|
|
|
|
|
|
|
|
|
CAPITULO 13 Chorlito solitario Batitu Chorlo rojizo Becasa de mar Chorlo polar Pico tijera Gaviota cocinera Gaviota de capucho negro Maca grande Perdiz del monte Martineta colorada Perdiz chica común Martineta copetona común Ñandú CHORLITO SOLITARIO Rhyacophilus solitarius Dedo del medio casi tan largo como el tarso. Arriba gris oliva oscuro con marcas más negras y ligeramente salpicado de blanco; cobijas superiores de la cola negruzcas, rayadas de blanco; cola blanca con rayas negruzcas; abajo blanco; lados del cuello y pecho veteados y rayados con gris pardusco; cobijas inferiores de las alas negruzcas, rayadas de blanco; largo 21,5, ala 17,5 centímetros. Hembra similar. El bien conocido y bien llamado Chorlo solitario, llega al Plata más tarde que otras aves de su familia. Difiere mucho de ellos en sus hábitos, evitando los llanos húmedos y las márgenes barrosas de pantanos y lagunas, en donde se congrega la mayoría. Hace su casa en el costado de un charco bien protegido por sus orillas o por árboles y hierbas, y con un borde claro en el que pueda correr con libertad. El ave permanecerá solitaria y satisfecha mientras haya un poco de agua en el charco elegido, aun cuando sea solamente un poco de lodo en el fondo de una zanja. Cuando alguien se acerca, corre con rapidez a lo largo de la orilla, parándose a intervalos para mover la cabeza, en lo que se asemeja al Chorlo de patas amarillas, y emitir grititos de alarma, agudos y secos. Al fin, alzando el vuelo, lanza su peculiar y delicioso grito: una nota larga, tres veces repetida, de un carácter tan claro y penetrante que parece un sonido demasiado fino y brillante aun para un ser tan libre y aéreo como un ave. El vuelo es muy veloz y salvaje. El ave se eleva alto y se lanza a un lado y otro, emitiendo su penetrante grito de tres sílabas todo el tiempo y, al fin, tirándose hacia abajo, cae súbitamente de nuevo en el mismo sitio de donde habla partido. Una vez me agradó y divirtió el descubrir, en un charquito retirado en un monte, bien escondido a la vista por árboles y plantas acuáticas un Chorlito y una Ardea (Garza) azul viviendo juntos. La Ardea vigilaba con paciencia, en busca de pececitos y, cuando no pescaba, dormitaba en una rama baja que sobresalía horizontalmente por encima del agua; mientras su compañero corría con vivacidad a lo largo de la orilla, alzando pequeños insectos del agua. Cuando se los molestaba, alzaban el vuelo juntos, la Ardea con su grito áspero y rechinante, el Chorlito, lanzando con delicadeza sus notas finas y vivas: un maravilloso contraste! Después de esto, cada vez que visité el charco, encontré a estos dos ermitaños (uno de modales tan calmos, el Otro tan vivaces) viviendo juntos en paz. BATITU Actitura bartramius Arriba negruzca, las plumas ribeteadas con marrón amarillento; rabadilla negra; cobijas de las alas marrón amarillentas rayadas de negro; primarias negruzcas; abajo blanco; pecho y flancos ocre, salpicados y rayados de negro; superficie interna de las alas rayada de blanco y negro; pico amarillento, punta negra; patas amarillas; largo 25, ala 16 centímetros. Hembra similar. El Batitú, un Chorlo con los hábitos de un Avefría, es una especie norteamericana con una distribución muy amplia. Su área de reproducción se extiende sobre una gran porción de los Estados Unidos, en donde se lo conoce como el "Upland Plover". Últimamente, el pueblo de este país le ha estado prestando mucha atención. Han descubierto que es un ave encantadora y, simultáneamente, que durante las últimas tres o cuatro décadas, sus cazadores lo han exterminado casi por completo. Temen que le esté pasando lo mismo que a la Paloma viajera, la Gallina silvestre, la Cotorra de Carolina, el Carpintero pico de marfil, y creo que ahora debemos agregar el Chorlo polar. El Batitú difiere de sus compañeros de migración de la misma familia, desde el Norte hasta Argentina, en su amplia y uniforme distribución sobre aquella porción de las pampas en donde los ordinarios pastos nativos que una vez cubrieron el país han desaparecido, comprendiendo un área de no menos de ciento sesenta mil kilómetros cuadrados. Comienzan a llegar en septiembre, arribando solos o en pequeños grupos de tres o cuatro, y aunque nos parezca extraordinario, sobre todo cuando consideramos la larga distancia que recorre y la monótona naturaleza del terreno llano que usa como "área de alimentación", es probable que cada ave retorne al mismo lugar año tras año, pues de ninguna otra manera podría mantenerse tal distribución y aparecer las aves todos los veranos esparcidas de un modo uniforme en una superficie tan inmensa. En las pampas se lo llama "Chorlo solo" debido a su hábito solitario, pero es más general el nombre de Batitú ,abreviación del nombre indígena Mbatuitui. Es de disposición tímida y cuando alguien se le acerca prefiere esconderse antes que volar, escapándose con rapidez entre los altos pastos y cardos, o escondiéndose detrás de un penacho de hierbas hasta que el peligro haya pasado o, a menudo, cuando los pastos son cortos, se aplasta en el suelo como la Agachona. Corre con velocidad y hace pausas frecuentes. Mientras permanece inmóvil, con la cabeza alzada, mueve la cola arriba y abajo de una manera lenta y mesurada. Cuando se lo espanta, se eleva hacia arriba con un vuelo salvaje y súbito, lanzando su grito fuerte y melodioso compuesto de tres notas, acentuadas con mayor intensidad la primera y la última. A veces, cuando está muy alarmado, la primera nota es repetida con rapidez y se convierte en un sonido burbujeante, como el del Cuclillo europeo, pero mucho más musical. Después de volar un corto trecho se deja caer de nuevo en el suelo, agitando las alas de una manera trémula, a medida que va descendiendo. A veces, después de posarse, continúa inmóvil durante varios segundos con las alas extendidas verticalmente. Estos movimientos de las alas y otros hermosos gestos, le dan una apariencia muy atractiva. En sus hábitos remolones y en su desgano para volar, es más parecido a una Gallareta que a una Becasina. Como algunas Gallaretas, también se posa con frecuencia en los árboles y cercas, costumbres que no he observado en ninguna otra especie Limicolinae. Habita las pampas de septiembre a marzo, pero a principios de febrero se inicia la gran migración de retorno. A partir de este momento y durante dos meses, el melodioso grito del Batitú se oye lejos, en el cielo, a todas horas del día y de la noche, mientras las aves vuelan hacia el Norte. En algunas estaciones, se encuentran rezagados en el mes de abril, pero antes que llegue el invierno no queda ya ninguno. CHORLO ROJIZO Tryngites rufescens Arriba negro pardusco oscuro, cada pluma con un ancho ribete color ante; alas negruzcas, terminadas con angosto borde blanco, con la mitad interna de las barbas interiores blanquecina reticulada de negro; cola negruzca, rectrices externas más claras, cada una con una media luna subterminal negra y con borde terminal blanco; abajo color ante, más oscuro en la garganta y pecho, ribeteado de blanquecino, más claro en los flancos