Capítulo IX
Hibridismo
DISTINCIÓN ENTRE LA ESTERILIDAD DE UN PRIMER CRUZAMIENTO Y LA DE LOS
HÍBRIDOS; GRADOS DE ESTERILIDAD; DIFORMISMO Y TRIFORMISMO RECÍPROCOS.
La
opinión más vulgar entre los naturalistas es que las especies, cuando se
cruzan, han sido especialmente dotadas de esterilidad para impedir que se
confundan. A primera vista, esta opinión parece ciertamente muy probable,
porque apenas hubieran podido conservarse distintas las especies que viven
juntas si hubieran sido susceptibles de cruzarse libremente. Es en muchos
conceptos importante para nosotros este asunto, sobre todo porque la
esterilidad de las especies, cuando por primera vez se cruzan, y la de su
descendencia híbrida, no puede haberse adquirido, como demostraremos,
conservando grados ventajosos y sucesivos de esterilidad, sino que es
resultado incidental de las diferencias en el sistema reproductivo de las
especies madres.
Al
tratar este asunto se han confundido generalmente dos clases de hechos,
hasta cierto punto fundamentalmente diferentes, a saber: la esterilidad de
las especies, cuando por primera vez se cruzan, y la esterilidad de los
híbridos, productos de estos cruzamientos.
Las
especies puras tienen naturalmente sus órganos de reproducción en estado
perfecto, y sin embargo, cuando se cruzan, producen poca o ninguna
descendencia. Los híbridos, por otra parte, tienen sus órganos reproductivos
funcionalmente impotentes, como puede claramente verse en el estado del
elemento macho, tanto en las plantas como en los animales, aunque sean
perfectos en estructura los órganos formadores, en cuanto el microscopio los
revela. En el primer caso son perfectos los dos elementos sexuales que
entran a formar el embrión; en el segundo, o no están del todo desarrollados
o lo están imperfectamente. Es importante esta distinción al tener que
considerar la causa de la esterilidad común en los dos casos, y
probablemente ha sido pasada ligeramente por alto, porque en ambos se ha
creído que la esterilidad era un don especial, fuera del alcance de nuestra
razón.
La
fertilidad de las variedades, es decir, de las formas que se sabe o que se
cree que descienden de padres comunes, cuando se cruzan, y de igual modo la
fertilidad de su descendencia mestiza, son, en lo que a nuestra teoría se
refiere, de igual importancia que la esterilidad de las especies, porque al
parecer establece ancha y clara distinción entre las variedades y las
especies.
En
cuanto a la esterilidad de los híbridos en generaciones sucesivas, aunque
Gaertner pudo criar algunos híbridos guardándolos cuidadosamente para que no
se cruzaran con ninguno de raza pura, durante seis o siete generaciones, y
durante diez en un caso, afirma positivamente que su fertilidad no crece
nunca, sino que generalmente disminuye mucho y de repente. Con respecto a
esta disminución, lo primero que hay que notar es que cuando es común a
ambos padres cualquier desviación en la estructura o constitución, se
transmite esta con frecuencia en grado creciente a la descendencia, y en las
plantas híbridas ambos elementos sexuales están ya un tanto afectados. Pero
creemos que su fertilidad ha disminuido en casi todos estos casos por causa
independiente, a saber: por cruzamientos demasiado próximos. Hemos hecho
tantos experimentos y reunido tantos hechos que prueban por una parte que en
ocasiones el cruzamiento con un individuo o variedad distintos aumentan el
vigor y fertilidad de la descendencia, y por otra parte que el cruzamiento
muy próximo disminuye su vigor y fertilidad, que no nos cabe duda de la
exactitud de esta conclusión. Los híbridos rara vez son criados en gran
número por los experimentadores; y como las especies madres u otras híbridas
inmediatas crecen generalmente en el mismo jardín, debe evitarse
cuidadosamente, durante la estación florida, el acceso de los insectos. Por
esto los híbridos, cuando se abandonan a sí mismos, son generalmente
fecundos en cada generación por polen de la misma flor, y esto probablemente
sería nocivo a su fecundidad, ya aminorada por su origen híbrido, por lo
cual nos confirma una proposición hecha repetidas veces por Gaertner, a
saber: que aun los híbridos menos fértiles, si son fecundados
artificialmente por polen híbrido de la misma clase, se hacen decididamente
más fecundos y continúan aumentando en fecundidad a pesar de los frecuentes
y malos efectos de la manipulación. Ahora bien; en el procedimiento de la
fecundidad artificial sabemos por experiencia propia que, tan pronto como se
toma por casualidad polen de las anteras de otra flor, como de las de la
misma flor que hay que fertilizar, se realiza muchas veces el cruzamiento
entre dos flores de la misma planta. Además, cuando se hacen experimentos
complicados, un observador tan cuidadoso como Gaertner debió haber castrado
sus híbridos, y esto le hubiera dado seguridad, en cada generación, de que
no se realizaba el cruzamiento con polen de una flor distinta, ya fuera de
la misma planta, o de otra de la misma naturaleza híbrida. De este modo, a
nuestro juicio, puede explicarse el hecho extraño de que aumente la
fertilidad en las generaciones sucesivas de los híbridos artificialmente
fecundados, en contraste con los que lo son espontáneamente, por haberse
evitado el cruzamiento consanguíneo.
