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OókempamOókempam es un personaje inspirado, posiblemente, en la forma y el tamaño del gliptodonte, cuyos caparazones y esqueletos petrificados se encuentran diseminados en Santa Cruz. Se cuenta que Oókempam caminaba en cuatro patas y estaba recubierto por un caparazón muy duro y grueso, al que no le entraban las flechas ni las afiladas garras de los pumas. Por su forma, caminaba siempre mirando al suelo. Los habitantes de los distintos grupos de la región, estaban sumamente preocupados por la desaparición de niños, por lo que se reunieron a conversar sobre el tema y ver que podían hacer. -Vamos a consultar con Oóuken, propuso uno, él nunca miente y lo sabe todo. Fueron a verlo y habiéndolo impuesto del caso, éste sentenció: - Quien roba nuestros niños es Oókempam, vayamos a buscarlo y terminemos con él. Los hombres, con boleadoras y lazos, fueron en busca del raptor de niños, penetrando por un profundo cañadón, bordeado de altas barrancas y despeñaderos. Al avistar el campamento de Oókempam, junto a un manantial, hicieron caminar a una niña, para que fuera vista por el raptor, en tanto, ellos se escondieron a prudente distancia. La treta dio resultado, al momento apareció Oókempam y comenzó a seguir a la niña con la intención de agarrarla, pero de inmediato lo rodearon descargando sobre él, toda clase de golpes. Pudo escapar bastante maltrecho. Regresaron a los toldos, pensando que con ése escarmiento sería suficiente, pero pocos días después, un hombre fue a ver al Uamen (Curandero) Oóuken, quien le aseguró: -La parte vulnerable de Oókempam, es el garrón, córtalo allí y no podrá caminar. Nadie más que él, es el raptor de nuestros niños. El hombre, dolido por la falta del hijo, partió en busca del ladrón, al que halló junto a un matorral de calafates y sin darle tiempo a nada se abalanzó sobre él aplicándole un cuchillazo con el que le cortó un garrón. Al sentirse herido Oókempam, huyó arrastrando la pata. El hombre no logró alcanzarlo para terminar con él, como era su propósito. Los niños continuaban desapareciendo, entonces Oóuken decidió ir a hablar con él, para ello mandó un emisario, concertando la cita en lo alto de las barrancas del cañadón y allí se encontraron al anochecer. -¿Qué hiciste con los niños? Preguntó Oóuken. -Los llevé lejos de aquí, porque quiero aumentar mi gente. -¿Por qué quieres aumentar tu gente? Consultó Oóuken -Porque estamos desapareciendo por naturaleza y queremos perdurar. Respondió Oókempam. -Suponíamos que te comías los niños, dijo el hombre. -No, no! ¡Nunca he comido un niño! Aseveró Oókempan. Oóuken, que no creía la explicación que acababa de oír, dio un fuerte empujón a Oókempam, arrojándolo al vacío. Al caer desde tanta altura, se hizo pedazos el caparazón y murió, quedando dispersos los restos en la ladera. Mario Echeverría Baleta
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