Capítulo IV
La selección natural o la supervivencia de los más aptos
SELECCIÓN NATURAL.
No
podemos dudar que los individuos que tengan alguna ventaja sobre los demás,
por pequeña que esta sea, tendrán las mayores probabilidades de sobrevivir y
de reproducir su especie. También podemos estar seguros de que cualquier
variación en el más pequeño grado perjudicial sería rígidamente destruida.
Esta conservación de las variaciones y diferencias individuales favorables,
y la destrucción de aquellas que son nocivas, es lo que hemos llamado
selección natural o supervivencia de los más aptos. Las variaciones que no
son útiles ni perjudiciales no son afectadas por la selección natural,
quedando como elemento fluctuante, como vemos en ciertas especies
polimorfas, o tornándose fijas, según la naturaleza del organismo y la de
las condiciones que lo rodean.
Tenemos razones para creer, según se demostró en el primer capítulo, que los
cambios en las condiciones peculiares de la vida originan tendencia a mayor
variabilidad y, en los casos que hemos citado, se ve que han cambiado las
condiciones, lo cual sería manifiestamente favorable para la selección
natural, por otorgarnos una probabilidad más de que ocurran variaciones
aprovechables, ya que cuando estas no tienen lugar, la selección natural
nada puede hacer. Nunca se olvide de que en el término variaciones van
incluidas las meras diferencias individuales; y como el hombre puede
producir grandes resultados en los animales y plantas domésticas, al
acumular en una dirección dada diferencias individuales, del mismo modo
podría hacerlo la selección natural, aunque mucho más fácilmente que
nosotros, puesto que se le concede tiempo incomparablemente mayor para su
obra.
La
naturaleza puede actuar sobre cada órgano interno, en cada sombra de
diferencia constitucional, en la totalidad de la maquinaria completa de la
vida. El hombre escoge sin más miras que su propio bien, Sentras que la
naturaleza busca solamente á bien del ser a quien atiende. Todo carácter
selecto es plenamente formado por ella, como lo implica el hecho de haber
sido escogido.
Puede
decirse metafóricamente que la selección natural está haciendo diariamente,
y hasta por horas, en todo el mundo, el escrutinio de las variaciones más
pequeñas; desechando las que son malas, conservando y acumulando las que son
buenas, trabajando insensible y silenciosamente donde y cuando se presenta
una oportunidad, en el mejoramiento de todo ser orgánico en relación con sus
condiciones orgánicas e inorgánicas de vida. No vemos estos pequeños y
progresivos cambios hasta que la mano del tiempo marca el sello de las
edades, y aun entonces tan imperfecta es nuestra vista para alcanzar las
épocas geológicas remotas, que lo único que vemos es que no son hoy las
formas de vida lo que en otro tiempo fueron.
La
selección natural puede modificar la larva de un insecto y adaptarla a una
porción de contingencias completamente distintas de las que conciernen al
insecto ya maduro, y estas modificaciones pueden afectar por correlación la
estructura del adulto. Así también, por el contrario, las modificaciones de
este pueden afectar la estructura de la larva; pero en todos los casos, la
selección natural asegurará que dichas modificaciones no sean en manera
alguna nocivas, ya que si lo fueran la especie se extinguiría.
La
selección natural modificará la conformación del hijo con relación al padre
y del padre con relación al hijo. En los animales gregarios adaptará la
estructura de cada individuo al provecho de toda la comunidad, si esta puede
ganar con el cambio selecto; pero la selección natural no puede modificar la
estructura de una especie, sin darle ninguna ventaja, para provecho de otra
especie; y aunque existan en las obras de historia natural manifestaciones
que tienden a echar por tierra nuestro aserto, no hemos podido obtener en la
práctica un solo caso que haya dado resultado.
SELECCIÓN SEXUAL.
Esta
forma de selección depende de la lucha entre individuos de un mismo sexo, y
generalmente entre los del masculino, para llegar a la posesión de las
hembras. El resultado para el competidor vencido no es la muerte, sino poca
o ninguna progenie, siendo por lo tanto la selección sexual menos rigurosa
que la selección natural. Generalmente, los machos más vigorosos o aquellos
que están mejor preparados para ocupar sus puestos en la naturaleza dejarán
mayor descendencia; pero en muchos casos, la victoria depende no tanto del
vigor general como de poseer los seres en cuestión, las armas especiales
limitadas a los machos. La guerra más severa tiene lugar entre los machos de
los animales polígamos, que muy a menudo están provistos de armas
especiales, y los machos de los animales carnívoros también se presentan
bien armados, aunque a ellos y a otros pueda darles la selección sexual
especiales medios de defensa, como la melena al león, la mandíbula de gancho
al salmón, pues el escudo puede ser tan importante para la victoria como la
espada o la lanza.
Entre
las aves, la contienda es con frecuencia de carácter más pacífico, pues hay
gran rivalidad entre los machos de muchas especies para atraer a las
hembras, por el canto; o despliegan hermosos plumajes para verse de la mejor
manera posible. También hacen extrañas y grotescas figuras, y luego las
hembras espectadoras escogen al compañero que más atractivos les ofrece.
SOBRE
EL CRUZAMIENTO DE LOS INDIVIDUOS.
Todos
los animales vertebrados, todos los insectos y algunos otros grandes grupos
de animales, se aparean para cada nacimiento. La investigación moderna ha
disminuido mucho el número de los supuestos hermafroditas; de los
verdaderos, un gran número se aparea, es decir, dos individuos se unen
regularmente para la reproducción, que es todo lo que nos importa.
