Capítulo VI
Dificultades de la teoría
DIFICULTADES DE LA TEORÍA DE DESCENDENCIA CON MODIFICACIONES.
Todas
las dificultades y objeciones a la teoría pueden clasificarse en los
siguientes puntos:
1)
¿Por qué, si las especies han descendido de otras especies por delicadas
graduaciones, no vemos por todas partes innumerables formas de transición?
¿Por qué toda la naturaleza no está confusa en vez de presentarse las
especies tan bien definidas como las vemos?
2) ¿Es
posible que un animal que tenga, por ejemplo, la estructura y las costumbres
de un murciélago, pueda haber sido formado por la modificación de algún otro
animal con costumbres y estructuras extremadamente diferentes? ¿Podemos
creer que la selección natural llegue a producir, por una parte, un órgano
de insignificante importancia, como la cola de la jirafa, que sirve de
espantamoscas, y por otra parte, un órgano tan maravilloso como el ojo?
3)
¿Pueden los instintos adquirirse y modificarse por medio de la selección
natural? ¿Qué diremos del instinto que lleva a la abeja a hacer celdas, y
que prácticamente se ha adelantado a los descubrimientos de notables
matemáticos?
4)
¿Cómo podemos explicarnos que las especies sean estériles o produzcan crías
tales, mientras que cuando se cruzan las variedades su fertilidad es
vigorosa?
Primero: creemos que las especies llegan a ser muy definidas, y que en
ningún momento presentan caos intrincado de lazos variables e intermedios,
porque las nuevas variedades se forman muy lentamente, pues la variación es
un procedimiento lento, y la selección natural nada puede hacer hasta que
ocurran diferencias o variaciones favorables individuales, y hasta tanto
pueda ser mejor ocupado un lugar en la economía natural del país, por alguno
o algunos de sus habitantes modificados. Estos nuevos lugares dependerán de
lentos cambios de clima o de la inmigración accidental de nuevos habitantes,
y probablemente en un grado todavía más importante, de que alguno de los
habitantes antiguos se modifique poco a poco con las nuevas formas de este
modo producidas y las antiguas, obrando por acción y reacción las unas sobre
las otras, de modo que en cualquier región y en cualquier tiempo debemos
solamente ver unas pocas especies que presenten pequeñas modificaciones de
estructura en algún grado permanentes, y esto es lo que vemos.
Segundo: las áreas que hoy son continuas deben haber existido en un período
reciente como porciones aisladas, en las cuales muchas formas, especialmente
las clases que se unen para cada nacimiento, pueden haberse hecho
separadamente distintas como para figurar como especies representativas, en
cuyo caso las variedades intermedias entre las varias especies
representantes y su madre común, habrán existido primitivamente en cada
porción aislada de la tierra. Pero durante el procedimiento de la selección
natural habrán sido suplantados y exterminados estos eslabones, de tal modo,
que ya no podrá encontrárselos en estado de vida.
Tercero: cuando se han formado dos variedades o más en diferentes porciones
de un área estrictamente continua, es probable que las variedades
intermedias se hayan formado al principio en las zonas intermedias, pero
generalmente habrán tenido duración corta. Por las razones ya asignadas, a
saber: por lo que ya conocemos de la distribución actual de las especies muy
próximas o representantes y de las variedades reconocidas, estas variedades
intermedias existirán en las zonas intermedias en número inferior a las
variedades a cuyo enlace tienden. Por lo tanto, solamente las variedades
intermedias estarán sometidas a exterminio accidental, y durante el
procedimiento de ulterior modificación por medio de la selección natural,
serán casi ciertamente combatidas y suplantadas por las formas que ellas
enlazan; porque estas presentarán en conjunto más variedades, puesto que
existen en mayor número, y de este modo se mejorarán más por medio de la
selección natural, adquiriendo posteriores ventajas.
Por
último, sin considerar ahora un tiempo dado, sino todos los tiempos, si
nuestra teoría es verdadera, precisamente deben haber existido innumerables
variedades intermedias, unión íntima de todas las especies del mismo grupo;
pero el verdadero procedimiento de la selección natural tiende
constantemente, como ya se ha dicho muchas veces, a exterminar las formas
primitivas y los lazos intermedios. Por consiguiente, sólo pueden
encontrarse las pruebas de su anterior existencia entre los restos fósiles
conservados, como intentaremos demostrar más adelante, en los anales
geológicos, tan imperfectos, digámoslo así, como todos sabemos.
