosos
de nosotros,
nuestros amigos
nos admiren,
y nuestros enemigos
nos respeten.

La valija del abuelo
Nuestro abuelo fue siempre un ser muy amable y
jovial. A pesar de sus ochenta y tres años parecía un niño.
Él nos permitía hacer todo lo que nosotros queríamos, lo único que no debíamos
hacer era tocar una vieja valija que el abuelo guardaba en su habitación. Muchas
veces le preguntamos qué tenía allí dentro, pero él no nos contó nada, aunque
por supuesto, nosotros queríamos saber qué había en esa valija.
Así, todos los fines de semana lo pasábamos jugando con este ser tan especial,
hasta que, cansados, nos quedábamos profundamente dormidos.
Una de esas noches, algunos ruidos extraños nos despertaron. Escuchábamos la voz
del abuelo y otras voces, parecían niños muy contentos.
Luego las voces se apagaron y nos volvimos a dormir. Al día siguiente le
preguntamos al abuelo quién lo había visitado, pero él muy seriamente nos
contestó que nadie había estado en su habitación. Durante todo ese día el abuelo
llevó una sonrisa en los labios, estaba muy feliz.
Un día estábamos solos en la casa y no pudimos vencer la tentación; fuimos a
buscar la valija y la abrimos casi sin darnos cuenta. De repente una luz
brillante nos encandiló y vimos aparecer a un duende, un ángel, un hada y un
montón de juguetes viejos y relucientes al mismo tiempo.
El duende se levantó y dijo: "Chicos, no se asusten, nosotros somos amigos del
abuelo. Hace muchos años, desde que él era pequeño, nos guarda en esta valija ,
que es para él como el cofre de un tesoro. Algunas personas guardan dinero,
propiedades y otras cosas materiales, pero él quiso conservar al niño que un día
fue. Por eso es feliz y vive bien, reuniéndose cada noche con sus recuerdos, sus
juguetes, su inocencia y su niñez nunca perdida. "Todos tenemos la oportunidad
de elegir. Ustedes pueden, desde ahora, empezar a guardar. Consigan una valija y
a lo largo del tiempo vayan llenándola con aquellas cosas que sean parte
esencial de cada momento de la vida".
"Recuerden que siempre que nos necesiten nos encontrarán dentro de la valija
donde guarden juguetes, recuerdos, amor y el deseo de seguir siendo niños.
Cerramos la valija y salimos al parque, estábamos muy emocionados cuando vimos
al abuelo regresar por el sendero. Su rostro, nos pareció el de un niño, un niño
al que recordábamos haber visto entre las viejas fotos del álbum que la abuela
muchas veces nos había mostrado.
Ser niño
Ser niño es ... frescura.
Ser niño es ... inocencia.
Ser niño es... pureza.
Ser niño es... futuro.
Ser niño es... amor.
¡Ser niño es... maravilloso!

Marina, Carlitos y el camino de la verdad
-Es mentira, dijo Carlitos.
-Es verdad, le contestó Marina.
Así estaban los hermanitos discutiendo aquella mañana, durante el recreo.
El motivo de la discusión no era muy importante, pero tenía una sola respuesta,
así que alguno de los dos mentía.
Marina se puso a llorar y fue a contarle a la señorita, ella la escuchó, lo
llamó a Carlitos y tomándolos de los hombros, comenzó a caminar y explicarles
cuál era para ella el justo valor de la verdad.
-Ustedes saben bien que uno de los dos miente. Por lo tanto no sólo le está
mintiendo al otro, sino, y ésta es la parte más triste, se está mintiendo a sí
mismo. Carlitos la miró a Marina y se puso muy colorado. Sintió vergüenza. Él
sabía que estaba mintiendo.
La maestra apretó el hombro de Carlitos y siguió diciendo:
-La única verdad es la que nosotros tenemos dentro de nuestro corazón, conocemos
nuestros defectos y virtudes mejor que nadie, por eso tenemos la oportunidad,
cada día, de ser mejores, de no mentirnos. Si así lo hacemos, viviremos mejor,
la gente creerá en nosotros, porque todos saben cuando alguien va por la vida
transitando el camino de la verdad, y nos sentiremos orgullosos al igual que
nuestros padres y amigos. Verán qué bello es transitar por ese camino.
Carlitos abrazó a Marina y mirando a su maestra le tomó la mano y le dijo,
-Gracias Seño, la quiero mucho.
La maestra supo que era cierto porque en los ojos de Carlitos brillaba la
llamita de la verdad.
Marina había tomado la otra mano de la maestra, el recreo había terminado y los
tres se alejaron, felices, hacia las aulas, ya definitivamente por el camino de
la verdad.
Enojado
¿Estás enojado con
tu madre?
Préstamela un poquito...
yo ya no la tengo.