Con
respecto a la esterilidad de los híbridos cuyos elementos sexuales están
imperfectamente desarrollados, el caso es un tanto diferente. Más de una vez
nos hemos referido a una gran serie de hechos que demuestran que cuando se
saca a los animales y a las plantas de sus condiciones naturales son en
extremo susceptibles de serias afecciones en sus sistemas reproductivos. Lo
cual, en verdad, es un gran obstáculo para la domesticidad de los animales,
porque entre la esterilidad así provocada y la de los híbridos hay tantos
puntos de semejanza que, en ambos casos, la esterilidad es independiente de
la salubridad general, y va a menudo acompañada de exceso de tamaño o de
gran exuberancia. En ambos casos ocurre la esterilidad en varios grados; en
ambos, el elemento macho es el más susceptible de ser afectado, aunque
algunas veces la hembra lo es más que el macho. En ambos, la tendencia
acompaña hasta cierto punto la afinidad sistemática, porque grupos enteros
de animales y plantas se hacen impotentes por las mismas condiciones no
naturales, mientras que grupos enteros de especies tienden a producir
híbridos estériles.
Algunos autores han dado mucha importancia a la suposición de que solamente
en los mestizos los descendientes no son intermedios en carácter, sino que
se parecen mucho a uno de los padres; pero esto también ocurre algunas veces
con los híbridos, aun cuando concedemos que con mucha menos frecuencia.
Examinando los casos reunidos por nosotros, de animales cruzados que se
parecen mucho a uno de los padres, las semejanzas están, al parecer,
limitadas principalmente a caracteres casi monstruosos en su naturaleza, y
que han aparecido de repente, como el albinismo, melanismo, falta de rabo o
de cuernos o mayor número de dedos en manos o pies, y no a aquellos
caracteres que han sido lentamente adquiridos por medio de la selección. La
tendencia al retroceso repentino hacia el carácter perfecto de uno de los
dos padres sería también mucho más probable que ocurriera en los mestizos
descendientes de variedades súbitamente producidas y semimonstruosas en
carácter, que en los híbridos que descienden de especies lenta y
naturalmente producidas. En suma, convenimos totalmente con el doctor
Prósper Lucas, el cual, después de haber clasificado una enorme selección de
hechos con respecto a los animales, llegó a la conclusión de que las leyes
del parecido de la prole con sus padres son las mismas, aunque éstos se
diferencien mucho o poco entre sí; más claro, que son las mismas, siendo los
padres individuos de la misma variedad o de diferentes variedades o de
especies distintas.
Independientemente de la cuestión de esterilidad y fecundidad, parece haber
en todos los demás conceptos semejanza general e inmediata en la
descendencia de las especies y de las variedades cruzadas. Si miramos a las
especies como creaciones especiales y a las variedades como productos de
leyes secundarias, esta semejanza sería hecho asombroso, pero que
armonizaría perfectamente con la opinión de que no hay distinción esencial
entre especies y variedades.
Los
primeros cruzamientos entre formas lo suficientemente distintas como para
ser clasificadas como especies y sus híbridos son generalmente estériles,
pero no siempre. La esterilidad pasa por tantos grados y es a menudo tan
pequeña, que los experimentadores más cuidadosos han llegado a conclusiones
diametralmente opuestas al clasificar las formas según esta prueba. La
esterilidad es innatamente variable en individuos de la misma especie, así
como eminentemente susceptible a la acción de condiciones favorables y
desfavorables. El grado de esterilidad no es consecuencia rigurosa de la
afinidad sistemática y está determinado por algunas leyes curiosas y
complejas, siendo en general diferente, en los cruzamientos recíprocos entre
dos mismas especies, y no teniendo siempre igual grado de intensidad en el
primer cruzamiento y en los híbridos que de este derivan.
