Ir al inicio de BibliotecasVirtuales.com

El Caballero del Espíritu

EL CABALLERO DEL ESPÍRITU

Una de las pruebas más significativas de la elevación espiritual de Duarte es su sed de sabiduría y su amor a los estudios desinteresados. Desde que aprende a leer, bajo la dirección de su madre y de la señora de Montilla, muestra una curiosidad intelectual insaciable. Después de su retorno de España, se dedica con más tesón que nunca a atesorar conocimientos para el cultivo de su propio espíritu y no para fines de utilidad inmediata.

Desde la niñez siente el hechizo de la Geografía y la atracción de los viajes. Con el afán de conocer tierras exóticas y con el gusto por los estudios geográficos, nace en él el amor a las más diversas lenguas extranjeras. Empieza a estudiar el inglés en la adolescencia con un ciudadano británico residente a la sazón en Santo Domingo, el señor Groot, y luego lo perfecciona con míster Davis durante el tiempo en que permanece en Nueva York de paso para Europa. Las nociones de lengua francesa que adquirió en su propio país, gracias a la estimación que le cobró monsieur Bruat, seducido, como todos los maestros de Duarte, por la curiosidad científica que tanto llamó su atención en este adolescente de inteligencia despejada, se ensancharon prodigiosamente no sólo durante su estancia en París, sino también en forma constante después de su regreso a la patria, sin duda porque el futuro caudillo de la separación se dio cuenta desde el principio de la importancia que tendría para la realización de sus planes el dominio del habla de los invasores. Cuando llega a Hamburgo, a raíz de su segundo destierro, se dedica con calor al estudio de la lengua alemana, y luego persiste durante largo tiempo en él la aspiración a dominar ese nuevo idioma que lo seduce por las perspectivas que ofrece a sus estudios filosóficos y porque pone a su alcance una fuente científica de riqueza insospechada.

El doctor Juan Vicente Moscoso lo inició en 1834 en los misterios de la lengua latina. El aprendizaje del latín excita particularmente su curiosidad, no sólo porque esa lengua madre le da acceso al mundo de Tácito y de los historiadores antiguos, verdadero centro de su alma que parece pertenecer a los grandes tiempos del patriotismo romano, sino también porque ya las Sagradas Escrituras, su libro de cabecera, le habían infundido el amor al sacerdocio y habían despertado en su corazón la llama religiosa.

La filosofía fue otra de las aficiones desinteresadas de Duarte. Empezó a cursaría en España, y el hecho de hallarse nuevamente en auge, cuando visita por primera vez a Barcelona, las enseñanzas de Raimundo Lulio, lo lleva al través de los libros del beato mallorquín a familiarizarse con ese aspecto de la cultura humana. Tan profundamente se penetró del espíritu de las ciencias filosóficas, que luego manifestará su devoción a esa disciplina con palabras dignas de Sócrates: «La política no es una especulación; es la ciencia más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles.» Con el sacerdote peruano Gaspar Hernández, activo animador de la idea separatista, continuó en 1842 los estudios que inició en Cataluña. Después, en los cuatro lustros pasados en el desierto, sin más compañía que la de las tribus semisalvajes del Orinoco, el estoicismo que la filosofía sembró en su alma tendrá ocasión de ejercitarse hasta un grado que rebasa los límites del sufrimiento humano. El ejemplo de Raimundo Lulio, en cuyas doctrinas se nutrió su mente todavía no trabajada por otras tendencias filosóficas, debió de presentársele más de una vez en la selva bajo la forma trágica del mártir perseguido por los infieles y apedreado ante las aras de los ídolos bárbaros con saña supersticiosa.

Las matemáticas le revelan por aquella misma época sus secretos que carecen de aridez para este estudiante incansable a quien ante todo seducen los severos perfiles de la verdad científica. La sequedad de esta disciplina, aparentemente en desacuerdo con sus  aficiones literarias, no le impide consagrar largas horas a la música y recibir del profesor Calié lecciones de dibujo. Con el músico dominicano Antonio Mendoza domina  desde muy joven la flauta y se inicia en algunos instrumentos de cuerda. De España trajo en 1833 una incontenible afición a la guitarra. Con la música alterna la poesía.

Antes de que la política absorba por completo su espíritu y lo aparte de esas distracciones inocentes, intenta más de una vez expresar en versos y en fragmentos musicales los sentimientos propios de su juventud soñadora.

Pero Duarte no fue un hombre de genio creador, sino de inteligencia poderosamente receptiva. Nunca acertó a traducir las crisis de su alma sino en poemas mediocres y en documentos de gran altura moral pero de forma desmedrada. El hecho mismo, sin embargo, de que la naturaleza le hubiera negado e don de los artistas creadores, hace  aún más digna de admiración y de respeto su tendencia a los estudios desinteresados en su amor a la filosofía y al dibujo, a las matemáticas y a la poesía, a los idiomas y a la música, no interviene el estímulo económico ni se refleja aquel sentimiento de vanidad y de orgullo que es el que a menudo excita la sensibilidad artística el que desata muchas veces en el hombre la vena de la inspiración literaria.

La Partida | La Niñez | El Viaje | Genealogía | La Lección de España | El Caballero del Espíritu | El Patriota... | Fundación de la Trinitaria | Judas | La Filantrópica | Duarte y Hernández | Los Afrancesados | La Persecución | El Ostracismo | Muerte de Juan José Duarte | El Sacrificio | Realización del Sueño... | El Beso de la Gloria | Otra Vez con sus Discípulos | Frente a Santana | El Sacrilegio | Otra Vez el Destierro | La Renuncia | Proscripción... | Veinte Años... | Duarte y San Gervi | Otra Vez... | En Tierra Dominicana | Ministro Plenipotenciario | La Muerte del Justo | El Cristo de la Libertad | El Misticismo | Duarte y Santana

El Cristo de la Libertad


 


 Los textos acá colocados son en su gran mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación. Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos para retirarlo de inmediato.  
Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (c) 1996 - 2006