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Patn (zorro)

Cuentos con zorros

Patn (zorro)

El Zorro, a través de la historia, se ha ganado una bien merecida fama de pícaro, como vemos en viejas fábulas, cuentos y anécdotas de todos los tiempos.

Entre los Chonek, era también el personaje preferido, especialmente en los cuentos para niños, donde generalmente su astucia e ingenio, realiza proezas increíbles, logrando la admiración y hasta cierta envidia por parte de la gente menuda que ve en él, no sólo al protagonista, sino al héroe.

En muy pocas ocasiones, este personaje, es víctima de la derrota, ya que casi siempre sus triunfos y salidas airosas de situaciones difíciles, son coronadas con exclamaciones de aprobación.

La primavera Chonke, comienza con la caza del primer «chulenguito» (Guanaquito) de la temporada; es la fecha que ellos llaman «Ariskáiken», que podría traducirse como: «época de los guanaquitos nuevos».

Goke, en este caso, fue el cazador que regresó a los «kau» (toldos), trayendo un chulenguito sobre sus fornidos hombros. De inmediato sacó la piel para estaquearla y repartió la carne, de acuerdo a la costumbre reinante.

Con este hecho, se iniciaba el «ariskáiken» Al día siguiente, muy temprano, se haría la salida para cazar durante varios días acampando donde los sorprenda la noche envueltos en sus capas, las que generalmente eran confeccionadas con cueros de guanaquito.

El cacique fue el primero en levantarse para arengar a los paisanos invitándolos a salir y a las mujeres a preparar los enseres para la jornada que debía ser fructífera, recordando otras oportunidades en las que habían hecho una buena caza, pudiendo acopiar cueritos para sus capas y prendas, además de aprovechar la carne, haciendo charqui para el invierno. En esta oportunidad, se cazarían únicamente guanaquitos nuevos, de hasta diez días de vida solamente.

Era el «ariskáiken».

Tal importancia tiene la guanaqueada (o Chulenguiada) para los Chonkes, que su propia edad la refieren a las guanaqueadas del individuo y teniendo en cuenta que un joven comienza esta faena en la pubertad, los años de la niñez no cuentan como edad real, ya que al preguntársele la edad, seguramente responderán:

«-Tengo tantas guanaqueadas»

A esas «guanaqueadas» debemos agregarle los años de la niñez. Salieron los cazadores en la dirección indicada, caminando en silencio durante larga rato, hasta avistar al relincho (Guanaco macho) de la cuadrilla en el filo de un cerrito.

Se reunieron un momento para organizar el cerco, sistema de cacería, propio de los Chonkes, al que llaman «Aorke», consistente en formar dos hileras de hombres, los que salen en forma paralela y luego se van separando en cuña para volver a cerrarse en el extremo, de manera que los animales queden encerrados. Luego comienzan a achicar el corral, hasta tenerlos al alcance de las boleadoras, momento culminante de la cacería, donde la sorpresa brinda sus mejores frutos.

-Están en la hondonada, al sur del matorral de moye. Anunció Mayuco y la señal se fue transmitiendo de hombre a hombre, hasta llegar a los punteros, para que se comience a cerrar el cerco. Las mujeres «fogoneras», sacaron de sus ollas de barro, las brasas para hacer arder los fuegos como parte de la señal del cierre del círculo y principio de la boleada.

En ese preciso momento apareció un zorro gris que estaba al acecho de alguna presa para saciar su apetito y al notar la presencia de los cazadores, dio un grito y huyó hacia el matorral, en busca de refugio, pasando previamente, entre la cuadrilla de guanacas con cría, causando un desbande general.

Al Zorro, todos los animales le temen y le rehúyen de manera que su presencia en este caso acrecentó la desconfianza de las guanacas en resguardo de sus crías pequeñas y alertadas por el relincho, huyeron antes que se cerrara el cerco de los cazadores, dejándolos una vez más sin posibilidades de concretar sus propósitos, al menos por ese día.