HASTA
QUÉ PUNTO ES VERDADERA LA DOCTRINA UTILITARIA; CÓMO SE ADQUIERE LA BELLEZA.
Las
anteriores observaciones nos llevan a decir algunas palabras sobre la
protesta hecha recientemente por algunos naturalistas contra la
doctrina utilitaria de que cada detalle de estructura ha sido producido para
el bien de su poseedor. Creen que muchas estructuras han sido creadas para
la belleza, para el deleite del hombre o del Creador (aunque este último
punto sale del campo de la discusión filosófico científica), o solamente por
mera variedad, opinión que ya hemos discutido; pero, de ser verdad tales
doctrinas, serían absolutamente fatales para nuestra teoría.
Con
respecto a la creencia de que los seres orgánicos fueron creados hermosos
para recreo del hombre (creencia que, se ha anunciado, derriba toda nuestra
teoría) debemos primero hacer notar que el sentido de la belleza depende
evidentemente de la naturaleza del espíritu, con independencia de toda
cualidad real en el objeto admirado, y que la idea de lo que es hermoso ni
es innata ni inalterable. Vemos esto, por ejemplo, en los hombres de razas
diferentes, que admiran un tipo enteramente distinto de belleza en sus
mujeres. Si los objetos hermosos hubieran sido creados únicamente para goce
del hombre, habría que probar que antes de que el hombre apareciese había
menos belleza en la faz de la tierra que desde que él se presentó en escena.
La
belleza, en muchos casos, parece ser debida por completo a la simetría del
crecimiento. Las flores se clasifican entre las producciones más hermosas de
la naturaleza; pero se han hecho visibles por contraste con las hojas
verdes, y por consiguiente hermosas, al mismo tiempo para que puedan ser
fácilmente observadas por los insectos.
La
selección natural no puede producir ninguna modificación en una especie
exclusivamente para el bien de otra, aunque en la naturaleza una especie
incesantemente se aproveche de las estructuras de las demás. Pero la
selección natural puede producir, y a menudo produce, estructuras en daño
directo de otros animales. Hemos visto que las especies no son
indefinidamente variables en cualquier período, y que no están escalonadas
por multitud de gradaciones intermedias; en parte, porque el procedimiento
de la selección natural es siempre muy lento, y obra, en cualquier tiempo
dado, solamente sobre unas pocas formas; y en parte porque el mismo
procedimiento de la selección natural lleva implícitas la suplantación
continua y la extinción de los grados precedentes e intermedios. Las
especies estrechamente unidas, que viven ahora en un área continua, deben en
muchos casos haber sido formadas cuando el área no lo era y cuando las
condiciones de vida no se graduaban insensiblemente desde una parte a otra.
Cuando se formen dos variedades en dos localidades de una región continua,
se formará a menudo una variedad intermedia, propia para una zona también
intermedia; pero, por razones ya dadas, la variedad intermedia será
comúnmente menos numerosa que las dos formas que enlaza, y por consiguiente,
estas, durante el curso de ulterior modificación, tendrán gran ventaja para
existir en mayor número sobre la variedad intermedia, y acabarán
generalmente por suplantarla y exterminarla.
Debemos ser precavidos en la conclusión de que no pueden graduarse uno en
otro los hábitos más diferentes de vida; que, por ejemplo, un murciélago no
pudo haber sido formado por la selección natural de un animal que al
principio sólo hendía el aire.
En dos
seres extensamente alejados uno de otro en la escala natural, los órganos
que sirven para el mismo propósito, aunque sean en su apariencia externa muy
semejantes, pueden haber sido formados separada o independientemente. Cuando
tales órganos son examinados de cerca, casi siempre pueden descubrirse en su
estructura diferencias esenciales, siendo esto consecuencia lógica del
principio de la selección natural. Por otra parte, la regla común en toda la
naturaleza es infinita diversidad de estructura para alcanzar el mismo fin;
y esta también es consecuencia natural del mismo gran principio.
En
muchos casos, somos demasiado ignorantes para poder afirmar que una parte o
un órgano sea tan importante para el bienestar de una especie, que las
modificaciones en su estructura no puedan haberse ido acumulando lentamente
por medio de la selección natural. En otros muchos casos, es probable que
las modificaciones sean resultado directo de las leyes de variación o de
crecimiento, independientemente de que aquellas hayan alcanzado bien alguno.
