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Las Universidades

III. LAS UNIVERSIDADES 12 , 13

Los primeros maestros, en la isla, fueron los frailes de la Orden de San Francisco 14 , poco después de 1502; en su convento de la ciudad capital, que comenzó dando enseñanza rudimentaria a los niños, se llegó hasta la enseñanza superior: todavía en el siglo XVIII, el arzobispo Álvarez de Abréu informa que allí “se lee (i, e., se enseña) filosofía y teología”.

A los franciscanos les siguieron los frailes de la Orden de Santo Domingo, quizá desde 1510. Después, los frailes de la Orden de la Merced. Antes de 1530, además, organizó una escuela pública el insigne obispo Ramírez de Fuenleal.

Los dominicos tuvieron desde temprano alumnos seglares, junto a los aspirantes al estado religioso, y procuraron elevar su colegio a la categoría universitaria: la bula In apostolatus culmine 15 , de Paulo III, con fecha 26 de octubre de 1538, instituye la Universidad, con los privilegios de las de Alcalá de Henares y Salamanca. Se le dio el nombre de Santo Tomás de Aquino, cuyas doctrinas eran allí el fundamento de la enseñanza filosófica y teológica.

Pero el Colegio de los dominicos no fue el único que aspiró a la categoría universitaria: desde el siglo XVI la pidió y la obtuvo también (1540) el Estudio, célebre en la ciudad, que fue dotado por el medinense Hernando de Gorjón 16. El estudio tuvo como base la escuela pública fundada por el obispo Ramírez de Fuenleal, y en él ocuparon cátedra escritores dominicanos: el P. Diego Ramírez, Cristóbal de Llerena, Francisco Tostado de la Peña, Diego de Alvarado, Luis Jerónimo de Alcocer. Desde 1583, se le llamó oficialmente Universidad de Santiago de la Paz.

La historia de las dos universidades no es muy clara: las envuelve, como a todo, la niebla colonial. La de Santo Tomás de Aquino creció en importancia. La de Santiago de la Paz decayó, según noticias del siglo XVI; en 1602 la convirtió en Seminario Tridentino el arzobispo Dávila Padilla; a mediados del siglo XVII vino a quedar como subordinada a la de los dominicos, y en el siglo XVIII quedó absorbida por el colegio que la Compañía de Jesús estaba autorizada a fundar.

Divídanse las universidades españolas, según la tradición medieval, en cuatro facultades: Teología; Derecho (ambos derechos, civil y canónico); Medicina; Artes, las siete artes liberales, el trivio: gramática, —latina, desde luego—, retórica y lógica; el cuadrivio: aritmética, geometría, música y astronomía, designada entonces con el arcaico nombre de astrología. Era obligatorio explicar en latín las lecciones, salvo para la medicina. El título de bachiller en artes se obtenía en la adolescencia: era el preparatorio. En nuestra Universidad de Santo Tomás, según el P. San Miguel, en 1632, se graduaban “en Artes, Teología, Cánones y Leyes... En sus principios se graduaban en todas las Facultades”: debe entenderse, pues, que al principio hubo también enseñanza de medicina. A fines del siglo XVII la había de nuevo: el sevillano Díez de Leiva se incorpora como licenciado en medicina en 1687; en el siglo XVIII tenemos noticia de catedráticos como Manuel de Herrera (m. 1744) y el catalán Francisco Pujol, que a mediados de la centuria había impreso en Cádiz una carta a nuestra Universidad, la Universidad Literaria de Santo Tomás, donde había recibido su titulo de doctor en medicina: allí pide, según el bibliógrafo mexicano Beristáin, “que los puntos para disertar en las oposiciones escolásticas a las cátedras de .medicina no se den en las obras de Avicena, sino en el texto de Hipócrates, y para la cátedra de Anatomía se saquen de la obra de Martín Martínez”, el maestro español de aquella época; todavía en los comienzos de la medicina moderna, imperaba en Santo Domingo la de la Edad Media: volver a Hipócrates representaba progreso, como lo había sido siempre hasta el siglo XV.

A la Universidad de Santo Tomás acudieron durante tres siglos estudiantes de todas las Antillas y de Tierra Firme. Todavía después de fundadas, en el siglo XVIII, las Universidades de La Habana y de Caracas, concurrían a la de Santo Domingo alumnos cubanos y venezolanos: los tuvo hasta el momento de su extinción. Y fue nuestro plantel quien nutrió en sus comienzos al de Cuba y al de Venezuela 17 . Los primeros rectores de la Universidad de La Habana proceden de Santo Domingo: desde luego, el primero, Fray Tomás de Linares (m. 1764), en 1728, reelecto en 1736 y en 1742; después, Fray José Ignacio de Poveda, en 1738. Igual cosa sucede con el primer rector de Caracas, en 1725, el Dr. Francisco Martínez de Porras, nativo de Venezuela, pero graduado en Santo Domingo, y con el catedrático fundador José Mijares de Solórzano, rector después y finalmente obispo de Santa Marta.