Marina, Carlitos y el chanchito
Llegaba el día de mi cumpleaños y mis queridos
nietos, Marina y Carlitos, vendrían a participar del festejo.
Así fue que, un día antes (legaron a mi chacra, en las afueras de la ciudad.
Para nosotros, sus abuelos, es muy especial estar con ellos, si bien son muy
pícaros y siempre están planeando algo raro, los queremos muchísimo.
Aquel día les mostré el lechón que habíamos estado engordando para la cena y les
comenté que lo asaríamos a la parrilla; los chicos se miraron, pero no
comentaron nada. Ya oscurecía, así fue que entramos a la casa, cenamos y nos
fuimos a dormir.
Al otro día, me levanté temprano y fui hasta el pueblo a realizar algunas
compras, cuando regresé entré directamente a la cocina a buscar el cuchillo y en
ese momento mi esposa me dijo que fuera a ver lo que habían hecho nuestros
nietos.
Pensé en algo malo y salí casi corriendo, Marina y Carlitos habían limpiado el
chiquero, que brillaba, impecable, lo mismo que el chanchito, al que habían
adornado con un moño rojo.
Los chicos, todos sucios, se abrazaban al pequeño cerdo, su entusiasmo era tan
grande que ni se dieron cuenta de mi presencia, los dejé y regresé a la casa.
Cuando llegó la hora de la cena y ya estábamos todos
sentados a la mesa, Marina y Carlitos vieron entrar a la abuela con una enorme y
humeante fuente... de tallarines. Todos sonreímos por el cambio de menú, pero
estábamos contentos.
Busqué a mis nietos con la mirada para felicitarlos por su muestra de amor, y me
di cuenta de que las dos sillas estaban vacías.
Los abuelos salimos a buscarlos y los encontramos junto al chiquero. El
chanchito, apoyado sobre sus patas traseras, se asomaba sobre el tejido y con su
hocico parecía besar las manos de Marina y Carlitos. Ellos estaban muy felices,
nosotros también.
Serás feliz
Si hoy quieres ser libre,
sé justo.
Si hoy quieres ser justo,
comparte.
Si hoy compartes,
serás libre y justo.
Si hoy lo haces,
serás feliz.

