Hoy Tu Tiempo Es Real
Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amos quedaron lejos
Y lejos el pesar que desalienta.
Tu edad de otras edades se alimenta
No importa lo que digan los espejos
Tus ojos todavía no están viejos
Y miran, sin mirar, más de la cuenta.
Tu esperanza ya sabe su tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.
Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Les has ganado a tus sombras, aleluya.
Mario Benedetti
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El Césped
“Desde la tribuna es un tapete verde. Liso, regular, aterciopelado, estimulante. Desde la tribuna quizá crean que, con semejante alfombra, es imposible errar un gol y mucho menos errar un pase. Los jugadores corren como sobre patines o como figuras de ballet. Quien es derrumbado, cae seguramente en un colchón de plumas, y si se toma, doliéndose, un tobillo, es porque el gesto forma parte de una pantomima mayor. Además, cobran mucho dinero simplemente por divertirse, por abrazarse y treparse unos sobre otros, cuando el que se queda bajo ese sudoroso conglomerado hizo el gol decisivo. O no decisivo, es lo mismo. Lo bueno en treparse unos sobre otros mientras los rivales regresan a sus puestos, taciturnos, amargos, cabizbajos, cada uno con su barata soledad a cuestas. Desde la tribuna es tan disfrutable el racimo humano de vencedores como el drama particular de cada vencido…”
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Puntero Izquierdo
Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios.
Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja
Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la
fatalidad, justo esa tarde, no pudo disparar por la uña encarnada. Y
si no acordate de aquella canchita de mala muerte, creo que la del
Torricelli, donde le movieron el esqueleto al pobre Cabeza, un negro
de mano armada, puro pamento, que ese día le dio la j.oca de escupir
cuando ellos pasaban con la bandera. Y si no acordate de los menores
de Cuchilla Grande, que mandaron al nosocomio al back del Catamarca,
y todo porque le habían hecho al capitán de ellos la mejor jugada
recia de la tarde. No es que me arrepienta, ¿sabés? de estar aquí en
el hospital, se lo podés decir con todas las letras a la barra del
Wilson. Pero para poder jugar más allá de Propios hay que tenerlas
bien puestas. ¿O qué te parece haber ganado aquella final contra el
Corrales, jugando nada menos que nueve contra once? Hace ya dos años
y me parece ver al Pampa, que todavía no había cometido el afane
pero lo estaba germinando, correrse por la punta y escupir el
centro, justo a los cuarenta y cuatro de la segunda etapa, y yo que
la veo venir y la coloco tan al ángulo que el golerito no la pudo ni
pellizcar y ahí quedó despatarrado, mandándose la parte porque los
de Progreso le habían echado el ojo. ¿O qué te parece haber
aguantado hasta el final en la cancha del Deportivo Yi, donde ellos
tenían el juez, los línema y una hinchada piojosa que te escupía
hasta en los minutos adicionados por suspensiones de juego, y eso
cuando no entraban al fiel y te gritaban: ¡Yi! ¡Y¡! ¡Yi! como si
estuvieran llorando, pero refregándole de paso el puño por la
trompa? Y uno haciéndose el etcétera porque si no te tapaban. Lo que
yo digo es que así no podemos seguir. 0 somos amater o somos
profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no
es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se
revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un
penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está
bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden
de vos. Yo sé que para todos estuve horrible y no preciso que me
pongas esa cara de Rosigna y Moretti. Pero ni vos ni don Amílcar
entienden ni entenderán nunca lo que pasa. Claro, para ustedes es
fácil ver la cosa desde el alambrado. Pero hay que estar sobre el
pastito, allí te olvidás de todo, de las instrucciones del
entrenador y de lo que te paga algún mafloso. Te viene una cosa de
adentro y tenés que llevar la redonda. Lo ves venir al jalva con su
carita de rompehueso y sin embargo no podés dejársela. Tenés que
pasarlo, tenés que pasarlo siempre, como si te estuvieran dirigiendo
por control remoto. Si te digo que yo sabía que esto no iba a
resultar, pero don Amílcar que empieza a inflar y todos los días a
buscarme a la fábrica. Que yo era un puntero izquierdo de
condiciones, que era una lástima que ganara tan poco, y que cuando
perdiéramos la final él me iba arreglar el pase para el Everton.