Poco a poco se fueron juntando los fracasados cazadores alrededor de un fuego, donde asaron la única presa que pudieron alcanzar, un avestruz, la que repartieron entre todos mientras se hacían nuevos planes para el día siguiente.

Además de los comentarios del fallido «aorke» de esa oportunidad a causa del Zorro, no faltó quien recordara las oportunidades que este personaje hizo de las suyas, ya sea ahuyentando los animales o bien robando el producto de la caza y llegando a la osadía de cortar una correa para liberar a un animal atado, siguiéndolo después hasta alcanzarlo lejos de la vista de sus dueños.

Palike y otros niños, pidieron a la abuela Atele, que les cuente alguna de las aventuras de Patn. La anciana se hizo rogar un poco y luego accedió con una sonrisa de agradecimiento, hacia quienes la tenían en cuenta y la amaban.

Así comenzó su relato: -Patn caminaba sin rumbo una mañana, cansado, tras haber corrido sin éxito a varias posibles presas, habiendo recibido como respuesta, el arañazo de un Gato Montés y la risa burlona de una Garza Bruja. ¡Ni siquiera un miserable lagarto! Se decía mientras husmeaba las matas por instinto, deteniéndose para mirar hacia todos lados, prestando atención a cualquier movimiento que notase. Se paró al lado de una piedra casi redonda, del tamaño de un zorrino, más o menos, ubicada en el filo de una loma, como
vigía.

En ese momento, un Tucu tucu se detuvo sorprendido frente al Zorro. -¡Aquí está mi comida! -pensó- Pero tengo que traerlo con astucia para que no se me escape.

-jSeñor Tucu tucu! ¡Qué alegría verlo!,justamente lo andaba buscando para proponerle un trato que le va a convenir...

-Estoy apurado. Contestó el animalito, intentando irse.

-¡Espere, espere!, no se vaya sin escuchar mi propuesta... Dijo el Zorro.

-Conozco sus mañas, usted quiere comer hoy y no tengo ganas de ir a parar a su cochino estómago. Diciendo esto, desapareció entre los coirones.

-¡Mala suerte! ¡La próxima vez no le voy a dar tiempo a pensar! Bueno, veo que hoy no es mi día para comer, tendré que hacer otra cosa... Jugar, tal vez, o dormir la siesta, aprovechando el calor del sol...

Pero un Zorro que se precie de tal, no puede estar sin hacer alguna zorrería, y, viendo la tranquilidad de la piedra, comenzó a burlarse de ella. -Te juego una carrera. Le dijo.

-No puedo correr, soy muy pesada, además no tengo patas. Repuso la piedra.

-Te doy ventaja. Prosiguió el Zorro.

-No insistas, ya ves que no puedo moverme...

-Eres una cobarde. Se burló el Zorro.

En ese momento, la piedra intuyó que habría un temblor de tierra enseguida, pues sentía bajo su vientre, un levísimo remezón, entonces repuso:- Bien para demostrarte que no soy cobarde, te acepto el reto.

Apenas escuchadas estas palabras, el Zorro comenzó a correr cuesta abajo, pero pocos pasos más adelante se detuvo diciendo: -Voy a dormir una siestita, total esta tonta piedra no me alcanzará nunca, es más, ni se moverá de su lugar.

Diciendo esto se acurrucó en una oquedad de la loma recibiendo de lleno el sol y se quedó dormido profundamente, al mismo tiempo que un temblor de tierra desprendió a la piedra de su lugar, la que comenzó a rodar dando saltos cada vez más grande y en uno de ellos, le aplastó la cabeza al Zorro. Un Carancho que pasó por el lugar, vio al Zorro muerto y reconoció una sonrisa irónica que se había quedado trunca en su boca.

Los niños vitorearon la narración de la abuela y se fueron a dormir contentos con el final de la historia.

Mario Echeverría Baleta

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