En
primer lugar, hemos reunido un gran número de casos y hemos hecho muchos
experimentos para demostrar, de acuerdo con la opinión casi universal de los
criadotes, que en los animales y en las plantas el cruzamiento entre
diferentes variedades o entre individuos de la misma variedad, pero de otra
estirpe, da vigor y fecundidad a la descendencia; así como, por otra parte,
las crías íntimas entre individuos de la misma familia disminuyen en vigor y
fecundidad. Guiados por estos hechos, sólo nos inclinamos a creer que es ley
general de la naturaleza que ningún ser orgánico se fertilice a sí mismo
durante una perpetuidad de generaciones, sino que es indispensable que de
vez en cuando, y quizás con largos intervalos, tenga lugar el cruzamiento de
un individuo con otro.
Con la
creencia de que esta es una ley de la naturaleza, no podemos, a nuestro
juicio, entender diferentes y extensas clases de hechos, de otro modo
inexplicables. Volvamos por un momento a los animales, de los cuales varias
especies terrestres son hermafroditas, tales como los moluscos de tierra y
las lombrices, aunque de todos, estos últimos se aparean. Hasta ahora no
hemos encontrado un solo animal de este género que se fecunde a sí mismo.
Este hecho notable, que tanto contrasta con las plantas terrestres, puede
comprenderse por la opinión de que es indispensable el cruzamiento
ocasional, porque debido a la naturaleza del elemento fertilizador, no hay
medios análogos a la acción de los insectos y del viento con respecto a las
plantas para que se efectúe el cruzamiento entre los animales terrestres sin
el concurso de dos individuos.
De los
animales acuáticos hay muchos hermafroditas que se fecundan a sí mismos;
pero en este caso, las corrientes de agua ofrecen el medio directo para el
cruzamiento accidental. Después de consultar a una de las más grandes
autoridades, el profesor Huxley, no hemos podido descubrir un solo animal
hermafrodita cuyos órganos de reproducción estuviesen tan perfectamente
encerrados que pudiese demostrarse ser físicamente imposible el acceso desde
afuera ni la influencia ocasional del individuo distinto. Por mucho tiempo,
nos pareció que bajo este punto de vista los cirrípedos presentaban un caso
de gran dificultad; pero, por una feliz casualidad, hemos podido probar que
algunas veces se cruzan dos individuos, aunque ambos sean hermafroditas que
se fertilicen a sí mismos.
Debe
haber sorprendido a la mayor parte de los naturalistas, como extraña
anomalía que, tanto en los animales como en las plantas, algunas especies de
la misma familia y hasta del mismo género, aunque conformándose íntimamente
unas con otras en el conjunto de su organización, sean hermafroditas y
algunas unisexuales. Pero si de hecho todos ¡os hermafroditas se cruzan de
vez en cuando, la diferencia entre ellos y las especies unisexuales son muy
pequeñas en lo que a esta función hace referencia.
De
estas varias consideraciones y de los muchos hechos especiales que hemos
reunido, se deduce que en los animales y en las plantas es ley de la
naturaleza, muy general, si no es universal, el cruzamiento accidental entre
individuos distintos.
CIRCUNSTANCIAS FAVORABLES PARA LA PRODUCCIÓN DE NUEVAS FORMAS POR MEDIO DE
LA SELECCIÓN NATURAL.
Este
es un asunto sumamente intrincado. Gran cantidad de variabilidad, en cuyo
término van siempre incluidas las diferencias individuales, será
evidentemente favorable para el objeto. Un gran número de individuos, por
las probabilidades que dan dentro de un período determinado para la
aparición de variaciones ventajosas, compensará la menor cantidad de
variabilidad en cada individuo, siendo, a nuestro juicio, un elemento de
gran importancia para el éxito. Aunque la naturaleza concede largos períodos
de tiempo para el trabajo de la selección natural, no concede un período
indefinido, porque como todos los seres orgánicos se esfuerzan para ocupar
todos los sitios en la economía de la naturaleza, si hay una 'especie que no
se modifique y mejore en 'grado correspondiente con sus competidores será
exterminada. Nada puede hacer la ¡selección natural sin que las variaciones
`favorables se transmitan por herencia, por lo menos a algunos de los
descendientes. En la naturaleza, dentro de un área limitada, todos los
individuos que varíen en buen sentido aunque en grados diferentes, tenderán
a conservarse. Las variedades intermedias que habiten localidades también
intermedias a la larga serán suplantadas generalmente por una de las
variedades adyacentes. El cruzamiento afectará principalmente a aquellos
animales que se unen para cada nacimiento, que andan muy errantes y que no
crían con mucha rapidez.
El
cruzamiento desempeña un papel muy importante en la naturaleza porque
conserva a los individuos de la misma especie o de la misma variedad fieles
y uniformes en carácter. Así obrará evidentemente con mucha más eficacia en
aquellos animales que se unen para cada nacimiento; pero, como ya se ha
dicho, tenemos razones para creer que en todos los animales y plantas hay
cruzamientos ocasionales. Si cambian las condiciones de vida y sufre
modificación la forma, puede comunicarse la uniformidad de carácter a la
modificada descendencia, conservando la selección natural solamente a las
variaciones favorables semejantes.
El
aislamiento también es un elemento importante en la modificación de las
especies por medio de la selección natural. En un área limitada o aislada,
si no es muy grande, serán generalmente casi uniformes las condiciones
orgánicas e inorgánicas de la vida, de modo que la selección natural tenderá
a modificar de la misma manera a todos los individuos que varíen en la misma
especie. Así se impedirá también el cruzamiento con los habitantes de las
localidades próximas.