y vientre; cobijas primarias inferiores rayadas y reticuladas de negro, como las barbas internas de las primarias, y formando un marcado contraste con el resto de la superficie interna del ala, que es de un blanco puro; largo 19,5, ala 13,5 centímetros. Hembra similar. Esta especie es también una visitante anual de las pampas, proveniente de las regiones árticas, en donde se reproduce. A principios de octubre, comienza a llegar por lo general en pequeños grupos. Durante el verano rara vez se la encuentra en bandadas de cualquier tamaño en las pampas, pero se la ve por lo común en suelos secos y abiertos, asociada con el Chorlo dorado, el Chorlo polar y otras especies nórdicas. Sin embargo, yo pienso que es probable que viaje más al Sud que sus compañeros de migración norteamericanos, y que tiene sus principales lugares de alimentación en alguna parte en el interior de Patagonia, y también que su viaje al Norte tiene lugar más tarde que el de otras especies. En algunas estaciones he observado estas aves en abril y mayo, en bandadas de doscientos a quinientos individuos, dirigiéndose hacia el Norte, bandada tras bandada, a intervalos de alrededor de quince minutos, y pasando sin cesar durante vanos días. BECASA DE MAR Limosa haemastica En verano: arriba negro pardusco oscuro mezclado, en la cabeza, con líneas blanquecinas longitudinales, en el cuello con castaño claro y con muchas de las plumas de la espalda manchadas o ribeteadas con castaño claro; alas y cola negruzcas, la mitad superior de las barbas internas de las primarias y secundarias, la parte basal de las rectrices externas y una ancha banda a través de las cobijas superiores de la cola, de un blanco puro; abajo: mejillas y garganta blanquecinas que se convierte en castaño claro en el cuello, rayado longitudinalmente de negro; resto de la superficie inferior castaño más oscuro con rayas transversales negruzcas. En invierno: arriba de un uniforme pardusco oscuro; cabeza, cuello y superficie inferior, blanco sucio o color ante pálido; largo 26, ala 21,5 centímetros. La Becasa de mar, según nos cuenta Seebohm, "se reproduce en las tundras de Norte América, al norte de donde se desarrollan los bosques, desde Alaska hasta la bahía de Baffin, pero es rara en la extremidad Oeste de la zona en la cual se extiende". En invierno va lejos al Sud, como la mayoría de los otros Grallae. Durnford la encontró "abundante, de abril a septiembre, en las lagunas y arroyos del Sud de Buenos Aires"; y afirma que, en hábitos, se asemeja mucho a la Becasa europea (Limosa lapponica). El también la encontró en Chupat (Chubut), en donde obtuvo dos ejemplares el 13 de noviembre de 1876. Yo la he encontrado en bandadas durante el verano del hemisferio austral, y estas aves, como aquellas obtenidas por Durnford eran, sin duda, visitantes del Norte. Pero siempre, pequeñas bandadas compuestas de medía docena a treinta aves, comienzan a aparecer en las pampas en abril y permanecen allí, como dice Durnford, hasta septiembre que es cuando los viajeros nórdicos han ya casi cumplido con su visita. Sin embargo, estos individuos deben reproducirse cerca o más allá de la extremidad de Sud América. Es muy curioso que las regiones Ártica y Antártica de América posean la misma especie y que, en opuestas estaciones del año dicha especie invernará en el mismo distrito, ¡tan alejado del lugar de reproducción de un grupo de individuos y tan cercano al otro! El capitán Abbot observó a la Becasa de mar en bandadas, en las islas Malvinas en el mes de mayo (ver "Ibis", 1861, pág. 156). Estas pueden no haber sido aves provenientes de Alaska, pero eran, sin duda, aves que anidan en el Sud en su camino al Norte, pues el hecho de que ellas pudieran invernar tan al Sud parece increíble. CHORLO POLAR Numenius borealis Arriba pardo oscuro, cada pluma ribeteada o salpicada de color ante pálido o blanco sucio, volviéndose más fuertemente marcado en la rabadilla y cobijas superiores de la cola; alas de un amarronado pardusco uniforme, estrechamente ribeteadas de blanco; cola marrón anteada, con rayas transversales parduscas; abajo: garganta blanca; resto de la superficie inferior, color ante pálido con manchas parduscas en forma más o menos de V en el pecho; flancos y cobijas internas de la cola, axilares y cobijas internas de las alas castaño pálidas con rayas transversales parduscas; largo 29, cola 21 centímetros. Hembra similar. El Chorlo polar, el que, como dice Seebolum, puede distinguirse de todos sus congéneres por no tener casi trazas de rayas en sus primarias y por estar recubierta la parte posterior del tarso con retículos hexagonales, emigra de las tundras de Norte América. en donde se reproduce, hasta el extremo austral de Sud América. Barrows notó su primera llegada a Concepción, Entre Píos, el 9 de septiembre de 1880, "en grandes bandadas". Después de mediados de octubre no se veía a ninguno. El mismo excelente observador lo vio, casi a diario, en las pampas entre Azul y Bahía Blanca, "en compañía del Chorlo dorado y del Batitú, hasta fines de febrero". Del 8 al 10 de octubre de 1877, Durnford lo vio en grandes bandadas en el valle del Chupat (Chubut), dirigiéndose hacia el Sud y obtuvo dos ejemplares. Los capitanes Packe y Abbot obtuvieron ejemplares en las Malvinas. En mis tiempos, el Chorlo polar era bastante común en las pampas en esta época, apareciendo de septiembre a octubre en pequeñas bandadas de treinta o cuarenta a cien o más aves y asociado, a menudo, con el Chorlo dorado. Pero por lo que ahora oigo decir a las autoridades de la Smithsonian Institution, de Washington, se ha prácticamente extinguido. PICO TIJERA Rhyrchops melanura Arriba negro pardusco; frente y banda de las alas blancas; cola negra; abajo blanco; pico: mitad terminal negra, mitad basal naranja; patas rojas, largo 25, ala 37,5 centímetros. Hembra similar. Esta ave que es común en las costas del Brasil, emigra hacia el Sud en primavera siguiendo, en su viaje, el curso del Río de la Plata.(250) Durante el mes de octubre aparece en parejas o en pequeñas bandadas en la vecindad de Buenos Aires. Su principal lugar de reproducción se halla en las extensas isletas de barro y bancos de Bahía Blanca, sobre la costa atlántica. La migración de retorno tiene lugar en marzo. Darwin encontró al Pico tijera durante su excursión a lo largo del Paraná, en octubre de 1833, y dice de él lo siguiente (Nat. Journ., pág. 161): "Yo vi aquí un ave muy extraordinaria, llamada Pico tijera (Rhyncohops nigra). Tiene patas cortas, pies con membrana, alas en extremo puntiagudas y es, más o menos, del tamaño de una Golondrina de mar. El pico está achatado lateralmente, esto es,en un plano que forma ángulo recto con el de la Espátula o el del Pato. Es tan plano y elástico como un cortapapel de marfil, y la mandíbula inferior, distinta a la de cualquier otra ave, es unos cuatro centímetros más larga que la superior. Detallaré acá todo lo que sé de los hábitos del Pico tijera. Se lo encuentra tanto en la costa Este como en la Oeste, entre los 300 y los 450 de latitud y frecuenta sitios de agua dulce o salada. El