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Colón y su Época

II. COLÓN Y SU ÉPOCA

No es fantasía afirmar que en la isla se comenzó a escribir desde su descubrimiento 6. El diario de COLON, que conservamos extractado por Fray Bartolomé de Las Casas, contiene las páginas con que tenemos derecho de abrir nuestra historia literaria, el elogio de nuestra isla, que, unido a la descripción del conjunto de las Antillas, creará para Europa la imagen de América: “Es tierra toda muy alta... Por la tierra dentro muy grandes valles, y campiñas, y montañas altísimas, todo a semejanza de Castilla... Un río no muy grande... viene por unas vegas y campiñas, que era maravilla ver su hermosura...” (7 de diciembre de 1492).

“La Isla Española... es la más hermosa cosa del mundo...” (11 de diciembre).

“Estaban todos los árboles verdes y llenos de fruta, y las yervas todas floridas y muy altas, los caminos muy anchos y buenos; los ayres eran como en abril en Castilla; cantava el ruyseñor...

Era la mayor dulçura del mundo. Las noches cantavan algunos paraxitos suavemente, los grillos y ranas se oían muchas...” (13 de diciembre).

“Y los árboles de allí.., eran tan viciosos, que las hojas dexavan de ser verdes, y eran prietas de verdura. Esa cosa de maravilla ver aquellos valles, y los ríos, y buenas aguas, y las .tierras para pan, para ganados de toda suerte..., para güertas y para todas las cosas del mundo qu’el hombre sepa pedir...” (16 de diciembre).

“En toda esta comarca ay montañas altíssimas que parecen llegar al cielo.., y todas son verdes, llenas de arboledas, que es una cosa de maravilla. Entremedias d’ellas ay vegas muy graciosas...” (21 de diciembre).

“En el mundo creo no ay mejor gente ni mejor tierra. Ellos aman a sus próximos como a sí mismos, y tienen una habla la más dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa...” (25 de diciembre).

En la carta a Santángel y Sánchez, de 15 de febrero a 4 de marzo de 1493, repite, con variantes y ampliaciones, la descripción del 16 de diciembre: “La Española es maravilla; las sierras, y las montañas, y las vegas, y las campiñas, y las tierras tan fermosas y gruessas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para hedeficios de villas y lugares...”

Acompañó a Colón, en sus dos primeros viajes, el gran piloto y cartógrafo Juan de la Cosa (m. 1510). En el viaje segundo (1493) lo acompañaron el médico sevillano Diego Álvarez Chanca 7 , primer observador y descriptor de la flora, del te de la Santa Sede en América, y el jerónimo Fray Bernardo Boil 8 , monje entonces de la Orden de los ermitaños de San Francisco de Paula, benedictino después, primer representante de la Santa Sede en América, y el jerónimo Fray Román Pane 9 , autor de las primeras noticias sobre las costumbres religiosas y artísticas de nuestros indios.

En el cuarto y último viaje del Descubridor (1502) vino con él su ilustre hijo Fernando Colón (1488-1539): era entonces adolescente el que después sería caballero típico del Renacimiento y “patriarca de los bibliófilos modernos”. Cuando su hermano Diego vino a hacerse cargo del gobierno de las Indias como virrey almirante (1509), estuvo con él dos meses en Santo Domingo e hizo, según parece, el proyecto de organización de la Real Audiencia. De sus escritos —escribía tanto en prosa como en verso—, el único que se refiere a la isla es la discutida biografía de su padre, que ni siquiera se conoce en su forma española originaria, sino en la versión italiana de Alfonso de Ulloa 10 .

Fluyó sobre Santo Domingo, desde los tiempos de Colón, y después durante muchos años, toda la inundación de la conquista, los descubridores, los exploradores, los futuros grandes capitanes, Alonso de Hojeda, Juan Ponce de León, Rodrigo de Bastidas, Francisco de Garay, Diego Velázquez, Juan de Grijalva, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Vasco Núñez de Balboa, Pánfilo de Narváez, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Francisco Pizarro, Pedro Menéndez de Avilés... Y los evangelizadores, los maestros; bien pronto, los prelados y sus familiares, los hombres de ley, los hombres de letras. Y las damas cultas de la corte de Doña María de Toledo, y las religiosas aficionadas a escribir 11 .

