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El Milagrero

EL MILAGRERO

Hoy ha dejado de llover, hace seis días la llegada de esta esperanzada humedad fue una bendición para los sembrados.  Hoy con tanta agua caída sin interrupción se está convirtiendo en una emergencia rural, todo es un lodazal resbaladizo que dificulta todas las tareas, lo que empeora la miseria. El sol asomó brillante. Aunque es una mañana fresca, todos salieron de sus casas con la alegría pintada en sus rostros. Daniel y yo llegamos a la quinta “Los Arroyos” de don Ponce, y después de la visita, al salir, nos apoyamos en el portón y recordamos a Esteban. Desde aquí se pueden divisar los terrenos bajos que se extienden por varios kilómetros a la derecha de las vías del ferrocarril. Avanzando por un camino vecinal, se cruza el puente del desaguadero del frigorífico, (cerrado hace años) para encontrarse a los quinientos metros con el predio de la empresa recolectora de residuos domiciliarios, que tira y cada dos días y quema los desechos recogidos en la ciudad. El lugar es inmenso, no menos de cien camiones son descargados durante las 24 horas. Allí, hombres, mujeres y niños, revuelven la basura con un trozo de hierro en forma de gancho, buscando comida y elementos para vender (botellas, cartones, metales, plásticos).El lugar está siempre sumido en el humo, que en las noches frías flota estático sobre todo el lugar. Entre este lugar y el estero que se encuentra al fin del camino un asentamiento marginal llamado “Bajo Chico”. Allí se pueden observar armazones de ranchos a medio embarrar, remendados con plásticos, cartones y latas,…y diversos tipos de viviendas, lugar para sobrevivir precariamente, al principio por un tiempo, con la esperanza de ir lejos de allí, pero pasado el tiempo se acostumbran, y sumado a los vínculos familiares, de amistades y de vecinos, permanecen hacinados en esos lugares miserables para siempre, pues la mala alimentación recibida en la niñez y la falta de instrucción durante toda su vida anulan la oportunidad de aspirar a un trabajo mejor. En estos grupos la fe religiosa juega un papel preponderante. En esta región todos pertenecen a algún grupo cristiano, mayormente de la rama evangelista, de los cuales reciben ayuda humanitaria y tienen reuniones religiosas en el mismo barrio, el resto son católicos que van a misa lejos de allí en la ciudad; pero éstos y los otros cuando tienen problemas de convivencia, amor o salud van a los mismos curanderos, tarotistas, brujos y adivinadores en busca de soluciones. Dentro de estos grupos sociales hay dos polos bien marcados, los que juntan desechos para vender y los que se los compran, ambos viven en el mismo lugar, y cuando más tratan de diferenciarse, más se parecen, pues juntos conviven en la promiscuidad, con las enfermedades, la superstición y la ignorancia. De este lugar salió la historia que ahora redactaré: “Donde se olían las huellas de la noche bañadas de rocío, con un cielo prometedor de chaparrones, transitaba den Esteban Gómez, con sus ropas remendadas con colores a destinos y viejas manchas que recordaban su ausente hábito de limpieza, con el pelo alisado con la mano y la barba descuidada, donde los asombrosamente limpios eran, ese reloj barato que sujetaba estrechamente su muñeca por sobre el puño de tela, y su cuchillo, dentro de una vaina de cuero duro y reseco, metido en la cintura , bajo el pantalón y sujetados ambos con la cuerda que hacía de cinto y todo cubierto por el faldón de la camisa. Esteban trabajaba en changas a la orilla de la ciudad, pero la mayor parte del tiempo la pasaba juntando botellas y cartones en el basural, y con la ganancia de estos compraba caña que llevaba en su bolsita inseparable; muchos recordaban su nombre como el del borracho pendenciero que terminaba de noche durmiendo  a la vera del camino. Se supo que allá por los años de su niñez, cuando habitara en una chacra con sus padres sufriendo de sequías e inundaciones, había sido mordido por una Yarará (serpiente muy venenosa), y después de ser curado malamente, y se salvara, como dicen los conocidos, de puro milagro, se crió con un marcado cambio de conducta (por las secuelas), sobretodo cuando soplara seco y ardiente el incansable viento del norte. En una oportunidad estando borracho como de costumbre, en un anochecer ventoso y en la penumbra, juntando botellas, tomó de la cola una víbora que creyó muerta y la lanzó por el aire ante la presencia de todos, el animal al caer se deslizó rápidamente y como nadie distinguió que era una especie inofensiva, con gran asombro todos comenzaron a atribuirles poderes sobrenaturales, que sumados a los recuerdos de su niñez, no faltó quien le consultara alguna dolencia, que solucionó recurriendo a los remedios que le diera su madre y todo sumado a una gran suerte. Logró aliviar algunos dolores de barriga. Esta situación lo elevó por sobre todos, pero todos seguían fuertemente impresionados, pues Esteban cada vez que hallara un ofidio inofensivo, lo asía de cualquier parte y lo arrojaba con lentitud lejos de los presentes, que con ahogados gritos de estupor y asombro, alimentaban la idea mágica de poder, que él también comenzó a hacer suya. Su vida cambio rápidamente, ya no bebía sin control, se rasuraba la barba y el cabello en una trenza enroscada se lo acomodaba bajo el sombrero. Todos decían que él podía hacer lo que quisiera con sólo levantar los brazos y pronunciar algunas palabras por lo bajo, después que vieran en una ocasión, cuando un pequeño acoplado cargado se deslizó hacia atrás en dirección a él, y éste paralizado de terror sólo atino a levantar los brazos y a formular algunas incoherencias, que nadie oyó, en el  preciso instante que el rodado volcó bruscamente a sus pies; después de pasar unos instantes de estupor sus conocidos lo rodearon con marcada obsecuencia aunque éste aún no podía emitir palabras. Su fama creció rápidamente e incontrolable tanto que él mismo creía, totalmente convencido que sus poderes eran totalmente ilimitados. Desde entonces su presencia en las reuniones familiares era motivo de alegría y todos trataban de agasajar lo mejor posible al ilustre invitado, que en ocasiones muy especiales, lucia alrededor de su cuello un collar de dientes de jabalí, blancos y relucientes. Cualquier situación especial se la atribuían al Milagrero, aun cuando él no estuviese en las inmediaciones, con esto cualquier idea por más absurda que pareciera era insignificante ante los pensamientos de Esteban que estaba totalmente convencido de sus poderes. Ayer viernes, muy temprano, se dirigió junto a un grupo numeroso donde se mezclaban fieles admiradores, incrédulos y curiosos al encuentro de las vías del ferrocarril, con una idea que lo acosaba hasta en sueños, ahora mostraría al mundo la magnitud de su poder. Invadido por su flamante ego, lucía su afamado collar y la trenza colgaba lacia sobre la espalda, al momento que el expreso de las diez cruzaba a gran velocidad el puente, distante unos pocos metros del lugar donde se encontraba Esteban, con el firme propósito de detenerlo con la fuerza de su poder, esbozó una sonrisa, puso los brazos en alto y dio un salto al medio de las vías”.

FIN

 

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