ejemplar que se encuentra ahora en la Sociedad Zoológica, fue cazado en un lago cerca de Maldonado, que había sido recién desagotado y que, en consecuencia, hervía de pececitos. Ahí vi varias de estas aves, por lo general en pequeñas bandadas, volando atrás y adelante, muy pegadas a la superficie del lago. Mantenían sus picos abiertos, con la mandíbula inferior medio sumergida en el agua. Con este rastreo de la superficie, parecía que iban arando el agua en su camino. El agua estaba casi lisa y constituía un espectáculo muy curioso el mirar a una bandada, pues cada ave dejaba su estrecha estela en la superficie parecida a un espejo. En su vuelo viran con frecuencia con gran rapidez y de un modo tan diestro que, con su saliente mandíbula inferior, alzan pequeños peces que son cogidos por la mitad superior de su pico, parecido a una tijera. Repetidas veces vi este hecho mientras, como las Golondrinas, continuaban volando adelante y atrás, muy cerca de mí. En ocasiones, cuando abandonaban la superficie del agua, su vuelo era salvaje, irregular y rápido y también emitían gritos fuertes y ásperos. Cuando estas aves están pescando, el largo de las primarias de las alas se ve que es muy necesario para mantener secas las demás. Cuando las emplea de esta manera, sus formas semejan el símbolo con el que muchos artistas representan las aves marinas. La cola es más usada para timonear su curso irregular. "Estas aves son comunes lejos, tierra adentro, a lo largo del curso del río Paraná. Se dice que permanecen todo el año y que anidan en los pantanos. Durante el día, descansan en bandadas en las llanuras herbosas, a cierta distancia del agua. Estando el barco en que yo iba, como ya he dicho, anclado en uno de los profundos riachos entre las islas del Paraná, cuando la tarde moría, apareció de pronto una de estas aves. El agua estaba bastante tranquila y los pececitos ascendían a la superficie. El ave continuó volando durante largo tiempo, espumando la superficie, volando con su modo brusco e irregular arriba y abajo del estrecho canal ahora oscuro con la noche que avanzaba y las sombras de los árboles que sobresalían de las costas. En Montevideo observé algunas grandes bandadas permanecer, durante el día, en los bancos de barro de la cabecera del puerto, de la misma manera que lo hacían en las llanuras herbosas cercanas al Paraná; y todas las noches alzaban el vuelo en dirección al mar. Por todo esto sospecho que el Rhynchops pesca, por lo general, de noche que es el momento en que la mayoría de los animales más inferiores suben en mayor cantidad a la superficie. Lesson dice que él ha visto a estas aves abriendo las conchas de los Mactrae, enterradas en los bancos de arena de la costa de Chile. Es muy poco probable que éste pueda ser un hábito general debido a sus débiles picos, con la mandíbula inferior tan prolongada, sus patas cortas y alas largas." GAVIOTA COCINERA Larus dominicanus Manto negro amarronado; primarias negras con extremos blancos y un parche subtermlnal en las aves viejas; resto del plumaje blanco; pico amarillo, naranja en el ángulo de la mandíbula inferior; patas oliva; largo 53, ala 45 centímetros. La Gaviota cocinera, que pertenece a la misma sección del grupo de las bien conocidas Gaviotas de espalda negra europeas, y que se asemeja mucho a nuestra Gran gaviota de espalda negra, es común, en invierno (de abril a agosto), a través del distrito del Plata. Durante los meses de verano se confina a la costa atlántica y anida, en grandes números, en la vecindad de Bahía Blanca, en los extensos bancos de arena y llanuras barrosas de allí y en otras localidades convenientes, más al Sud. Durnford la halló anidando en Punta Tombo, a unos ciento quince kilómetros más al Sud del río Chupat (Chubut). Con la llegada del tiempo frío, la Gaviota abandona la costa del mar y vaga tierra adentro y hacia el Norte. En esta época son, en forma casi exclusiva, comedoras de carne, con preferencia por la carne fresca y cuando el cuero ha sido arrancado de una vaca o caballo muertos, comienzan a aparecer, como los Buitres, anunciando su proximidad con sus largos y roncos gritos marinos y, a veces, mientras giran alrededor en el aire, unen sus voces en un coro parecido a risas y compuesto de notas repetidas con rapidez. Sus movimientos invernales son muy irregulares; en algunas estaciones son raros y, en otras, tan abundantes, que dejan amontonados fuera de las osamentas, sin permitirles acercarse, a las Gaviotas de capucho y a los Halcones comedores de carroña. Yo he visto de quinientas a seiscientas Gaviotas cocineras amontonadas alrededor de una vaca muerta. GAVIOTA DE CAPUCHO NEGRO Larus mculipennis Cabeza y nuca negro amarronado (en el traje nupcial); cola y partes inferiores blancas; manto gris pálido; primarias negras o gris oscuro, terminadas en blanco y con grandes parches blancos alargados en las porciones externas de la primera a la quinta, seguidos de una barra subterminal negra (en el L. glaucodes la porción más baja es blanca); parte interna de las alas gris pálido; pico, patas y pies rojo sangre; largo 42,5, ala 29 centímetros. Esta común Gaviota de capucho negro se encuentra a través del territorio argentino hasta Chupat (Chubut), en Patagonia. Es sumamente abundante en las pampas de Buenos Aires, donde se la llama simplemente Gaviota. En el mes de octubre se congregan en sus sitios de reproducción: extensos pantanos de tierra adentro, cubiertos, en parte, por juncos. Los nidos están hechos con malezas y juncos, ubicados justo sobre el agua y uno junto al otro, encontrándose a veces varios cientos en una superficie de menos de diez áreas o sea mil metros cuadrados. Pone cuatro huevos, grandes si se considera el tamaño del ave, de puntas romas, color pizarra pálido y muy salpicado de negro en el extremo grande y con manchas del mismo color esparcidas en las otras partes. Cada mañana, al nacer el día, las Gaviotas se elevan de sus nidos y revolotean en una nube por sobre el pantano, produciendo un ruido tan grande con la mezcla de sus gritos, que puede ser oído con claridad a unos cuatro kilómetros de distancia. Los huevos son considerados como un bocado exquisito, semejando los de las Avefrías en sabor y apariencia y siendo, por tanto, muy buscados; de tal modo que cuando la localidad cerca de la cual se han ubicado varias Gaviotas se puebla, las aves no tienen oportunidad de criar sus pichones, pues los muchachos de la vecindad cabalgan cada mañana por el pantano para juntar los huevos. Las Gaviotas, sin embargo, son muy apegadas a sus sitios de reproducción, y siguen acudiendo a ellos aún después de años de persecución. Los pichones son de un color gris pálido moteado de marrón oscuro y tienen un grito quejumbroso y plañidero. El plumaje se aclara durante el Otoño y el invierno, pero no es sino hasta el verano siguiente, cuando el capucho nupcial marrón oscuro es adquirido, que los pichones entran en posesión del perfecto plumaje gris azul suave arriba y el pecho blanco con su hermoso sonrosado. Tan pronto como los pichones pueden volar, el sitio de reproducción es