El
mero transcurso del tiempo no influye en pro o en contra de la selección
natural, y decimos esto porque erróneamente se ha afirmado que dábamos a
este elemento gran importancia en la modificación de las especies, como si
todas las formas de la vida estuvieran necesariamente sufriendo cambios por
ley innata. El tiempo es solamente importante, y en este concepto su
importancia es grande, porque aumenta las probabilidades de que surjan
variaciones ventajosas, que lleguen a ser escogidas, acumuladas y fijadas,
así como tiende a aumentar la acción directa de las condiciones
físicas de vida con relación a la constitución de cada organismo.
Finalmente,
nos atrevemos a deducir que; aunque las regiones pequeñas y aisladas han
sido en algunos conceptos altamente favorables para la producción de nuevas
especies, el curso de las modificaciones habrá sido por lo general más
rápido en regiones grandes, y lo que es más importante, que las nuevas
formas producidas en áreas extensas, y victoriosas sobre muchos
competidores, serán las que más se extiendan y den lugar a mayor número de
variedades y especies nuevas, desempeñando así el papel más importante en la
historia del cambio del mundo inorgánico.
De
acuerdo con esta idea, en una isla pequeña habrá sido menos severa la lucha
por la existencia y habrá habido menos modificaciones y menos exterminio.
Todos los depósitos de agua dulce sumados constituyen un área pequeña,
comparada con la del mar o con la de la tierra. En consecuencia, la
competencia en las producciones de agua dulce habrá sido menos rigurosa que
en otras partes; nuevas formas se habrán producido más lentamente y las
formas antiguas se habrán exterminado aún con más lentitud.
En
conclusión, diremos que para las producciones terrestres, toda región
continental grande que haya pasado por muchas oscilaciones de nivel habrá
sido la más favorable a la producción de muchas formas nuevas de vida,
propias para durar por largo tiempo y para extenderse considerablemente.
Mientras el área existiese como continente, los habitantes habrán sido
numerosos en individuos y clases, y habrán estado sujetos a una rigurosa
competencia. Y cuando se haya convertido el continente por inmersión en
grandes islas separadas, todavía habrán existido muchos individuos de la
misma especie en cada isla. El cruzamiento en los confines del dominio de
cada especie nueva habrá quedado interrumpido; y después de cambios físicos
de cualquier clase, la emigración no habrá sido posible, de modo que los
lugares nuevos en la conformación de cada isla habrán tenido que ser
ocupados por modificaciones de los antiguos habitantes, existiendo tiempo
suficiente para que se modifiquen y perfeccionen las variedades. Siempre que
por alguna nueva elevación del terreno las islas volviesen a ser región
continental, habría una competencia rigurosísima, podrían extenderse las
variedades más favorables o mejoradas, se extinguirían muchas de las formas
menos mejoradas y otra vez cambiaría la proporción relativa del número de
los varios habitantes en el continente reunido, abriéndose otra vez
ampliamente para que la selección natural mejorara todavía más a los
habitantes, produciendo de esta manera nuevas especies.
Admitimos por completo que la selección natural obra generalmente con
lentitud extrema, y que puede funcionar solamente cuando existen lugares en
la economía natural de un distrito que pueden ser mejor ocupados por la
modificación de algunos de sus habitantes existentes, y cuya existencia
depende con frecuencia de cambios físicos que por lo general se verifican de
un modo muy lento, siendo imposible la inmigración de formas mejor
adaptadas. Como algunos pocos de los habitantes antiguos se modifiquen, las
relaciones mutuas de los otros se perturbarán, creando así lugares aptos
para ser ocupados por formas mejor adaptadas, lo cual, sin embargo, se irá
verificando muy lentamente. Aunque todos los individuos de la misma especie
se diferenciasen entre sí en algún pequeño grado, pasaría mucho tiempo antes
de que pudiesen ocurrir diferencias ventajosas en varias partes de la
organización. El resultado se retardaría a menudo por el cruzamiento libre,
y aunque muchos opondrán que estas diversas causas son más que suficientes
para neutralizar el poder de la selección natural, lejos de concederlo,
creemos que la selección natural obrará generalmente con mucha lentitud,
sólo por grandes intervalos de tiempo y en pocos habitantes de la misma
región, así como no dudamos que estos resultados lentos e intermitentes
concuerdan muy bien con lo que la geología nos dice de la manera y velocidad
con que han cambiado los habitantes del mundo.
Por
lento que sea el procedimiento de la selección, si el hombre débil puede
hacer mucho por medio de la selección artificial, no alcanzarnos a ver el
límite del total de cambios, de la belleza y la complejidad de las muchas
coadaptaciones, ya sea con todos los seres orgánicos o con sus condiciones
físicas de vida, y que pueden haberse efectuado en el largo curso de los
tiempos por el poder de selección de la naturaleza, esto es, por la
supervivencia de los más aptos.
EXTINCIÓN CAUSADA POR LA SELECCIÓN NATURAL.
La
selección natural obra solamente por medio de la conservación de las
variaciones que son en algún concepto ventajosas. Podemos comprender que
cualquier forma representada por pocos individuos correrá mucho riesgo de
quedar completamente extinguida durante grandes fluctuaciones en la
naturaleza de las estaciones o por crecimiento temporal en el número de los
enemigos naturales. Pero podemos ir más lejos todavía, porque cuando se
producen nuevas formas, a menos que admitamos que las específicas puedan
seguir aumentando indefinidamente en número, tienen que extinguirse muchas
ya antiguas, y como claramente la geología nos dice que el número de las
formas específicas no ha crecido indefinidamente, ahora sólo intentaremos
demostrar por qué el número de las especies en el mundo no se ha hecho
inconmensurablemente grande.