Pero aun en esas estructuras podemos estar seguros de que después han sido
aprovechadas y modificadas en beneficio de las especies, bajo condiciones
nuevas de vida. También podemos creer que frecuentemente se ha conservado
una parte que tuvo gran importancia en otros tiempos (como la cola de un
animal acuático en sus descendientes terrestres) aunque haya llegado a ser
de importancia tan pequeña, que no podría en su estado actual haber sido
adquirida por medio de la selección natural.
Sabemos que una especie en nuevas condiciones de vida puede cambiar sus
hábitos o tenerlos diversificados; y algunos pueden ser distintos de los de
sus congéneres más inmediatos. Con esto podemos entender, teniendo presente
que cada ser orgánico trata de vivir en todas las partes que puede, cómo ha
sucedido que haya ocas de tierra adentro con pies empalmados, picamaderos en
el terreno, tordos que bucean y petreles con las costumbres de los pájaros
bobos.
Aunque
la creencia de que un órgano tan perfecto como lo es el ojo pudiera haber
sido formado por la selección natural es bastante para hacer vacilar a
cualquiera, sin embargo, en el caso de un órgano determinado, si tenemos
noticia de una larga serie de graduaciones en su complejidad, cada una de
ellas ventajosa para su poseedor, no hay imposibilidad lógica de que, en
condiciones cambiadas de vida, adquiera, por medio de la selección natural,
cualquier grado de perfección concebible. En los casos en que no sabemos
nada de los estados intermedios o de transición, tenemos que ser
extremadamente cautos para deducir que no puede haber existido ninguno,
porque las metamorfosis de muchos órganos prueban que, por lo menos, son
posibles maravillosos cambios en sus funciones. Por ejemplo: la vejiga
natatoria ha sido aparentemente convertida en pulmón que respira aire. El
mismo órgano que haya desempeñado en forma simultánea funciones muy
diferentes, y que después haya sido especializado en todo o en parte para
una sola, y dos órganos distintos que hayan desempeñado al mismo tiempo la
misma función, habiendo sido el uno perfeccionado con ayuda del otro, deben
muchas veces haber facilitado bastante las transiciones.
La
selección natural nada puede producir en una especie para el bien o daño
exclusivo de otra, aunque sí puede producir partes orgánicas y excreciones
altamente útiles o indispensables, y también altamente dañosas para otra
especie; pero han de ser en todos los casos útiles al mismo tiempo para el
poseedor. En cada país bien poblado, obra la selección natural por medio de
la competencia de los habitantes, y por consiguiente, lleva al triunfo en la
batalla por la vida, pero solamente de acuerdo con el tipo modelo de aquel
país determinado. Por esto los habitantes de un país pequeño ceden a menudo
ante los habitantes de otro más grande, porque en este existirán más
individuos y formas más diversificadas, lo que produce una competencia más
severa, y por ende el tipo de perfección se habrá hecho superior. La
selección natural no conducirá necesariamente a la perfección absoluta, ni
tampoco, en cuanto nuestras facultades limitadas nos permiten juzgar, puede
señalarse en todas partes cuál sería la perfección absoluta.
Con la
teoría de la selección natural podemos entender claramente el sentido
completo de aquel antiguo canon de historia natural: "Natura non fácil
saltum", el cual no es estrictamente exacto si miramos sólo a los actuales
habitantes del mundo; pero si incluimos a todos los de los tiempos pasados
conocidos y por conocer, dentro de nuestra teoría debe ser perfectamente
verdadero.
Se
reconoce generalmente que todos los seres orgánicos han sido formados según
dos grandes leyes: unidad de tipo y condiciones de existencia. Por unidad de
tipo se entiende ese acuerdo fundamental en la estructura que vemos en los
seres orgánicos de la misma clase, y que es totalmente independiente de sus
hábitos de vida. Según nuestra teoría, se explica la unidad de tipo por la
unidad de descendencia. La expresión "condiciones de existencia", en la que
tan a menudo insiste el ilustre Cuvier, es cabalmente comprendida por el
principio de la selección natural. Pues esta obra, o bien adaptando ahora
las varias partes de cada ser a sus condiciones de vida orgánicas e
inorgánicas, o bien, habiéndolas adaptado en épocas pasadas, son ayudadas en
muchos casos por el mayor o menor uso de las partes afectadas por la acción
directa de las condiciones externas de vida, y en todos los casos sujetas a
las diversas leyes de crecimiento y variación. Por esta razón, la ley de las
condiciones de existencia es la ley superior, pues incluye, por la herencia
de variaciones y adaptaciones anteriores, la ley de la unidad de tipo.