abandonado, yéndose todo el conjunto en un solo grupo o diseminándose en todas direcciones sobre las regiones vecinas y, hasta el verano siguiente, sus movimientos dependen, por completo, del alimento y del agua. Si el tiempo es seco, las Gaviotas desaparecen del todo y si la langosta abunda, la gente de campo desea la lluvia para que traiga a las Gaviotas. Cuando llueve aparecen enseguida y, a menudo, en tal número como para librar a la tierra de los devastadores insectos. Es un espectáculo lindo y grato ver establecerse a una blanca nube de aves en los distritos afligidos por la plaga. En estas circunstancias su modo de proceder es tan regular, que bien merece el nombre de ejército. Descienden con un vuelo rápido y gracioso y se ubican en la tierra con fuertes gritos de alegría, pero una vez que el trabajo de devorar ha comenzado, no abandonan el orden de ataque. La bandada presenta, a menudo, un frente de más de trescientos metros por unos veinte metros de fondo. A lo largo de esta línea de batalla, los excitados gritos de las aves producen un ruido fuerte y continuo. Todas se mueven sin cesar, algunas rastreando la superficie con las alas extendidas, otras persiguiendo a las fugitivas en el aire, mientras que las últimas vuelan sin cesar por sobre la bandada para posarse en las posiciones de avanzada de modo que el conjunto avanza de un modo constante devorando, a su paso, todas las langostas. Cuando llegan por primera vez parecen famélicas, pero después de hartarse vuelan hasta el agua en donde, una vez que han bebido, devuelven el alimento y regresan a reanudar la batalla. En primavera, estas Gaviotas se acercan a las granjas para seguir al arado. Llenan los surcos recién abiertos, de punta a punta, revolotean por sobre la cabeza del campesino que está arando y que lleva, pegada a sus talones, una barullenta multitud que se pelea sin cesar. La expresión de Wilson al describir una especie del Norte de que su grito es como la risa excesiva de un negro", sirve también para describir el lenguaje de nuestra ave. Su grito peculiar es alargado a voluntad, modulado de cien maneras distintas y entremezclado con notas cortas que parecen exclamaciones de excitación. Después de comer, vuela siempre al sitio más cercano en donde haya agua, a fin de beber y mojar sus plumas. Una vez hecho esto se retiran a algún lugar abierto de la vecindad, que posea una alfombra de pastos cortos. Se sientan siempre juntas, con sus picos vueltos hacia el viento y el observador vigilará en vano a la bandada, esperando ver a alguna apartarse de este hermoso orden. No se paran para volar, sino que se elevan directamente de una postura echada. Por lo general baten las alas dos o tres veces antes de alzar el cuerpo del suelo. En algunas estaciones, en agosto y septiembre, después de un periodo de tiempo húmedo y caluroso, las larvas de los grandes escarabajos cornudos salen a la superficie, levantando pequeños montículos de tierra como hacen los topos. A menudo son tan numerosos que dan a las llanuras en donde los pastos han sido cortados muy a ras del suelo, la apariencia de estar cubiertas de barro. Estos insectos constituyen una rica cosecha para los Teros que, en estas épocas de abundancia, se pueden ver corriendo durante todo el día, explorando y desalojándolos de abajo de sus frescos montículos. Las Gaviotas, desprovistas de un pico explorador, se aprovechan de su astucia y violencia superiores, para robar a los Teru-teru. A menudo y con el mayor interés he observado durante horas sus procedimientos. En el instante en que una gran larva, blanca como la nieve, es extraída, la Gaviota hace una embestida para tomarla, el Tero vuela y se inicia una violenta cacería. Tras cien fintas inútiles el Tero suelta su presa y desciende hacia la tierra con un grito de desengaño. El perseguidor frena su vuelo, revolotea un instante mirando la larva caída, luego se deja caer sobre ella, la engulle y se apura tras el Tero para reanudar su vigilancia. Muchas de estas Gaviotas rondan las estancias para alimentarse de los desperdicios que, por lo general, se encuentran en abundancia alrededor de los establecimientos ganaderos. Cuando una vaca es carneada, se reúnen en gran número y pelean con las aves de corral sobre los despojos. Forman también un séquito fiel en la choza del pastor y si, cuando la majada va a pastar, queda en el redil un cordero muerto, se regalan con él en compañía de los Chimangos. Los grandes saladeros que antes estaban cerca de Buenos Aires, también eran frecuentados por gran cantidad de estos limpios y lindos basureros. Aquí se veían muchísimos revoloteando por sobre las cabezas, mezclando sus gritos de excitación con el mugido del ganado medio salvaje y los gritos de los carneadores en su rudo trabajo. A intervalos, cada vez que un resquicio se los permite, se abalanzan al suelo, que humea de sangre y desperdicios, y alzan con voracidad cualquier pedazo que puedan tomar sin ni siquiera salpicar o manchar su delicado traje blanco lila y azul etéreo. En las pampas abiertas su curiosidad y su ira parecen muy excitadas al aparecer una persona a pie. No bien la Gaviota lo ha espiado, se lanza hacia él con un rápido vuelo, emitiendo gritos fuertes e indignados que atraen siempre a todos los camaradas que los oyen. Todos pasan y repasan, revoloteando sobre la cabeza del paseante, chillando todo el tiempo como si estuvieran muy encolerizados. Al fin se retiran uniendo sus voces en una especie de coro y agitando sus alas hacia arriba de un modo lento y curioso. Pero muy a menudo, cuando casi se han perdido de vista, giran de pronto y retornan apuradas gritando con celo renovado, para repetir de nuevo el espectáculo, hermoso pero molesto. MACÁ GRANDE Aechmophorus major Arriba negruzco; cresta occipital dividida negro bronceado; barra ancha que atraviesa el ala, blanca; abajo blanco; barba ceniza oscuro; cuello, pecho y costados del vientre (en el adulto), más o menos rojos; pico amarillento, patas oscuras; largo 52,5, ala 20 centímetros. El nombre vernáculo de esta ave es Macá cornudo; siendo la primera palabra el nombre indígena genérico para los Policipédidos, mientras que la segunda es debida a la costumbre que tiene el ave de parar las plumas de la nuca en forma de cuerno cuando se la excita. Esta especie se encuentra a través del Este argentino, partiendo desde el límite Norte con Patagonia central, en donde Durnford encontró que abunda y es sedentaria. Encontré muchas en Río Negro y en un principio era también muy común a lo largo del Río de la Plata, pero debido a su gran tamaño y a la belleza de su lustroso plumaje de la parte inferior, se la busca muchísimo y está desapareciendo. Resulta imposible hacerle abandonar el agua. Cuando se lo descubre en un charquito, se lo puede perseguir hasta agotarlo y tomarlo con la mano. Sin embargo, a veces realiza largos vuelos para pasar de un lago, que está aislado, a otro. Es probable que efectúe sus viajes de noche. Existen pocas diferencias entre los hábitos de los Policipédidos y, sólo una vez vi una de estas aves que actuaba de una manera que parecía