Debido
a que las especies raras se modifican o mejoran con menor rapidez, son
derrotadas en la lucha por la existencia por los descendientes modificados y
mejorados de las especies más comunes.
Por
estas diferentes consideraciones creemos inevitable que, al formarse en el
curso del tiempo nuevas especies por medio de la selección natural, se hacen
otras cada vez más raras hasta que finalmente se extinguen.
Podemos suponer que en un período remoto de la historia, los hombres de una
nación o localidad necesitaban caballos más veloces, mientras que los de
otras necesitaban caballos más fuertes y de más cuerpo. Al principio serían
muy pequeñas las diferencias; pero con el correr del tiempo, por la
continuada selección de los caballos más veloces en un caso y de los más
fuertes en otro, se harían las diferencias bien marcadas y se anotarían los
resultados como formando dos subcastas.
Al
cabo de siglos, estas dos subcastas se convertirían en castas bien
establecidas y distintas; y al hacerse mayores las diferencias, los animales
inferiores con caracteres intermedios que no fueran ni muy veloces ni muy
fuertes no serían empleados para la cría, y de este modo tenderían a
desaparecer. Aquí, vemos en las producciones del hombre lo que puede
llamarse principio de divergencia, causando diferencias al principio
escasamente apreciables, pero siempre crecientes, así como a las crías
diferenciarse en carácter tanto entre sí como con el tronco común.
EFECTOS PROBABLES DE LA ACCIÓN DE LA SELECCIÓN NATURAL POR MEDIO DE LA
DIVERGENCIA DE CARÁCTER Y DE LA EXTINCIÓN SOBRE LOS DESCENDIENTES DE
ANTECESORES COMUNES.
Los
descendientes modificados de cualquier especie prosperarán mejor cuando más
diversificados lleguen a ser en estructura, estando así en disposición de
apropiarse lugares ocupados por otros seres. Veamos ahora cómo este
principio del beneficio obtenido por la divergencia de carácter tiende a
obrar alternando con los principios de la selección natural y de la
extinción.
Por
medio del diagrama podremos comprender este problema, que es harto
complicado. Supongamos que están representadas desde A hasta L las especies
de un; gran género en su propio país, se supone: que estas se parecen las
unas a las otras en grados desiguales, que es lo que sucede generalmente en
la naturaleza, y se indica en el diagrama por la colocación de letras, a
distancias desiguales. Ahora bien; sea A: una especie común, extensamente
difundida y variable, perteneciente a un género grande de su propio país.
Las líneas de puntos que podrían formar la ramificación y divergencias con
tamaños desiguales procedentes de A pueden representar su variable
descendencia. Se supone que las variaciones son en extremo ligeras, pero de
naturaleza diversificada, y que todas no aparecen simultáneamente, sino a
menudo después che largos intervalos, sin durar períodos iguales. Sólo se
conservan o se escogen naturalmente aquellas variaciones que de algún modo
son ventajosas; aquí entra en juego la importancia del principio de ventaja
que deriva de la divergencia de carácter, porque esta generalmente conducirá
a que las variaciones más diferentes o divergentes (representadas por líneas
de puntos exteriores) se conserven y acumulen por la selección natural.
Cuando una línea de puntos llega a una de las horizontales, marcada por una
letra pequeña con números, se supone que se ha acumulado la cantidad
suficiente de variación como para formar una variedad bien pronunciada y
digna de ser consignada como tal en cualquier trabajo sistemático. Cada uno
de los intervalos existentes entre las líneas horizontales del diagrama
puede representar mil o más generaciones, y después de este período de
tiempo se supone que la especie A ha producido dos variedades perfectamente
marcadas, a saber: al y ml. Estas dos variedades estarán aún expuestas a las
mismas condiciones que hicieron variables a sus progenitores, y la tendencia
a la variabilidad será en sí misma hereditaria; por consiguiente, tenderán
igualmente a variar por lo común, casi del mismo modo en que lo hicieron sus
padres y siendo sólo dos formas ligeramente modificadas, tenderán a heredar
aquellas ventajas que hicieron a su padre A más prolífico que a la mayor
parte de los otros habitantes del mismo país. Además, también heredarán
aquellas ventajas más generales que hicieron que el género al que pertenecía
la especie madre fuera grande en el país natal. Todas estas son
circunstancias favorables a la producción de nuevas variedades.
Entonces, si estas dos formas son variables, se conservarán generalmente
durante las primeras mil generaciones como las más divergentes de sus
variaciones, y después de este intervalo supondríamos en el diagrama que la
variedad al ha producido la variedad a2, que por el principio de divergencia
se diferenciará más de A que de la variedad a1. Se supone que la variedad m1
ha producido dos variedades, m2 y s2, que se diferencian la una de la otra,
y más considerablemente aún, de su padre común A. Podemos continuar el
procedimiento por pasos semejantes en cualquier extensión de tiempo. Algunas
de las variedades después de cada mil generaciones producen solamente una
variedad, pero en condición cada vez más modificada, así como otras producen
dos o tres variedades y otras dejan de producirlas en absoluto. De este
modo, las variedades o descendientes modificados del padre común A irán
generalmente aumentando en número y divergiendo en carácter. En el diagrama
se podría representar el procedimiento hasta la generación diez mil, y en
forma condensada y simplificada hasta la generación catorce mil.