Ahora vos calculá lo que representa un pase para el Everton, donde
además de don Amílcar que después de todo no es más que un cafisho
de putas pobres, está nada menos que el doctor Urrutia, que ése sí
es Director de Ente Autónomo y ya colocó en Talleres al entreala de
ellos. Especialmente por la vieja, sabés, otra seguridad, porque en
la fábrica ya estoy viendo que en la próxima huelga me dejan con dos
manos atrás y una adelante. Y era pensando en esto que fui al café
Industria a hablar con don Amílcar. Te aseguro que me habló como un
padre, pensando, claro, que yo no iba a aceptar. A mí me daba risa
tanta delicadeza. Que si ganábamos nosotros iba a ascender un club
demasiado díscolo, te juro que dijo díscolo, y eso no convenía a los
sagrados intereses del deporte nacional. Que en cambio el Everton
hacía dos años que ganaba el premio a la corrección deportiva y era
justo que ascendiera otro escalón. En la duda, atenti, pensé para mi
entretela. Entonces le dije el asunto es grave y el coso supo con
quien trataba. Me miró que parecía una lupa y yo le aguanté a pie
firme y le repetí que el asunto es grave. Ahí no tuvo más remedio
que reírse y me hizo una bruta guiñada y que era una barbaridad que
una inteligencia como yo trabajase a lo bestia en esa fábrica. Yo
pensé te clavaste la foja y le hice una entradita sobre Urrutia y el
Ente Autónomo. Después, para ponerlo nervioso, le dije que uno
también tiene su condición social. Pero el hombre se dio cuenta que
yo estaba blando y desembuchó las cifras. Graso error. Allí no más
le saqué sesenta. El reglamento era éste: todos sabían que yo era el
hombre gol, así que los pases vendrían a mí como un solo hombre. Yo
tenía que eludir a dos o tres y tirar apenas desviado o pegar en la
tierra y mandarme la parte de la bronca. El coso decía que nadie se
iba a dar cuenta que yo corría pa los italianos. Dijo que también
iban a tocar a Murias, porque era un tipo macanudo y no lo tomaba a
mal. Le pregunté solapadarnente si también Murias iba a entrar en
Talleres y me contestó que no, que ese puesto era diametralmente
mío. Pero después en la cancha lo de Murias fue una vergüenza. El
pardo no disimuló ni medio: se tiraba como una mula y siempre lo
dejaban en el suelo. A los veintiocho minutos ya lo habían expulsado
porque en un escrimaye le dio al entreala de ellos un codazo en el
hígado. Yo veía de lejos tirándose de palo a palo al meyado Valverde
que es de esos idiotas que rechazan muy pitucos cualquier oferta
como la gente, y te juro por la vieja que es un amater de órdago,
porque hasta la mujer, que es una milonguita, le mete los cuernos en
todo sector. Pero la cosa es que el meyado se rompía y se le tiraba
a los pies nada menos que a Bademian, ese armenio con patada de
burro que hace tres años casi mata de un tiro libre al golero del
Cardona. Y pasa que te contaglás y sentís algo dentro y empezás a
eludir y seguís haciendo dribles en la línea del córner como
cualquier mandrake y no puede ser que con dos hombres menos (porque
al Tito también lo echaron, pero por bruto) nos perdiéramos el
ascenso. Dos o tres veces me la dejé quitar, pero, ¿sabés?, me daba
un dolor bárbaro porque el jalva que me marcaba era más malo que
tomar agua sudando y los otros iban a pensar que yo había disminuido
mi estándar de juego, Allí el entrenador me ordenó que jugara
atrasado para ayudar a la defensa y yo pensé que eso me venía al
trome porque jugando atrás ya no era el hombre-gol y no se notaría
tanto si tiraba como la mona. Así y todo me mandé dos boleos que
pasaron arañando el palo y estaba quedando bien con todos. Pero
cuando me corrí y se la pasé al ñato Silveira para que entrara él y
ese tarado me la pasó de nuevo, a mí que estaba solo, no tuve más
remedio que pegar en la tierra porque si no iba a ser muy bravo no
meter el gol. Entonces mientras yo hacía que me arreglaba los
zapatos el entrenador me gritó a lo Tittarufo: «¿Qué tenés en la
cabeza? ¿Moco?» Esto, te juro, me tocó aquí adentro, porque yo no
tengo moco y si no preguntale a don Amílcar, él siempre dijo que soy
un puntero inteligente porque juego con la cabeza levantada.
Entonces ya no vi más, se me subió la calabresa y le quise demostrar
al coso ése que cuando quiero sé mover la guinda y me saqué de
encima a cuatro o cinco y cuando estuve solo frente al golero le
mandé un zapatillazo que te lo vogliodire y el tipo quedó haciendo
sapitos pero exclusivamente a cuatro patas. Miré hacia el entrenador
y lo encontré sonriente como aviso de R'der y recién entonces me di
cuenta que me había enterrado hasta el ovario. Los otros me
abrazaban y gritaban: «¡Pa los contras! », y yo no quería dirigir la
visual hacia donde estaba don Amílcar con el doctor Urrutia, o sea
justo en la banderita de mi córner, pero en seguida empezó a
¡legarme un kilo de putiadas, en las que reconocí el tono
mezzosoprano del delegado y la ronquera con bíter de mi fuente de
recursos. Allí el partido se volvió de trámite intenso porque entró
la hinchada de ellos y le llenaron la cara de dedos a más de cuatro.
A mí no me tocaron porque me reservaban de postre. Después quise
recuperar puntos y pasé a colaborar con la defensa, pero no marcaba
a nadie y me pasaban otro. Difícil, dijo Cañete. La enfermera que me
trata como al rey Farú y que tiene como ya lo habrás jalviado, su
bruta plataforma electoral, dice que tengo para un semestre. Por
ahora no está mal, porque ella me sube aúpa para lavarme ciertas
ocasiones y yo voy disfrutando con vistas al futuro. Pero la cosa va
a ser después; el período de pases ya se acaba, sintetizando, que
estoy colgado. En la fábrica ya le dijeron a la vieja que ni sueñe
que me vayan a esperar. Así que no tendré más remedio que bajar el
cogote y apersonarme con ese chitrulo de Urrutia, a ver si me da el
puesto en Talleres como me había prometido.






