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Javier Baldessari

Javier Baldessari

SIN TITULO

No fue ni el amarillo
descendiendo en silencio,
sobre esos rostros perfumados de noche,
ni un azul decadente de neón
de cartelerías indescifrables a la distancia;

tampoco ese propio color
que trae el fresco,
gris o plata
penetrando entre las mesas,
dándonos un maquillaje
de tenue melancolía,
de sensación de lo venidero,
de lo que vendría y lo sentía
carraspear con el viento
poblando mis  manos
de probable escritura,
de inminente palabra
ni mucho menos fue el color opaco
o el sonido con color y opaco
de esas horas

fue el rojo,
fue sólo eso fue: el rojo
tonalidad de una prenda que enarbolabas
que encendía la noche y la invocaba
como si el invierno fuese
una palabra inútil, que con frío
pasase inmutable
mientras encendías un cigarrillo
y fumabas ajena
en aquellos días tuyos

SIN TITULO

Porque el invierno no era la llave
ni el pasadizo por el que me deslizaba al sueño;
ese territorio fértil y vegetal
ese remanso donde el nombre flotaba
provocándome este insomnio:
costras de frío en los ojos,
este tiritar de improviso en la boca
al llamarte en silencio por tu nombre.

Porque la sentida y ajetreada ciudad
vista por mí
no era del torbellino metálico y rojizo
en el centro de las intersecciones
en las avenidas,
ni de los murmullos en altavoz
de todos los ciegos
venciendo la última hora de trabajo
murmurando sus frustraciones diarias,
ni de los segundos picoteados
de navajas y cuchillos:
dagas certeras sobre cada segundo abolido
que exterminaba al tiempo
a espaldas nuestras;

pero siendo si, hecha
de una forma fatal y ciclónica
con el temblor de verte en todos los nombres
en todos los bancos
en todos los pórticos de las casas
sabiéndome de antemano el gesto
de levantar los ojos y los brazos
y exclamar al cielo
reclamando un fragmento de tu nombre
una fracción de su fragancia.
 

Porque el invierno era esto
que traigo adherido en los labios:
una blancura cadenciosa
una sal solitaria y quebrada
un exterminio de palabra
que voy resumiendo con sombras
en el más quieto silencio
en el laberinto de una duda
con una fiebre vaga y añeja.

SIN TITULO

Brillar era tu preferencia,
como tu alegría, tu elección
era ser esa luz para mí
de a poco mostrada

Escogías la fiesta, es decir
la vitalidad propia
de esos colores de dicha:
     tonalidades de pasar para ser vista  

     carmines, violetas
tonos dorados, de plata,
despiertos siempre
salpicantes de luces siempre;
tonalidades que escogías
entre toda la gama de colores
entre tanta opción de marea triste
de esa manera de gris ciudad melancólica y polvorienta
de azules de esquinas
de violáceas casas solitarias

Tu opción era permanente
mi elección era única
cuando mis opciones entre tantos colores
era sola el de los ojos arriba sobre el sol
con toda su brillante y única opción de vitalidad
a ser elegida.

No eras elección, eras mi única acechanza
mientras sabías partir dejando
rostros arremolinados
sensaciones de espirales en el aire:
una imagen distorsionada para mí
de una realidad abolida
con un fragmento de cielo melancólico
de firmamentos de ausencia sin la presencia tuya

como al recordarte
navegando ante mis ojos
flotando casi,
ante tanto cristal y brillo de diamantes
con el que surgías de a momentos
y con el que te ibas como un sol claudicante
que entre crestas de ciudad sin nombre
y entre edificios, se pierde
de una forma indefectible.

SIN TITULO

Con un gesto encallado en la boca
vienes con la boca partida de silencio
vienes con el mar en llamaradas
en los labios desplegando la rosa
con su fuego austero y que arde mansamente

te atrapo desde municipios y colegios
desde vertiginosas atalayas
desde laberintos de partidas avenidas
y entradas de cines solitarios

desde podridas marejadas te atrapo
de olas que rompen su batiente
de décadas destrozadas de infamias
desde boleterías y antesalas

donde sólo se revende el polvo
y las hojas de los árboles viejos y caídos

Como en un gesto que fenece
de antiguas bestias que pasan
sobre el hollín y el polvo que flota te veo
sabiendo oírte con ese paso que tenías
de posarte en un instante
con el murmullo de frutas que maduras caen,
de objetos que solos y en silencio
en la siesta se acomodan,
con el sonido de cucharas y cuchillos
de comidas solitarias en casas solas y vacías.

Como en un gesto te voy estableciendo
en silencio, minuciosamente
subiéndome el mascullar entre los labios
partiéndome de rabia los días
quebrando mis dientes
y mordiendo una palabra lejana
en una inquietud de espadas
que en habitaciones amarillas
caen y se parten en silencio

SIN TITULO

Una ventana
por la que se desboca la noche;
ese gran ojo viviente
sobre el que pasan
reflejados acontecimientos;

siete y treinta:
la avenida es un hervidero
de insectos brillando
una espesura que se agiganta
un torbellino, una marejada
de miles de ojos fosforescentes;

ese oleaje se detiene,
por un instante se aminora
deja su respirar tranquilo,
conteniéndose, con él me contengo
hasta batirse nuevamente
con fuerza renovada,
me despedazo con esa nueva
contienda que arremete;

siete y treinta:
todo torna a ser vital:
de un árbol
sus millones de ojos se abren
y danzan
en el monótono compás del viento;
en el aire
millones de mariposas del polvo giran;
la humedad es un gigante
con los ojos puestos
en todas las cosas;

–estoy en todo– digo
y a su vez todo está en mí,
paseo estando quieto,
estas palabras pasean
al filo de la noche que se abre
sus pétalos se abren
buscando devorar lo que vendrá;
mis palabras vertidas
parecieran caer dentro de ella;

intentar precisar todo
es asistir a esa gran orgía
a la vorágine que todo lo toma,
–me pierdo– pienso
y al acabar el pensamiento
ya me encuentro extraviado
danzando
con el sonido
de la tarde en picada.

SIN TITULO

Olvidaste tus cigarros
ahí probé el sabor de tu boca:

un sabor picante en el humo
una imagen difusa de tu cara
el recuerdo de ella
mezclada en las sombras:

el olvido;
o este juego;

rescatar
rebrotar
la desnuda
la confusa imagen
tuya
aparecida
en la distancia.

SIN TITULO

De mareas
hecha
en vaivén
como un latido
la luz
(blanca)
en la siesta

ella
abre y niega
lumínicos ojos

al cerrarlos
yo los abro

nunca
podremos encontrarnos.

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