Después de diez mil generaciones se supone que la especie A ha producido
tres formas, a10, f10, ml0, las cuales, por haber divergido en carácter
durante las generaciones sucesivas, habrán llegado a diferenciarse mucho,
aunque quizá tan desigualmente unas de otras como de su padre común. Si
suponemos que es excesivamente pequeño el cambio entre cada línea horizontal
de nuestro diagrama, estas tres formas serán todavía tan sólo variedades
bien marcadas; pero basta suponer que son más numerosos o mayores en
cantidad los pasos en el procedimiento de modificación, para convertir
primero estas tres formas en especies dudosas, y por último, en especies
bien definidas. Así el diagrama nos enseñaría los pasos por los cuales las
diferencias pequeñas que distingue a las variedades van creciendo hasta
constituir las diferencias más grandes que distinguen a las especies.
Continuando el mismo procedimiento por número mayor de generaciones, como se
ve en el diagrama de una manera condensada y simplificada, tenemos ocho
especies marcadas con las letras que van de a14 a m11, todas descendientes
de A. Así creemos que se multiplican las especies y se forman los géneros.
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Es
probable que tratándose de géneros grandes varíe más de una especie; por
esto en el diagrama hemos supuesto que una segunda especie, ha producido,
por análogos pasos, después de diez mil generaciones, tanto dos variedades
bien marcadas, w10 y z10, como dos especies, según la cantidad de cambio que
se suponga estar representado entre las líneas horizontales. Después de
catorce mil generaciones se supone que han sido producidas seis nuevas
especies, marcadas por las letras de n14 a z14. En cualquier género las
especies, dado que son muy diferentes entre sí en carácter, tenderán
generalmente a producir el mayor número de descendientes modificados. Estos
tendrán las mayores probabilidades de apoderarse de nuevos lugares
completamente diferentes en la economía de la naturaleza, y por eso en el
diagrama hemos escogido la especie extrema A, y la casi extrema I como las
más variadas y que han dado origen a nuevas variedades y especies. Las otras
nueve especies, marcadas con letras mayúsculas, de nuestro género original,
pueden continuar transmitiendo descendientes sin alteración durante períodos
largos, aunque desiguales, y esto se representa en el diagrama-por líneas de
puntos prolongadas desigualmente hacia arriba.
Pero
durante el procedimiento de modificación representado en el diagrama, otro
de nuestros principios, a saber, el de la extinción, habrá desempeñado un
importante papel. En efecto, como en cada país completamente poblado la
selección natural obra porque la forma selecta tiene alguna ventaja sobre
las otras en la lucha por la existencia, habrá una tendencia constante en
los descendientes mejorados de cualquier especie, a suplantar y exterminar,
en cada período de la sucesión, a sus predecesores y a su progenitor
original. Porque hay que recordar que la competencia será generalmente más
vigorosa entre aquellas formas que estén relacionadas entre sí por hábitos,
constitución y estructura. De aquí que todos las formas intermedias entre
los primeros estados y los últimos, esto es, entre los estados de una misma
especie menos mejorada y más mejorada, como también la misma especie madre
original, tenderán generalmente a extinguirse, lo cual probablemente
sucederá en muchas líneas colaterales enteras de sucesión, que serán
conquistadas por otras posteriores y adelantadas. Si, no obstante, la
descendencia modificada de una especie llega a un país distinto, o se adapta
prontamente a algún paraje nuevo, en el cual la descendencia y el progenitor
no entren en competencia, ambos pueden continuar existiendo.
Si se
supone entonces que nuestro diagrama representa una suma considerable de
modificación, la especie A y todas las primeras variedades se habrían
extinguido, siendo reemplazadas por ocho especies nuevas, desde a14 hasta
m14, y la especie I por seis especies nuevas, de n14 a z14.
Pero
podemos ir todavía más lejos en nuestro estudio. En efecto, se ha supuesto
que las especies originales de nuestro género se parecían entre sí en grados
desiguales, como sucede generalmente en la naturaleza. Ahora bien; la
especie A está relacionada más de cerca con B, C y D que con las otras
especies, así como la especie I con la G, H, K y L más que con las otras. Se
supuso también que estas dos especies A e I eran muy comunes y que estaban
tan extensamente difundidas, que debieron en su origen haber tenido alguna
ventaja sobre la mayor parte de las otras especies del género. Sus
descendientes modificados, que son catorce en la generación catorce mil,
habrán heredado probablemente algunas de las mismas ventajas; habrán sido
también modificados, mejorados en manera diversa en cada período de
sucesión, de modo que habrán llegado a adaptarse a muchos lugares
relacionados entre sí en la economía natural de su país. Parece, por lo
tanto, extremadamente probable que hayan ocupado los lugares, y por
consiguiente, exterminado no sólo a sus padres A e I, sino de igual modo a
alguna de las especies originales que estaban más estrechamente relacionadas
con sus progenitores. Por esta razón, muy pocas de las especies primitivas
habrán transmitido descendencia a la generación catorce mil, y podemos
suponer que solamente una, F, de las dos especies E y F, menos íntimamente
unidas a las otras nueve especies originales, ha transmitido descendientes
hasta este último período de sucesión.