6 Sobre las primeras ediciones de escritos de COLON, desde la carta a Luis de Santángel, escrita en las Islas Canarias, febrero de 1493, con postdata de Lisboa en marzo, y publicada dentro del año, consúltese José Toribio Medina, Biblioteca hispano-americana, tomo 1, Santiago de Chile, 1898, págs. 1-28, 30-31, 48-49, 136-137, donde también se hace referencia a las reimpresiones modernas, y la Bibliografia colombina, Madrid, 1892. Entre las más completas ediciones modernas de escritos de Colón señalaré la Raccolta di documenti e studi pubblicati dalla R. Commissione Colombiana.., Roma, 1892: digna de atención, la edicion crítica del diario del primer viaje. Son fácilmente accesibles las Relaciones y cartas publicadas en la Biblioteca Clásica, de Madrid, 1892; pero ofrecen textos inseguros y no separan los auténticos de los dudosos.

Sobre Colón como escritor, consúltense Alexander von Humboldt, Examen critique sur l’histoire de la géographie du Nouveau Continent, capítulos I y IX de la sección sobre Colón (hay traducción española bajo el título Cristóbal Colón y el descubrimiento de America, dos vols., Madrid, 1892); Marcelino Menéndez y Pelayo, De los historiadores de Colón (1892), en el tomo II de sus Estudios de critica literaria; Carlos Pereyra, Historia de la América española, 8 vols., Madrid, 1920-1926, tomo 1, págs. 71-96 en contraste con las rudas censuras que hace al carácter del Descubridor, encomia sus dones expresivos. Hablo de Colón como paisajista en mi artículo Paisajes y retratos, en La Nación, de Buenos Aires, 31 de mayo de 1936.

7 El Dr. Diego Alvarez Chanca describió animales y plantas de Santo Domingo en la carta al Cabildo de Sevilla, a fines de 1493: figura en la Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV.., coordinada por Martín Fernández de Navarrete, tomo I Madrid, 1825, págs. 198-224; en la segunda edición, tomo I, Madrid, 1858, págs. 347-372; y en la Historia de Santo Domingo, de Antonio Del Monte y Tejada (v. infra). Su contemporáneo el P. Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, la utilizó para su Historia de los Reyes Católicos, como, según parece, utilizó manuscritos y datos de Colón (primera edición, Granada, 1856; reimpresiones, Sevilla, 1869-1870 y Madrid, 1878, en el tomo LXX de la Biblioteca de Autores Españoles. La comentan Miguel Colmeiro, Primeras noticias acerca de la vegetación americana, Madrid, 1892; Antonio Hernández Morejón, Historia bibliográfica de la medicina española, tomo II, pág. 202 y siguientes; José Toribio Medina, Biblioteca hispano-americana, I, 74-75, con indicaciones bibliográficas. No hay referencias a América en los dos tratados que Chanca publicó en Sevilla, 1506 y 1514.

 8 El P. Boil (c. 1445-c. 1520, según los datos de Caresmar que menciona el P. Fita) había publicado, antes de venir a América, una traducción del tratado De religione, del Abad Isaac, 1469, en castellano lleno de aragonesismos. Dejó escritos menores. Sobre su viaje a Santo Domingo sólo sabemos que haya escrito una carta a los Reyes Católicos, en enero de 1494. Describe el viaje Honorius Philoponus en su libro Noua typis transacta nauigatio Noui Orbis Indiae Occidentalis..., Munich, 1621: sobre él hay estudios del historiador chileno Diego Barros Arana, El libro más disparatado que existe sobre la historia del Descubrimiento de América, en sus Obras completas, VI, 18- 33.

Consúltese, sobre Boil, José Toribio Medina, Biblioteca hispano-americana, 1, 75, donde indica bibliografía sobre él, y los trabajos del P. Fidel Fita en el Boletín Histórico, de Madrid, 1891, XIX, 173-237. No conozco el libro de D. Carlos Martí, Fray Bernardo Bou, La Habana, 1932. 

9 La Escritura de Fray Román Pane sobre los indios figura como apéndice al capítulo LXI en la historia del Almirante Don Cristóbal Colón escrita por su hijo Fernando. “Fue el primer europeo de quien particularmente se sabe que habló una lengua de América", dice el Conde la Viñaza (Investigación histórica: la ciencia española y la filología comparada, en la Revista de las Españas, de Madrid, diciembre de 1932). La lengua que habló Pane no fue el taíno, general en la isla, sino la del Macorix de abajo: y. Las Casas, Apologética historia de las Indias, cap. Cxx.