muy poco usual. Este Macá estaba nadando y se divertía en un charco profundo y estrecho. No se alarmó por mi presencia, a pesar de que me senté en la orilla a unos veinticinco metros de él. Lo vi zambullirse y aparecer con un pececito de unos ocho centímetros en el pico. Después de permanecer inmóvil por un corto instante, lo arrojó a considerable distancia con un rápido movimiento de su pico y luego, en el momento en que el pez tocó el agua, se zambulló de nuevo. Al poco rato emergió con el mismo pez, pero sólo para arrojarlo y zambullirse como lo había hecho antes. De este modo lo soltó y capturó unas quince veces hasta que, cansado del juego, lo largó y dejó escapar. Gibson tiene la anotación siguiente relativa al hábito de reproducción del Macá grande, según lo observó en Ajó, cerca de la desembocadura del Río de la Plata: "P. major anida cerca de fines de agosto, ubicando su nido entre los juncos más espesos del pantano. El nido, hecho de malezas acuáticas frescas, se alza justo sobre el nivel del agua. Dos veces, al acercarme, he visto al ave echada arrojar con rapidez algunas hierbas sobre los huevos, antes de dejarlos. La nidada consiste en tres pichones, que son del color acostumbrado de los Macáes, pero por lo general más salpicados y manchados." En Argentina hay cuatro especies más de Macáes: el Macá plateado del Sud, Podiceps caliparaeus, confinado a la porción austral de Sud América; el Macacito de las Malvinas, Podiceps rollandi confinada también al Sud del continente; el Macá mediano, Tachybaptes dominicus, que habita Centro y Sud América y el Macacito, Podilymbus podiceps, que se encuentra tanto en Norte como en Sud América. PERDIZ DEL MONTE Crypturus tataupa Arriba castaño; cabeza y cuello ceniciento oscuro; abajo ceniciento; garganta blanca; mitad del vientre blanco; flancos y rabadilla veteados con franjas onduladas negras y blancas; pico amarillento, patas ceniza oscuro; largo 25, ala 13 centímetros. Hembra similar. La Perdiz del monte fue descripta por primera vez por Azara, como habitante del Paraguay, desde donde se extiende a las provincias del Norte de la República Argentina. White obtuvo ejemplares entre las malezas de las densas selvas de Campo Colorado, cerca de Orán, y Durnford también la encontró cerca de Salta. No se ha agregado nada al interesante relato de Azara sobre los hábitos de esta Perdiz. Dice que esta especie habita bosques y espesuras; se aproxima a las casas en donde encuentra abrigo; de aquí el nombre guaraní Tataupá, que significa ave doméstica o de la casa. Pone cuatro huevos de un delicado color púrpura, y cuando se la echa del nido se agita en el suelo, simulando cojera. Canta durante todo el año y por el poder y el brillo de su voz es preeminente entre esta clase de aves. Después de la primera nota de su curioso canto, hay un intervalo de ocho segundos de silencio; luego la nota es repetida con intervalos más y más cortos hasta que, volviéndose apurada, mana en un trino seguido de un sonido que podría escribirse chororó, repetido tres o cuatro veces. Cuando se agazapa se inclina hacia adelante apretando su pecho contra sus patas, de modo que la rabadilla queda más alta que la espalda y abriendo las plumas terminales del cuerpo, las extiende en semicírculo sobre la espalda como si quisiera esconderse debajo y, si se la mira de atrás, lo único que se ve es este abanico de plumas. Las plumas son cóncavas, con partes que se inclinan hacia arriba y, dispuestas de este modo, tienen un aspecto singular y hermoso. MARTINETA COLORADA Rhynchotus rufescens Arriba cenicienta; cabeza, alas y espalda cruzadas por barras negras con ribetes ocre pálido; cuello rojizo; primarias castañas; abajo ceniciento pálido fuertemente teñido con bermejo en el pecho y cuello; barba blanca; pico ceniciento con la parte inferior de la base amarillenta; patas color carne oscuro; largo 35, ala 24 centímetros. Hembra similar pero más grande. Esta gran Perdiz conocida en Argentina como Perdiz grande o Martineta colorada, se encuentra por doquier en las pampas donde abundan pastos largos y se extiende, hacia el Sud, hasta el río Colorado, siendo reemplazada en Patagonia, por la Calodromas elegans. Nunca se la encuentra en bosques o espesuras. El único refugio que requiere son los pastos gigantes a través de los cuales se abre camino como una Becasina. En dondequiera que la población se establece y los pastos indígenas vulgares son reemplazados por los europeos, esta Perdiz pronto desaparece, de manera que se ha extinguido en una gran porción de las pampas bonaerenses. Esta especie es de hábitos solitarios, se esconde muy agachada entre el pasto y vuela con gran lentitud. Dudo de que en alguna parte exista un ave con un vuelo tan ruidoso como el de los Tiránidos; el zumbido de sus alas puede sólo compararse al rechinar de un vehículo conducido a gran velocidad por un camino de piedras. Desde el momento en que se eleva hasta que se posa de nuevo, la rápida vibración de sus alas no cesa. Vuela derecho (como una pelota arrojada con la mano) y con extraordinaria violencia hasta que se gasta la fuerza que la impele, descendiendo luego gradualmente hacia la tierra. La distancia que puede recorrer en uno de estos vuelos es de ochocientos a mil quinientos metros. Cuando se la espanta puede repetir esta hazaña tres veces, después de lo cual no puede alzarse más. Cuando el tiempo es bueno, el reclamo de la Perdiz grande se oye durante todas las épocas del año; en especial, cerca de la puesta del sol. Es emitido mientras el ave permanece escondida entre los pastos, y varios individuos se responden entre sí. El canto o reclamo está compuesto de cinco o seis notas de longitud variable, con un melodioso sonido parecido al de una flauta y, tan expresivo, que es, tal vez, el canto de ave más dulce que se escucha en las pampas. Pone por lo general cinco huevos casi redondos, muy pulidos y de un púrpura rojizo oscuro o color vivo, pero este hermoso tono se transforma, en corto tiempo, en un tinte plomizo oscuro. El nido es un mero raspado en el suelo, revestido, de manera insuficiente, con unas pocas hojas de hierbas. Los pichones parece que abandonan a la madre (o al padre, pues es probable que sea el macho el que incuba los huevos), muy jóvenes aún. Cuando todavía son muy pequeños se los encuentra viviendo, como los adultos, una vida solitaria con todas sus facultades, inclusive la del vuelo y la voz musical, en un alto grado de perfeccionamiento. PERDIZ CHICA COMÚN Nothura maculosa Arriba marrón amarillento pálido, rayado de negro y marrón y veteado de blanco leonado; plumas de las alas negro ceniciento cruzadas, en ambas combas, con fajas amarillo rojizo; abajo de un Vivo marrón amarillento; garganta blanca; pecho y flancos manchados y rayados de un negro amarronado; pico y patas marrón amarillentas; largo 27,5, ala 14 centímetros. Hembra similar pero más grande. La Perdiz común de las pampas, como siempre se la llama -pues el nombre ornitológico de Tinamú es desconocido por completo en la parte austral de Sudamérica- es mucho más pequeña que la Perdiz grande, pero se