Las
nuevas especies de nuestro diagrama, descendientes de las once especies
dichas, serán ahora quince, y por causa de la tendencia divergente de la
selección natural, la suma extrema de diferencia en carácter entre las
especies a14 y z14 será mucho mayor de la existente entre las más distintas
de las especies originales. Las nuevas especies, además, estarán unidas unas
con otras en modo enteramente diferente, y de las ocho descendientes de A,
las tres marcadas con a14, q14, p14 estarán inmediatamente relacionadas por
ser ramificaciones recientes de a10, así como b14 y f14, por haberse
separado en un período anterior de a5, serán en algún grado distintas de las
tres especies primero nombradas. Por último, o14, e14 y m14 estarán
inmediatamente relacionadas entre sí; pero por haber divergido desde el
principio del proceso de modificación, serán muy diferentes de las otras
cinco especies, constituyendo un subgénero o género distinto.
Los
seis descendientes de I formarán dos subgéneros o dos géneros; pero como la
especie original I se diferenciaba mucho de A, siendo casi los dos extremos
del género original, los seis descendientes de I, sin atender más que a la
herencia, se diferenciarán considerablemente de los ocho descendientes de A,
además, se supone que los dos grupos han seguido divergiendo en direcciones
diferentes. Las especies intermedias (y esta consideración es muy
importante) que enlazaban las especies originales A e I, se han extinguido
todas excepto F y no han dejado descendencia. De aquí que habrá que
clasificar como géneros muy distintos, y aun como distintas subfamilias, a
las seis especies nuevas derivadas de I y a las ocho descendientes de A.
Así
es, a nuestro juicio, como se producen dos o más géneros por descendencias
con modificación de dos o más especies del mismo género. Y se supone que las
dos o más especies madres descienden de una sola perteneciente a un género
anterior. En nuestro diagrama esto estaría indicado por las líneas
interrumpidas que hay debajo de las letras mayúsculas que convergen en sub-ramas
hacia un solo punto interior, el cual representa una especie supuesta,
progenitora de nuestros diversos géneros y subgéneros nuevos.
En el
diagrama se ha supuesto hasta ahora que cada línea horizontal representa mil
generaciones: pero, como es fácil concebir, cada una puede representar un
millón de ellas, y aun más, también una sección de las capas sucesivas de la
corteza terrestre que incluyen restos extinguidos.
Hemos
visto que en cada país las especies que pertenecen a los géneros mayores son
las que más frecuentemente presentan variedades o especies incipientes, y en
verdad, debía esperarse que así sucediera; porque como la selección natural
obra por medio de una forma que tiene alguna ventaja sobre otras en la lucha
por la existencia, obrará principalmente en aquellas que ya tienen alguna
ventaja, y la magnitud de cualquier grupo demuestra que sus especies han
heredado de algún antecesor en común cierta ventaja común. Por esto la lucha
por la producción de descendientes nuevos y modificados se sostendrá
principalmente entre los grupos mayores que tratan de aumentar su número. Un
grupo grande conquistará poco a poco a otro, reducirá su número, y de este
modo disminuirán las probabilidades de ulteriores variaciones y mejoras.
Dentro del mismo grupo grande, los subgrupos últimos y mejor perfeccionados,
por ramificarse y apoderarse de muchos lugares nuevos en la economía de la
naturaleza, tenderán constantemente a suplantar y destruir a los subgrupos
primitivos y menos mejorados, hasta que, finalmente, desaparezcan los grupos
y subgrupos pequeños e interrumpidos. Mirando al porvenir, podemos predecir
que los grupos de seres orgánicos que ahora son grandes y triunfantes y
menos interrumpidos que los otros, esto es, que han pasado por menos
extinción, continuarán aumentando durante un período largo. Pero lo que
nadie puede predecir es qué grupos prevalecerán al fin, porque sabemos que
muchos que en otros tiempos se han desarrollado notablemente, hoy han
desaparecido. Y escudriñando aún más íntimamente en el futuro, podremos ver
que, a causa del aumento continuado y fijo de los grupos más grandes, una
multitud de los más pequeños se extinguirá por completo, sin dejar
descendientes modificados. Por consiguiente, de las especies que vivan en un
período dado, muy pocas serán las que transmitan descendientes a las
lontananzas del remoto porvenir.
Podemos añadir que, según la opinión que considera muy escasas a las
especies más antiguas que han transmitido descendientes a nuestros días, y
que, como todos los descendientes de la misma especie, forman clase, podemos
entender la existencia de tan pocas clases en cada división principal de los
reinos animal y vegetal. Aunque pocas de las especies más antiguas hayan
dejado descendientes modificados en los lejanos períodos geológicos, la
tierra puede haber estado casi tan bien poblada como ahora lo está de
especies de muchos géneros, familias, órdenes y razas.
SOBRE
EL GRADO EN QUE TIENDE A AVANZAR LA ORGANIZACIÓN.
La
selección natural obra exclusivamente conservando las variaciones que son
ventajosas en las condiciones orgánicas e inorgánicas a las que toda
criatura está expuesta en todos los períodos de la vida. Su último resultado
es que cada una tienda a mejorar cada vez más en relación a sus condiciones.
Este mejoramiento conduce inevitablemente al adelanto gradual de la
organización del mayor número de los seres vivos en todo el mundo. Pero aquí
entramos en asunto harto intrincado, porque los naturalistas no han definido
a satisfacción de todos lo que se entiende por progreso en la organización.