Aquel caballo criollo
¡Qué estampa! Estaba acostumbrado a ver
caballos criollos, pero éste me impresionó, su cola había sido cortada al igual
que sus crines, se notaba que estaba muy bien cuidado.
El hombre encargado del caballo era un tal Mingo Gómez, correntino, pa' más
datos.
Los fines de semana competía en carreras cuadreras y siempre resultaba ganador.
Daba gusto ver al dueño acariciando al animal en el final de cada carrera.
Después lo de siempre, el Mingo le ponía la manta y lo llevaba de tiro hacia el
corral techado, comenzaba con el baño, luego la rasqueta para peinarlo, la
comida y allí se quedaba el magnífico caballo, descansando. Muchas veces me
acercaba a acariciarlo, su pelaje tan bien cuidado llamaba mi atención.
Yo era muy joven y para mí todo esto era maravilloso. Un día mis padres tuvieron
que mudarse pues el horno de ladrillos donde trabajábamos se iba del lugar, así
que dejé de ver a mi amigo, e.l caballo. Pasados unos meses pedí permiso pa'
volver al pueblo. La verdad, lo que más quería, era ver al caballo. Llegué una
mañana, muy temprano y encontré al Mingo. Mientras lo saludaba yo miraba pal'
corral y vi que estaba vacío. Pregunté temeroso por mi amigo y el Mingo me
contestó: "No te asustes,
está pastoreando allá en el campo. Es que perdió ''.., unas cuantas carreras y
el patrón compró otro caballo, pero ganador" .
Miré a campo abierto y lo vi, sin manta, tenía la cola crecida y enredada con
algunos abrojos. Me fui acercando lentamente, como quien no quiere llegar, le
pasé la mano por el cuello y no pude evitar algunas lágrimas... sí, lágrimas,
pero de hombre.
El caballo apoyó su cabeza en mi hombro con tal suavidad que yo no sentí el peso
y después salió corriendo. Se paró a unos metros, se dio vuelta y me miró. Nunca
volví a sentir una mirada tan triste. Entonces abandoné el campo sin saludar a
nadie, al Mingo tampoco.
Hoy me doy cuenta de lo fácil que es usar al ganador y luego abandonarlo. Sigo
pensando y me imagino qué distinto sería el mundo si los hombres tuvieran la
nobleza de nuestro caballo criollo.
Dar
Si mucho das...
mucho tendrás.

El canto de la libertad
Los padres de Marina y Carlitos habían ido de
compras a la feria dominical y al volver trajeron de regalo una jaula bastante
grande, cubierta con un manto rojo.
Desde la jaula tres aves hermosas y extrañas observaban a la familia en pleno.
"Nos contó el vendedor que las han traído de un país muy lejano y que su canto
es maravilloso", dijo la mamá.
Pasaron los meses y a pesar del cariño y los cuidados que las aves recibían,
jamás dejaron oír su famoso canto, así que tanto los niños como sus padres
estaban un poco desilusionados.
Un día Marina y Carlitos, estando solos en la casa, decidieron jugar con las
aves. Lo primero que hicieron fue cerrar todas las ventanas y abrir la puerta de
la jaula. Una de las aves salió volando tan rápido que se golpeó contra una
pared, las otras dos salieron de la jaula e intentaron un vuelo más lento. Los
chicos se reían pero las aves estaban asustadas. Marina puso comida y agua sobre
la mesa y las aves, ya más tranquilas, se acercaron a comer y beber. Luego
levantaron vuelo, se posaron sobre un perchero y comenzaron a cantar. Era tan
bello su canto que Marina, emocionada, no pudo contener algunas lágrimas.
Sin dejar de cantar los pájaros regresaron a su jaula, ante la mirada
maravillada de los niños.
Este juego se repitió varias veces, hasta que un día Marina y Carlitos
decidieron abrir las ventanas para que los pájaros salieran al jardín.
Con gran alegría las aves volaban, haciendo figuras en el aire, bajaban hasta
donde estaban los chicos, comían, bebían y seguían con sus juegos, brindando su
canto, que además de la belleza habitual, transmitía una sensación de paz y
felicidad.
Tan entretenidos estaban que ninguno se dio cuenta de que los padres habían
regresado y que estaban muy sorprendidos al ver en el jardín tres aves idénticas
a las suyas cantando con tanta fuerza.
-¿Por qué será que nuestros pájaros no quieren cantar?- dijo la mamá. -¿No será
que deberían estar en libertad?
-No creo, tienen una jaula muy linda, comida, cariño. No, creo que no.- contestó
el papá.
Pero al entrar a la casa y ver la jaula abierta y vacía comprendieron todo.
Carlitos y Marina regresaron desde el jardín y las tres aves que los seguían
entraron solas en la jaula, como siempre.
Desde aquel día, la jaula es aún más hermosa, ya no tiene puertas. Por las
tardes, la familia se reúne en el jardín y escucha con gozo la risa de los
niños, el rumor del viento entre las hojas y a las aves que cantan felices. Su
canto es alegría... están en libertad.
Hablar mucho
no es lo mismo
que decir mucho.

Parte del Libro "Cuentos para
niños de 8 a 108" II de Pancho Aquino
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