asemeja en general a ella en su forma, en el pico delgado y curvo, en las patas desnudas y en el manchado plumaje amarillento. Habita también la misma clase de llanuras herbosas abiertas. Abunda por doquier en las pampas llegando, al Sud, hasta el valle del río Negro, en Patagonia. Es solitaria, pero a veces se encuentran juntas un cierto número de ellas. En los lugares desiertos de las pampas, en donde son muy abundantes, yo he visto encontrarse tres o cuatro y jugar, como lo hacen los gatitos, lanzándose desde un escondite. El ave perseguida escapa siempre girando en ángulos rectos o agachándose de pronto y permitiendo a su perseguidora saltar por encima. Es de carácter muy dócil. Vuela con tanta lentitud que no es necesario disparar tiros para cazarlas en los sitios en que abunda, pues con un largo azote o palo, se pueden matar todas las que se quiera. Se mueve en el suelo de una manera pausada emitiendo, a medida que camina o corre, una sucesión de notas bajas y silbadas. Tiene dos cantos o reclamos distintos, agradables al oído y que se oyen durante todo el año, pero con más frecuencia en primavera. Cuando las aves escasean o se las persigue mucho, el canto es oído sólo en primavera. Uno de ellos es una sucesión de veinte o treinta notas cortas, silbadas y solemnes, de gran alcance, seguidas por media docena de notas emitidas con rapidez y que comienzan con gran fuerza para ir decreciendo en intensidad hasta cesar. El otro reclamo es un suave trino continuado que parece subir misteriosamente en el aire y que el que escucha no puede decir de donde parte; dura varios segundos y luego parece morir en la distancia. Resulta rarísimo ver elevarse a esta ave, haciéndolo sólo cuando se la obliga. Yo creo que el vuelo es usado principal, si no exclusivamente, como un medio de escapar al peligro. El ave se alza cuando casi se la ha pisado, lanzándose a través del aire, con ruido y violencia sorprendentes. Continúa volando en ángulo decreciente por cincuenta o sesenta metros, luego se acerca a la tierra hasta que, cuando ha llegado a una distancia de doscientos o trescientos metros, la acción violenta de las alas cesa y el ave planea durante un trecho bien pegada al suelo, después de lo cual se deja caer o reanuda el vuelo. Yo supongo que muchas aves vuelan del mismo modo, pero sólo este Tinámido salta hacia adelante con tan sorprendente energía que, hasta que se gasta y llega el momento de planear, el vuelo es tan ingobernable para la Perdiz como el movimiento de una máquina sin freno lanzada a toda velocidad lo seria para el conductor. El ave conoce tan bien el peligro a que la expone este carácter peculiar de su vuelo, que tiene cuidado de volar sólo hacia el lado en que ve un claro. Sin embargo, a veces se la obliga a alzar el vuelo de golpe, sin tener tiempo de considerar los obstáculos del camino. A menudo calcula mal la altura de los mismos, de modo que es muy común que los Tinámidos tengan accidentes mientras vuelan. En el curso de una corta cabalgata de cuatro kilómetros, durante la cual varias aves se levantaron delante de mi, vi tres de estas perdices lanzarse a la muerte contra una cerca próxima al camino cuya altura, sin duda, habían calculado mal. También he visto a otra, volar a ciegas contra la pared de una casa, matándose al instante. Un hermano mío me contó un hecho muy curioso que él observó una vez. Iba galopando en las pampas, con un viento muy violento soplándole en la cara, cuando una Perdiz se alzó de adelante de su caballo. Se elevó en el aire verticalmente, batiendo sus alas con violencia y con una velocidad que excedía en mucho a la de su vuelo ordinario. Continuó ascendiendo hasta que llegó a gran altura, luego volvió a descender girando, golpeó la tierra a pocos metros del sitio de donde se había alzado, haciéndose papilla debido a la enorme fuerza de caída. Es muy fácil adivinar la causa de tal accidente: mientras la Perdiz pugnaba ciegamente por ir adelante, el violento viento, tomándola por abajo de las alas, la forzó hacia arriba hasta que, la pobre ave confundida y sin esperanzas, cayó al suelo. A menudo he visto una Golondrina, Gaviota o Halcón volando en un fuerte viento, tornar de súbito hacia él la superficie interna de sus alas y, al instante y en apariencia sin ningún esfuerzo, lanzarse en línea recta a gran altura para luego recobrarse y partir en una nueva dirección. La Perdiz, una vez lanzada a la atmósfera, está a merced del destino. No obstante, de haberme sido relatado este incidente por un extraño yo no lo hubiera creído. Esta Perdiz es corrida y cazada con frecuencia por los gauchitos bien montados. El ave a menudo se introduce en una madriguera en el suelo, pero cuando delante suyo no ve ningún refugio y es perseguida con encarnizamiento, a veces cae muerta. Cuando se las toma en la mano, "parecen muertas" o desmayadas, pero si se las suelta, recobran sus facultades con rapidez. El nido es un ligero hueco arañado en el suelo, debajo de un cardo o en el pasto, revestido con unas pocas hojas secas. El número de los huevos varía de cinco a ocho. Son elípticos, con cáscara pulida y, por regla general, de color vino purpúreo, pero el matiz varia algo teniendo algunos huevos un tinte rojizo y otros un color ladrillo oscuro. En Patagonia, la Perdiz común es reemplazada por la Nothura darwini (Perdiz chica pálida) de Darwin, que es una pariente muy cercana. Llamada Perdiz chica por los lugareños, es algo más pequeña y de color más pálido que el de la Perdiz de las pampas común, pero se asemeja mucho a los pichones de esta especie. Habita Patagonia, pero no abunda en ninguna parte. Parece estar poco y equitativamente distribuida en las llanuras secas y estériles de esta región, prefiriendo los lugares en que abundan los arbustos. Es de carácter sumamente tímido. Cuando alguien se le acerca, salta hacia adelante y corre con gran rapidez y, en apariencia, muy asustada. A veces, mientras corre de tal manera emite cortos silbidos como los de la especie con la que está emparentada. Se eleva con más rapidez y menos ruido que las aves de las pampas, y tiene un vuelo más intenso. Posee una nota de reclamo que se oye sólo en la época del celo: una sucesión de cortos silbidos, como los de la N. maculosa, pero sin el rápido final. Hacen el nido bajo un pequeño matorral achaparrado. Ponen de cinco a siete huevos de forma y color iguales a los de la N. maculosa, excepto el tinte púrpura rojizo que es más pálido. MARTINETA COPETONA COMUN Calodrornas elegans Arriba densamente rayada y salpicada de negro y amarillo rojizo pálido; cabeza cenicienta con estrías negras; larga y recurvada cresta vertical de plumas negras, en parte ribeteadas de color ceniciento; dos rayas laterales de la cabeza arriba y abajo del ojo, y garganta, blanco canela; abajo canela pálido; pecho con numerosas bandas negras cruzadas y manchas negras en forma de flechas; vientre, flancos y cobijas inferiores de la cola con anchas fajas negras cruzadas; alas negro ceniza con numerosas bandas canela claro cruzadas; pico negruzco, patas gris azuladas; largo 36,5, ala 21 centímetros. Hembra