Entre los vertebrados es claro que se trata del grado de inteligencia y de
la aproximación de su estructura a la del hombre. Podría pensarse que la
cantidad de cambios por los que pasan las diversas partes y órganos en su
desarrollo desde el embrión a la madurez, bastaría como tipo de comparación;
pero hay casos, y entre ellos el de ciertos crustáceos parásitos, en los
cuales varias partes de la estructura llegan a ser menos perfectas. El
criterio más extensamente aplicable y que parece preferible en esta materia
es el de von Baer, que establece la suma de diferencia de las partes del
mismo ser orgánico (en estado adulto, añadiríamos nosotros), y su
especialidad para funciones diferentes; o como Milne Edwars se expresaría,
el perfeccionamiento de la división del trabajo fisiológico.
Si
tomamos como criterio de la organización más elevada la suma de diferencias
y de especialidades de los diversos órganos en cada ser adulto (lo cual
incluirá el adelanto del cerebro para los fines intelectuales), la selección
natural nos lleva clara mente hacia él, porque todos los fisiólogos admiten
que las especialidades de los órganos, dado que en este estado llenan mejor
sus funciones, son ventajosas para cada ser, y de ahí que la acumulación de
variaciones que tienden hacia la especialidad esté dentro del campo propio
de la selección natural. Por otra parte, teniendo presente que todos los
seres orgánicos se esfuerzan en aumentar en gran proporción, y por
apoderarse de todo lugar desocupado o menos bien ocupado en la economía de
la naturaleza, podemos entender que es completamente posible para la
selección natural adaptar gradualmente a un ser a una situación dada, en la
cual serían superfluos o inútiles algunos órganos, en cuyo caso habría
retroceso en la escala de la organización.
Pero
puede objetarse que si todos los seres orgánicos tienden así a elevarse en
la escala, ¿cómo es que en todo el mundo existe todavía una multitud de
formas inferiores? Y, ¿cómo es que en cada gran clase hay algunas formas más
desarrolladas que otras? ¿Por qué las primeras no han suplantado ni
exterminado a las otras en todas partes?
Lamarck se inclinó a suponer que continuamente están produciéndose formas
nuevas y simples por generación espontánea. La ciencia no ha probado todavía
la verdad de esta creencia. En nuestra teoría no ofrece dificultad la
existencia continuada de organismos inferiores, porque la selección natural
o supervivencia de los más aptos, no implica necesariamente desarrollo
progresivo, sino que solamente aprovecha la ventaja de aquellas variaciones
que surgen y son de utilidad a cada criatura en sus complejas relaciones de
vida.
Creemos, finalmente, que muchas formas de organización inferior existen aún
en el mundo, por varias causas. En algunos casos, porque nunca han surgido
variaciones o diferencias individuales de naturaleza favorable para que la
selección natural obrara y las acumulara. Probablemente en ningún caso ha
bastado el tiempo para acumular la mayor suma posible de desarrollo, y en
ciertas, aunque en pocas circunstancias, ha habido lo que debemos llamar
retroceso de organización
Volviendo la vista a la primera aurora de la vida, cuando todos los seres
orgánicos, según creemos, presentaban la estructura más simple, se ha
preguntado: ¿cómo nacieron los primeros pasos en el adelanto o diferencias
de las partes? Mr. Herbert Spencer probablemente contestaría que tan pronto
como el simple organismo unicelular llegó por crecimiento o división a ser
un compuesto de diversas células o se unió a cualquier superficie de apoyo,
entraría en juego su ley de que "las unidades análogas de un orden
cualquiera se diferencian proporcionalmente a medida que sus relaciones con
fuerzas incidentes se hacen diferentes". Pero como no tenemos hechos que nos
guíen, la especulación sobre el asunto es casi inútil. Es, sin embargo, un
gran error suponer que no habría lucha por la existencia, y en consecuencia
selección natural, hasta que hubieran sido producidas muchas formas, puesto
que las variaciones en una sola especie que habite una región aislada
podrían ser ventajosas, y por ende, modificada la masa entera de individuos.
Finalmente, bajo condiciones variables de vida, los seres orgánicos
presentan diferencias individuales en casi todas las partes de su
estructura, y esto no puede disputarse; si hay una lucha rigurosa por la
existencia debido a la proporción geométrica de aumento en alguna época,
estación o año, esto tampoco puede disputarse seriamente. Considerando la
infinita complejidad en las relaciones de todos los seres orgánicos entre sí
y con sus condiciones de vida, origen de infinita diversidad de estructura,
constitución y hábitos que han de ser ventajosos, sería un hecho
extraordinario que jamás hubieran ocurrido variaciones útiles para el propio
bienestar de cada ser, de la misma manera que han ocurrido tantas
variaciones útiles para el hombre. Pero si estas ocurren alguna vez para
cualquier ser orgánico, seguramente los individuos que los posean tendrán
las mayores probabilidades de conservarse en la lucha por la existencia; y
por el principio de la herencia tenderán a producir descendencia
semejantemente caracterizada. A este principio de conservación, o a la
supervivencia de los más aptos, hemos llamado selección natural, que conduce
al mejoramiento de cada criatura con relación a sus condiciones orgánicas e
inorgánicas de vida, y en consecuencia, en la mayoría de los casos, a lo que
pudiera considerarse como adelanto en la organización. A pesar de todo, las
formas simples e inferiores tendrán una gran duración si están bien
adaptadas a sus propias condiciones de vida.
La
selección natural, de acuerdo con el principio de que las cualidades se
heredan en edades correspondientes, puede modificar al huevo, a la semilla o
al cachorro tan fácilmente como el adulto. Entre muchos animales, la
selección sexual habrá prestado su ayuda a la selección ordinaria,
asegurando a los machos más vigorosos y mejor adaptados, el mayor número de
descendientes. La selección sexual dará también caracteres útiles a los
machos solamente en sus luchas o rivalidades con otros, y estos caracteres
serán transmitidos a un sexo solo o a los dos, según la forma de herencia
que prevalezca.