De la
misma manera en que al injertar árboles depende la aptitud de una especie o
variedad para prender en otra que presente diferencias desconocidas en sus
sistemas vegetativos, que generalmente son de naturaleza desconocida, es
también mayor o menor la facilidad en los cruzamientos el que una especie se
una a otra por efectos de diferencias desconocidas en sus sistemas
reproductivos. No hay más razones para creer que las especies han sido
dotadas especialmente con varios grados de esterilidad para impedir que se
crucen y mezclen en la naturaleza, que las que hay para pensar que los
árboles han sido dotados especialmente de varios grados un tanto análogos de
dificultad para el injerto, dirigidos a impedir que se injerten por sí solos
en nuestros bosques.
La
esterilidad de los primeros cruzamientos y de su progenie híbrida no ha sido
adquirida por medio de la selección natural. En el caso de los primeros
cruzamientos, parece depender de varias circunstancias, y algunas veces, en
la mayor parte, de la temprana muerte del embrión. Tratándose de híbridos,
depende aparentemente de que toda su organización ha sido perturbada por ser
compuesto de dos formas distintas, estando su esterilidad íntimamente
enlazada con la que tan frecuentemente afecta a las especies puras expuestas
a condiciones nuevas y no naturales de vida.
Quienquiera que explique estos últimos casos podrá explicar la esterilidad
de los híbridos. Esta opinión tiene firme apoyo en cierto paralelismo de
otra clase, a saber: primero, en que los cambios pequeños en las condiciones
de vida aumentan el vigor y fertilidad de todos los seres orgánicos; y
segundo, en que el cruzamiento de formas que han estado expuestas a
condiciones de vida ligeramente diferentes o que han variado, favorece el
tamaño, vigor y fecundidad de su descendencia. Los hechos acerca de la
esterilidad de las uniones ilegítimas de las plantas dimórficas y
trimórficas y de su ilegítima progenie hacen probable que exista algún lazo
desconocido que conexione en todos los casos el grado de fertilidad de las
primeras uniones con el de sus descendientes. La consideración de estos
hechos sobre el dimorfismo y también la consideración de los resultados de
los cruzamientos recíprocos, claramente llevan a la conclusión de que la
causa primaria de la esterilidad de las especies cruzadas está reducida a
diferencias en sus elementos sexuales, pero no sabemos por qué, en el caso
de especies distintas, habrán sido aquellos más o menos modificados,
conduciendo a su inferioridad mutua, aunque parece que esto está en estrecha
relación con haber estado expuesta la especie, durante varios períodos de
tiempo, a condiciones de vida próximamente uniformes.
No es
sorprendente que la dificultad al cruzar dos especies cualesquiera y la
esterilidad de su descendencia híbrida se correspondan en la mayor parte de
los casos, aunque sea debido a causas distintas, porque ambas dependen de la
cantidad de diferencia existente entre las especies que se cruzan. Tampoco
es sorprendente que la facilidad de efectuar un primer cruzamiento, la
fertilidad de los híbridos por él producidos y la aptitud de ser injertados
juntos (aunque esta última aptitud depende evidentemente de circunstancias
en extremo diferentes) corran todas hasta cierto punto parejas con la
afinidad sistemática de las formas sujetas al experimento, porque la
afinidad sistemática incluye parecidos de todas clases.
Los
primeros cruzamientos entre formas que son variedades reconocidas, o
bastante análogas para ser consideradas como variedades, así como sus
descendientes mestizos, son fértiles casi siempre, pero no invariablemente,
como tan a menudo se ha pretendido. Tampoco es sorprendente esta casi
universal y perfecta fecundidad si se recuerda cuán expuestos estamos a
argumentar en círculo vicioso con respecto a las variedades en estado de
naturaleza, y si no olvidamos que el mayor número de variedades ha sido
producido en la domesticidad por la selección de diferencias meramente
externas, y que no han estado aquellas mucho tiempo expuestas a condiciones
de vida uniformes. También debe recordarse especialmente que la domesticidad
prolongada por mucho tiempo tiende a eliminar la esterilidad, y que es por
lo tanto muy poco probable que provoque esta misma cualidad.
Independientemente de la cuestión de fecundidad, en todos los demás
conceptos hay un parecido generalmente grande entre los híbridos y los
mestizos, en cuanto atañe a su variabilidad, en poder absorberse mutuamente
por cruzamientos repetidos y en heredar caracteres de ambas formas madre.
Finalmente, aunque seamos tan ignorantes respecto a la causa precisa de la
esterilidad en los primeros cruzamientos y en los híbridos, como lo somos en
cuanto a por qué los animales y las plantas sacados de sus condiciones
naturales se hacen estériles, los hechos presentados no nos parecen opuestos
a la creencia de que las especies existiesen primeramente como variedades.