similar. Esta hermosa ave de caza, por su tamaño y plumaje moteado recuerda a la Rhynchotus rufescens de las pampas, a la que representa en la región patagónica al Sud del río Colorado. Su apariencia externa difiere por el tono más terroso de su plumaje, que le sirve de protección y armoniza, en forma admirable, con el color de los terrenos estériles que la rodean. También se diferencia por tener el pico más corto y estar adornada por una larga y delgada cresta negra que, cuando se excita, lleva hacia adelante, como un cuerno. Hay, sin embargo, una diferencia anatómica que parece mostrar que no son parientes muy cercanos: la estructura del canal intestinal de la Martineta que es muy peculiar y distinto al de cualquier otra ave que yo haya disecado. El canal se divide, cerca del estómago, en dos grandes conductos que se ensanchan hacia el medio y se extienden por casi la longitud total de la cavidad abdominal y están fijos con filas de grandes protuberancias membranosas en forma de garra. La Martineta habita las elevadas altiplanicies y se encuentra, principalmente, en los sitios en donde existen parches de vegetación enana achaparrada entre malezas espinosas. En la apariencia no necesita agua, pues se la encuentra en los lugares más secos en donde nunca ella se junta. Le encanta empolvarse, y con este propósito forma en el suelo hoyos circulares que parecen nidos. Estos agujeros son profundos y hechos con cuidado y las mismas aves los visitan todos los días durante todo el año. Vive en bandadas de seis a veinte o treinta aves. Cuando se la molesta, por lo general no alza el vuelo de primera intención, sino que saltan una tras otra con sorprendente velocidad emitiendo, mientras corren, penetrantes chillidos como si estuvieran poseídas del más grande terror. Su vuelo, aunque violento, no es tan sonoro como el de la Perdiz grande del que difiere mucho en otro aspecto. Cada veinte o treinta metros, deja de batir las alas, que mantiene inmóviles por un segundo, después del cual reanuda el esfuerzo. De este modo, el vuelo es una serie de acometidas, más que una sola de ellas, como sucede en el de las otras especies. Es acompañado por un dulce gemido que parece morir y volver a expandirse cada vez que bate de nuevo las alas. El reclamo de la Martineta no se oye nunca en invierno, pero en el mes de septiembre comienza a emitir, al atardecer, un silbido largo lastimero y apenas modulado mientras permanece escondida entre los arbustos y se responden unas a otras. A medida que la estación avanza, la bandada se deshace. Su reclamo es oído entonces en cualquier lado y, con frecuencia, durante todo el día desde el amanecer hasta que oscurece. El reclamo varia mucho según las aves, yendo desde un solo silbido hasta una actuación de cinco o seis notas que recuerdan al de la Perdiz grande, aunque es inferior en duración y dulzura. Comienza a anidar en octubre, construyendo el nido en las raíces de un pequeño matorral aislado. Pone de doce a dieciséis huevos elípticos de un hermoso color verde oscuro y cáscaras muy pulidas. Pienso que es probable que esta especie posea algunos curiosos hábitos reproductores y que más de una hembra ponga en cada nido, pero debido a la excesiva cautela del ave salvaje es casi imposible averiguar nada sobre ello. Sin duda llegará el día en que los naturalistas encontrarán la ventaja de domesticar las aves cuya vida les interesa conocer. ¡Ojalá esto suceda antes que todas las especies más interesantes del globo se hayan extinguido! ÑANDU Rhea americana Arriba: cabeza negruzca; cuello blanquecino que se vuelve negro en la base y entre los hombros; resto gris pizarra; abajo: garganta y parte superior del cuello blanquecinos que se vuelve negro en la base del cuello en donde aparecen dos medias lunas negras laterales, una a cada lado de la porción superior del pecho; resto de la superficie inferior blancuzca; frente del tarso todo cubierto de anchas placas transversales; largo, mas o menos, de 1,30 metro. Esta ave llamada Ñandú por los guaraníes, Chueké, por los indios Pampas y Avestruz por los europeos, se encuentra a través de la República Argentina hasta el río Negro, en Patagonia y, en número menor, a considerable distancia al Sud de este río. Hasta hace poco tiempo era muy abundante en las pampas y yo puedo recordar la época en que era común a unos ochenta kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Pero ahora se está volviendo rara y aquéllos que quieren participar en su exterminio, deben ir de seiscientos a ochocientos kilómetros de distancia de la capital argentina, antes de poderla ver. El Ñandú está muy bien adaptado en tamaño, color, facultades y costumbres, a las condiciones de las llanuras desprovistas de árboles en las cuales vive. Su elevada estatura, que excedía la de cualquiera de sus enemigos antes de la aparición de los cazadores montados europeos, lo capacita para ver lejos. Su plumaje gris oscuro, color de niebla, lo hace casi invisible a cierta distancia, pues el largo cuello es muy delgado y el voluminoso cuerpo está casi al mismo nivel que los pastos altos, mientras que su velocidad excede la de cualquiera de los otros animales que habitan la misma región. Cuando observaba la caza de los Avestruces, me sacudió de pronto la idea de que, ese modo de cazar el ave a caballo, había servido para mostrar una debilidad en el Ñandú: un punto en el cual la relación entre el animal y su medio ambiente no es perfecto. El Ñandú corre con suavidad sobre la superficie y cuando las altas matas de pasto están ligadas con delgadas plantas, lo que sucede a menudo, sus patas a veces se enredan cayendo el ave postrada y antes de que pueda forcejear, el cazador ya está a tiro y puede lanzar las "bolas": el tiento y las bolas que, golpeándolo con gran fuerza se enrosca en su cuello, alas y patas impidiéndole escapar. Cuando interrogué a cazadores de Ñandú acerca de este punto me dijeron que era verdad que a menudo se cae cuando se lo persigue encarnizadamente a través de los pastos altos, cosa que nunca sucede con el ciervo (Cervus campestris), pues salta por sobre Tas grandes matas y todos los obstáculos semejantes. Sin embargo, esta pequeña incapacidad del Ñándú no habría significado mucho en su contra si se hubiera observado alguna moderación en su caza, o si el gobierno argentino hubiera juzgado conveniente protegerlo; pero en el Plata, como en Norteamérica y Sudáfrica, la licencia de matar, que todos poseen, ha sido ejercida con tal celo y furia que dentro de pocos años más el tipo más noble de la gran ave del continente será tan desconocido en la tierra, como el Moa y el Aepyornis. El Ñandú vive en grupos de tres o cuatro a veinte o treinta individuos. En los sitios en donde no se los persigue no temen al hombre, acercándose a las casas, pues son tan familiares y mansos como los animales domésticos. A veces se vuelven demasiado familiares. Recuerdo un macho viejo que siempre iba a alimentarse cerca del portón de una estancia. Tenía tan gran animosidad contra toda figura humana con faldas, que las mujeres de la casa no podían salir a pie o a