Si la
selección natural ha obrado así realmente, para adaptar las varias formas de
vida a sus diferentes condiciones y estaciones, habrá que juzgarlo por el
tenor general y por el número de las pruebas dadas en pro y en contra. Pero
ya hemos visto cómo ella implica la extinción, y la geología claramente
declara cuánto ha hecho la extinción en la historia del mundo. La selección
natural también conduce a la divergencia de carácter, porque cuanto más
diverjan los seres orgánicos en estructura, hábitos y constitución, tanto
más podrá sostenerse un número grande de individuos en la misma región; de
lo cual tenemos una prueba con sólo mirar a los habitantes de cualquier
espacio pequeño y a las producciones naturalizadas en tierra extranjera. Por
lo tanto, durante la modificación de los descendientes de una especie
cualquiera, y durante la incesante lucha de todas las especies para hacerse
más numerosas, cuanto más diversificados sean los descendientes, tantas más
probabilidades tendrán de conseguir el triunfo en la batalla por la vida. Y
de este modo, las diferencias pequeñas que distinguen a las variedades de la
misma especie tienden firmemente a aumentarse, hasta que igualan a las
diferencias más grandes que hay entre especies del mismo género y aun de
géneros distintos.
Las
especies comunes extensamente difundidas y que ocupan vastas regiones,
pertenecientes a los géneros mayores, dentro de cada clase, son las que
varían y tienden a transmitir a su modificada descendencia aquella
superioridad que ahora las hace dominantes en sus propios países. La
selección natural, como acaba de observarse, conduce a la divergencia de
carácter y a mucha extinción de las formas menos adelantadas e intermedias.
Por estos principios puede explicarse la naturaleza de las afinidades y las
distinciones, generalmente bien definidas entre los innumerables seres
orgánicos de cada clase en todo el mundo. Es verdaderamente un hecho
maravilloso, por más que la familiaridad nos haga no maravillarnos de él,
que todos los animales y todas las plantas en todo tiempo y en todo el
espacio estén relacionados unos con otros en grupos subordinados a grupos,
de la manera que en todas partes los vemos, a saber: variedades de la misma
especie más íntimamente relacionadas; especies del mismo género menos íntima
y desigualmente relacionadas, formando secciones y subgéneros; especies de
distintos géneros mucho menos relacionadas; géneros relacionados en
diferentes grados, formando subfamilias, familias, órdenes, subclases y
clases. Los diferentes grupos subordinados en una clase no pueden ser
colocados en una sola fila, pero parecen apiñados alrededor de puntos, y
estos alrededor de otros, y así sucesivamente, en círculos casi
interminables. Si las especies hubieran sido creadas independientemente, no
habría explicación posible para esta clasificación, que hoy se explica por
la herencia y por la acción compleja de la selección natural, de la que
resulta la extinción y la divergencia de carácter, como podríamos verlo
gráficamente en las líneas que hemos ido trazando en el diagrama.
Algunas veces, las afinidades de todos los seres de la misma clase han sido
representadas por un gran árbol, y creemos que esta idea es bastante
verdadera. En efecto, los renuevos verdes y florecientes pueden representar
las especies que existen; y los producidos durante años anteriores pueden
representar la larga sucesión de especies extinguidas. En cada período de
crecimiento, todos los retoños han tratado de ramificarse en todas las
direcciones y de sobresalir y sofocar a las ramas y renuevos que los rodean,
de la misma manera en que las especies y los grupos de especies han dominado
en todos los tiempos a otras especies en la gran batalla por la vida. Los
troncos divididos en grandes ramas, y éstas en otras cada vez más pequeñas,
fueron también en otro tiempo, en la juventud del árbol, retoños
florecientes; y esta conexión de los brotes antiguos y actuales en los
ramificados brazos puede representar a las mil maravillas la clasificación
de todas las especies extinguidas y vivas en grupos subordinados a otros
grupos. De los muchos retoños que florecieron cuando el árbol era un mero
arbusto, solamente dos o tres, que hoy son las ramas grandes, sobreviven y
soportan a las otras, y asimismo, de las especies que vivieron durante
períodos geológicos hace mucho tiempo, muy pocas han dejado descendientes
vivos y modificados. Desde el primer crecimiento del árbol, más de una rama
de todos los tamaños se ha deteriorado y caído, y estas pueden representar
aquellas órdenes, familias y géneros enteros que no tienen representantes
vivos y que no son conocidos únicamente en estado fósil. Del mismo modo que
de vez en cuando vemos una ramita solitaria saliendo por la parte baja del
tronco de un árbol, que por alguna circunstancia ha sido favorecida y
todavía vive en aquel sitio, se nos presenta también un animal, como el
ornitorrinco o el pez de légamo, que en grado pequeño enlaza por sus
afinidades a dos grandes ramas de vida, y que en la apariencia se ha salvado
de la competencia fatal, por haber habitado en un paraje protegido. Como los
retoños dan por el crecimiento lugar a otros retoños, y estos, cuando son
vigorosos, se ramifican y dominan por todos lados a muchas ramas más
débiles, creemos que es eso lo que ha sucedido con el gran árbol de la vida,
que llena con sus ramas muertas y rotas la corteza de la tierra, cuya
superficie cubre con sus restantes ramificaciones, siempre hermosas y
crecientes.
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