En el siglo XVIIl renace la Universidad de Santiago de la Paz al incorporarse el Colegio de Gorjón en el de los jesuitas: en 26 de mayo de 1747, el rey Felipe V dispone que se erija “el colegio de la Compañía... en universidad y estudio general con las mismas facultades y privilegios que gozaba la que se fundó en el Colegio de Gorjón”, para zanjar dificultades, en vista de que los jesuitas les discuten a los dominicos los orígenes de su plantel, el rey normaliza la situación confirmándoles a las dos universidades sus antiguos nombres. Los jesuitas, además, obtienen del Papa Benedicto XIV la autorización contenida en el breve In supereminenti, de 14 de septiembre de 1748. Todavía en 1758, para acallar disputas, el rey hace constar que la institución de los dominicos no tiene derecho a llamarse, como pretende, a imitación de la sede arzobispal, “Universidad Primada de las Indias”, porque ninguna de las dos de Santo Domingo tiene preeminencia de derechos sobre la otra.

Al renacer, la Universidad de Santiago de la Paz estaba autorizada a enseñar en las cuatro facultades clásicas. Pero vivió poco: murió en 1767, cuando se expulsa de todos los territorios españoles a la Compañía de Jesús. Se reorganizó la institución, a fines del siglo (1792), como seminario conciliar, bajo el nombre de Colegio de San Fernando, pero desapareció durante el breve período de dominio francés (1801-1808).

La Universidad de Santo Tomás de Aquino persistió hasta el final del siglo XVIII. Desde 1754, por lo menos, —cuando se redactan nuevos estatutos—, no era ya exclusivamente universidad de los dominicos: parte de la enseñanza estaba en manos de seglares, y los rectores podían serlo. Sabemos que hacia 1786 tenía cincuenta doctores y unos doscientos estudiantes.

Hacia 1801 se cerró, bajo los franceses. En 1815, bajo el nuevo régimen español, se reabrió como institución laica, al empuje de la ola liberal que venía de las Cortes de Cádiz, y sobrevivió hasta 1823, en que se extinguió definitivamente, al despoblarse sus aulas cuando los invasores haitianos obligaron a todos los jóvenes al servicio militar. El primer rector, en el período final, fue José Núñez de Cáceres (1815-1816); el último, Bernardo Correa Cidrón (1822-1823)18 .

 12 Las Universidades de Santo Domingo son las primeras de América: la de Santo Tomás de Aquino existía como colegio conventual, que con la bula de 1538 adquiere categoría universitaria; la de Santiago de la Paz, autorizada desde 1540, tuvo como base otro colegio ya existente y en 1547 poseía ya edificio propio.

La Universidad de Méjico y la de Lima fueron autorizadas en 1551. En Quito, la de San Fulgencio, de agustinos, obtuvo bula en 1586; pero la definitiva fue la jesuítica de San Gregorio Magno. En Bogotá, la Xaveriana, seminario de jesuitas, estaba organizada en 1592; pero la que obtuvo categoría de Real y Pontificia, la dominica de Santo Tomás, fue autorizada, según parece, en 1621. La del Zuzco, en 1598.

Del siglo XVII son las de córdoba en la Argentina ( la jesuítica de San Ignacio, en 1664, no en 1614; después se le llamó de la Purísima Concepción; en 1767 pasó a manos de los franciscanos: V. Luis Aznar, La Universidad de Córdoba bajo la dirección de los regulares, en el Boletín de la Universidad de La Plata, 1934, XVIII, 261-303; allí anota la breve existencia de una universidad rival, la dominica de Santo Tomás _ 1700-1702 _ Charcas en el Alto Perú _ jesuítica, autorizada en 1624 _ y Guatemala _ la de San Carlos, autorizada en 1676 _ ).

Del siglo XVIII, las de Caracas (1725), La Habana (1728) y Santiago de Chile la de San Felipe (1738) ; la dominica de Santo Tomás, de 1610, no llegó a tener existencia oficial