caballo sin un hombre que las defendiera de los ataques. Cuando los pichones son separados de sus padres se vuelven, como muy bien dice Azara, "domésticos desde el primer día", y siguen a su dueño como lo haría un perro. Es este natural dócil junto con la majestad y exquisita gracia de su forma arcaica, lo que hace tan penoso pensar en su destrucción. Cuando se lo persigue adquiere pronto un hábito cauto y escapa corriendo aún antes que el enemigo lo haya podido ver, o bien se agazapa para esconderse entre los altos pastos. De este modo resulta difícil encontrarlos, pues se echan muy pegados al suelo y no se levantan sino hasta que casi los pisan. Su velocidad y resistencia son tan grandes que, con una largada regular, es casi imposible para el cazador, tomarlos aunque esté bien montado. Mientras el ave corre, lleva las alas colgando como si estuviera herida, pero por lo general levanta una como una gran vela, resultando imposible decir por qué hace esto. Cuando se lo apremia mucho cambia de dirección, con frecuencia y rapidez, doblando en ángulo recto, y si el caballo del perseguidor no está bien entrenado para seguirla en todos sus rápidos virajes sin perder terreno, pronto es dejado atrás. La época del celo comienza en el mes de julio. Es entonces que el macho emite los curiosos sonidos parecidos a mugidos, bombardeos y al que produce el viento. Los machos jóvenes de la bandada son atacados y arrojados por los viejos, y cuando hay dos machos, pelean por las hembras. Sus batallas son conducidas de una manera bastante curiosa: los combatientes enroscan sus cuellos, como una pareja de serpientes y luego, con rencor, se golpean mutuamente las cabezas con los picos mientras giran en círculo, golpeando la tierra con las patas, de manera que donde el piso es muelle o húmedo, hacen un surco circular con sus pisadas. Las hembras de una bandada se echan juntas en una depresión natural del suelo, sin nada que las oculte y poniendo, cada una, doce o más huevos. Es común encontrar de treinta a sesenta huevos en un nido, pero a veces el número es mayor y yo he oído contar de uno que contenía ciento veinte. Si las hembras son muchas, el macho por lo general se pone clueco antes que acaben de poner, arrojándolas luego con gran furia para comenzar a incubarlos él. Las hembras dejan entonces sus huevos en las llanuras y, por el gran número de huevos perdidos que se encuentran, parece probable que sean más los que se pongan fuera que dentro del nido. Cuando frescos, los huevos son de un delicado amarillo dorado que va empalideciendo día tras día hasta que al final se pone blanco apergaminado. Una vez que nacen, los pichones son atendidos y vigilados con asiduidad por el macho. Entonces resulta peligroso acercarse al Ñandú a caballo, pues el ave, con el cuello estirado horizontalmente y las alas extendidas, carga de súbito, constituyendo una figura tan enorme y grotesca que el caballo domesticado se aterroriza de modo tal que se torna ingobernable. El Ñandú de Darwin, Rhea darwini, se diferencia un poco en el color del Ñandú común al que reemplaza al Sud del río Negro. Desde este río se extiende hacia el Sud, hasta el Estrecho de Magallanes. Los indios lo llaman "Molú Chueké": Chueké pequeño o enano. Su nombre español es "Avestruz petizo". Antes abundaba mucho a lo largo del río Negro, pero por desgracia, algunos años atrás sus plumas alcanzaron un alto precio. Los gauchos y los indios encontraron que la caza del Avestruz era un empleo muy lucrativo; en consecuencia, estas nobles aves fueron perseguidas de tal modo, que han sido casi exterminadas dondequiera que la naturaleza del terreno permitiera su caza. Cuando estuve en el Río Negro me hallaba tan ansioso por obtener ejemplares de este ñandú, que comprometí a varios indígenas con la promesa de una retribución liberal, para que cazaran para mí, pero no pudieron cazar una sola ave adulta. Aquí sólo puedo dejar sentados los hechos más interesantes, relativos a sus costumbres, que pude recoger, siendo sus hábitos conocidos de un modo muy imperfecto. Cuando se lo persigue, con frecuencia trata de eludir la vista agachándose de pronto entre los arbustos que tienen un gran follaje al que se asimila mucho el color de sus plumas. Cuando se lo apura, posee el mismo hábito que el Ñandú común, de alzar las alas alternativamente y mantenerlas verticales. También dobla de súbito como lo hace aquella especie, siendo, en cambio, mayor su velocidad aunque se agota más rápido. Mientras corre lleva la cabeza extendida hacia adelante casi horizontal, lo que lo hace parecer de menor estatura que la de las especies con las que está emparentado, de aquí el nombre vernáculo "Avestruz petizo". Se lo encuentra en bandadas de tres o cuatro a treinta o más individuos. Comienza a poner a fines de julio, esto es, un mes antes que el Rhea americana. Varias hembras ponen en un nido, el que no es más que una ligera depresión revestida con pocas basuras secas. A veces se encuentran hasta cincuenta huevos en un nido, a cierta distancia del cual también se hallan gran cantidad de huevos perdidos o "huachos", como se los llama. Examiné cierto número de ellos traídos por los cazadores y los encontré muy diferentes en forma, tamaño y color. El término medio de los huevos era del tamaño de los del Ñandú común. En forma, eran más o menos elípticos, siendo apenas dos, exactamente iguales. La cáscara está bien pulida y, recién puestos, tienen un vivo color verde oscuro que, sin embargo, pronto se desvanece. El lado expuesto al sol asume primero un color verde oscuro moteado, que luego pasa a amarillento, más tarde a un azul piedra, para terminar siendo casi blanco. La edad de cada huevo, en el nido, puede saberse por el color de la cáscara. El macho incuba y cría a los pichones, y los hábitos procreadores parecen ser los del Rhea americana. Los pichones nacen con las patas cubiertas de plumas hasta los dedos. Estas plumas no se mudan, pero se van gastando gradualmente a medida que el ave crece, por una continua fricción contra la vegetación dura y achaparrada. En los adultos, por lo general permanecen unas pocas plumas diseminadas, a menudo reducidas a meros muñones, pero los cazadores me dijeron que las aves viejas a veces son cazadas con las patas cubiertas de plumas y que estas aves a menudo viven en las regiones en donde hay poca vegetación achaparrada. El plumaje de los pichones es gris oscuro, sin plumas blancas y negras. Al año de edad adquieren, por muda, el plumaje moteado de los adultos, pero solamente a los tres años adquieren todo su tamaño. FIN
|
|
|
||||||||
|
|
|
| Los textos acá colocados son en su gran
mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación.
Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines
educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la
actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que
se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos
para retirarlo de inmediato. Actualmente hay 174 usuarios conectados en BibliotecasVirtuales.com |
|
Contenidos distribuidos bajo una Licencia de Creative Commons. |
|