10 La obra de Fernando Colón se publicó con el título de Historia del S.D. Fernando Colombo; Nelle quali s’ha particolare, e vera relatioe della vita, e de’fatti dell’ Ammiraglio D. Cristoforo Colombo, suo padre. Et dello scoprimento, ch’egli fece dell’Indie Occidentali, dette Mondo Nuovo, hora possedute del Sereniss. Re Catolico: Nuovamente di lingua Spagnnola tradotte nell’Italiana del S. Alfonso Ulloa. Venecia, 1571. Reimpresiones: Milán, 1614; Venecia, 1618, 1672, 1676, 1678, 1685, 1707. Traducciones: al francés, por C. Cotolendy, París, 1881; al español, por Andrés González de Barcia, Madrid, 1749; reimpresión en dos vols., Madrid, 1892 (Colección de libros raros o curiosos, que tratan de América, V y VI), y nuevamente, en dos vols., con prólogo de Manuel Serrano y Sanz, Madrid, 1932.

Según Henry Harrisse (Fernando Colón, historiador de su padre, por el autor de la “Bibliotheca Americana Vetustissima” Sevilla, 1871, y Ferdinand Colomb, sa vie, ses ceuvres, París, 1872), el libro es una superchería.

Fernando Colón no ha dejado anotacion ninguna sobre él. ¿Podría ser, como pensó Gallardo, arreglo de la desaparecida biografía que escribió el gran humanista Hernán Pérez de Oliva, sobre la cual sí dejó anotaciones el hijo de Colón en los catálogos de su biblioteca? Resumiendo la cuestión de modo magistral, como siempre, Marcelino Menéndez y Pelayo dice en su estudio De los historiadores de Colón: “El D. Fernando que se dice autor de las Historie principia por no saber a punto fijo dónde nació su padre y apunta hasta cinco opiniones; cuenta sobre su llegada a Portugal fábulas anacrónicas e imposibles, y finalmente hasta manifiesta ignorar el sitio donde yacen sus restos, puesto que los da por enterrados en la Iglesia Mayor de Sevilla, donde no estuvieron jamás.

“Todos estos argumentos, unidos al silencio de los contempráneos... , parecían de gran fuerza; pero de pronto vino a quitársela el conocimiento pleno de la Historia de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, donde no sólo sc encuentran capítulos sustancialmente idénticos a los de las Historie.., sino que se invoca explícitamente el testimonio de D. Fernando Colón en su Historia... No hay duda, pues, que Fray Bartolomé de Las Casas disfrutó un manuscrito de la biografía de Cristóbal Colón por su hijo...” En la discusión contra Harrisse intervinieron principalmente M. d’Avezac y Próspero Peragallo.

La discusión se ha renovado en este siglo, afectando tanto a Fernando Colón como a Las Casas. La bibliografía del asunto es extensa: está mencionada en la revista Tierra Firme, de Madrid, 1936, I, 47-71. Baste indicar que, como en la ocasión anterior, la opinión de los principales investigadores mantiene a Fernando Colón en posesión de estado de autor del libro.

No sé si se conserva la carta geográfica del Nuevo Mundo que le encargaron los reyes en 1526 (y. Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, sacados en su mayor parte del Real Archivo de Indias, XXXII, 512-513). Hay dos cartas suyas de 1524 sobre cuestiones de América en el tomo XL de la Colección, págs. 160-174. 

11 El distinguido investigador Fray Cipriano de Utrera, en su artículo Los primeros libros escritos en la Española, publicado en la revista Panfilia, de Santo Domingo, 15 de mayo de 1924, menciona las siguientes obras: el Diario de Colón (1492-1493); la Escritura del P. Pane (c. 1494); la Doctrina cristiana para indios, de Fray Pedro de Córdoba (m. 1521); el Itinerarium del obispo Geraldini, terminado en 1522; la Apologética historia de las Indias, del P. Las Casas, comenzada en el Convento Dominico de Puerto Plata en 1527; la larga carta del P. Las Casas al Consejo de Indias, sobre los indígenas, terminada en Puerto Plata en enero de 1531; la Historia general y natural de las Indias, de Oviedo, que se comenzó a publicar, inconclusa, en 1535. Deberán agregarse, por lo menos, la carta descriptiva del Dr. Chanca, de 1493, y el Sumario de la natural y general historia de las Indias, de Oviedo, publicado en 1526.

 

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