El Colegio Seminario de San Cristóbal, de Huamanga, en el Perú, gozaba privilegios universitarios, según Alcedo. No hallo datos sobre la Universidad que se dice existió en Guadalajara de Méjico. 13 Sobre la actividad universitaria en Santo Domingo, consúltese el documentadísimo libro de Fray Cipriano de Utrera, Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de Aquino y Seminario Conciliar de la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española. Santo Domingo 1932. Para comparar opiniones, V. el interesante folleto de Fray M. Canal Gómez sobre El Convento de Santo Domingo en la isla y ciudad de este nombre, Roma, 1934, reproducido en la revista Clio, órgano de la Academia Dominicana de la Historia, julio y agosto de 1934. 14 Sobre los franciscanos, V. Utrera, Universidades, pág. 14. Sobre el colegio del obispo Ramírez de Fuenleal, págs. 15-18. Para afirmar que el colegio del obispo existía antes de 1530, me apoyo en este pasaje de su carta al Emperador, desde Méjico, en abril de 1532 (colección de documentos.., del Archivo de Indias..., XIII, 220): “Tengo en mi compañía a Cristóbal de Campaña, que ha leído tres años gramáticas en Sancto Domingo, y es de evangelio, y a la Trinidad canta misa; es docto en la lengua latina y de buen vivir... 15 La bula In apostolatus culmine, de 1538, está incluida en el Bullarium Ordinis Praedicatorum, Iv, 571, y en la Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y de Filipinas, del P. Francisco Javier Hernáez, 5.1., tomo II, 438; existen copias en el Vaticano, en el Archivo General de la Orden de Predicadores y en el Archivo de Indias, de Sevilla. El original estaba en Santo Domingo y hubo de perecer cuando Drake puso fuego al archivo del Convento Dominico, en 1586. Fray Cipriano de Utrera discute la bula, como los jesuitas del siglo XVIII. Pero las acusaciones entre órdenes rivales no prueban nada. El P. Canal Gómez rechaza la duda como ofensiva para la Orden de Predicadores. De cualquier modo, en el siglo XVII se habla del Colegio de la Orden de Predicadores como Universidad: así, en 1632, en carta de Fray Luis de San Miguel, que enseñó allí, se dice que tiene “por bula particular las mismas preeminencias que la Universidad de Alcalá en España” (Carlos Nouel, Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo en dos vols. , Roma, 1913, y Santo Domingo, 1914: y. I 256; además, Apolinar Tejera, Literatura dominicana, pag. 13, y Utrera, Universidades, 150). En 1662, el arzobispo Cueba y Maldonado le atribuye privilegios reales (Utrera, Universidades, 159). Se han atribuido a la Universidad, a veces, los títulos de Imperial y Pontificia; pero el título de imperial sólo pertenecía al Convento de Predicadores.

Hay datos sobre la institución en el Memorial que publica en 1693 Fray Diego de la Maza (V. en este trabajo el capitulo VIII, b, notas): no lo conozco, ni sé que haya sido consultado. 16 Las gestiones de Gorjón están documentadas desde 1537 (Utrera, Universidades, 26-29). Ya en 31 de mayo de 1540 el Emperador autoriza la fundación del “colegio general.., en que se lean todas ciencias” (es decir, universidad) y promete pedir al Papa que “conceda al dicho colegio las franquezas y esenciones (sic) que tiene el Estudio de Salamanca” (Utrera, 29-31). En cédula de 19 de diciembre de 1550, muerto Gorjón, la corona dispone que su legado sirva para establecer el colegio general sobre la base del “Estudio que al presente está fecho e fabricado” (Utrera, 33-35). La cédula real de 23 de febrero de 1558 confirma la autorización, empleando la fórmula “Estudio e Universidad” (Utrera, 3 5-36). El visitador Rodrigo de Ribero, en ordenanza de 1583, dispuso que se le llamara Universidad de Santiago de la Paz, conforme a la voluntad de Gorjón (Utrera, 50). El cronista oficial Juan López de Velasco, en su Geografía y descripción universal de las Indias, escrita de 1571 a 1574 (Madrid, 1894, pág. 100), llama a la Universidad de Gorjón de San Nicolás, confundiéndose con el nombre del Hospital que fundó el gobernador Frey Nicolás de Ovando. Gorjón también dejó rentas para hospital. Oviedo habla de su construcción en 1547: “Hanse fecho agora nuevamente unas escuelas para un colegio (donde se lea gramática e lógica e se leerá philosophía e otras sçiençcias), que a do quiera sería estimado por gentil edificio” (Historia general y natural de las Indias, Parte I, libro III cap. XI). Fray Alonso Fernández, en su Historia eclesiástica de nuestros tiempos (Toledo, 1611), dice que la ciudad de Santo Domingo tenía un colegio o universidad de gramática y ciencias con cuatro mil pesos de renta”. Sobre la decadencia del Colegio de Gorjón, V. Utrera, 46 ss. Sobre su conversión en seminario, 89-91. Sob0re su subordinación a la Universidad de los dominicos, 160.

17 . Sobre relaciones universitarias de Santo Domingo con Venezuela y Cuba, consúltese Rafael María Baralt y Ramón Díaz, Resumen de la historia de Venezuela, en tres vols. , París, 1841-1843: V. tomo 1, 441; Utrera, 95 y 202-214;Documentos del Archivo Universitario de Caracas, 1725-1810, 1, Caracas, 1930; Juan Miguel Dihigo, La Universidad de La Habana, La Habana, 1916, y Real y Pontificia Universidad de La Habana, en la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, Universidad de La Habana, 1930, XLI, 175-393. 18 Sobre el período final de las universidades coloniales, consúltese Guía histórica de las Universidades, Colegios, Academias y demás cuerpos literarios de España y América..., Madrid, 1786; Utrera, 248-258, 334-335, 543-547, 558, 567 y al final B-C, en Adiciones y correcciones: en las págs. 548-564 da una lista de los estudiantes de 1815 a 1823, con la filiación de muchos; son unos doscientos cincuenta; cerca de la mitad proceden todavía de Puerto Rico, Cuba y Venezuela.

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