|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cuentos con zorros Con los Chonkes Cuando los seres animados eran iguales, un Chonke y un Zorro salieron a cazar para alimentar a sus respectivas familias, pero no hallaron nada. -¿Qué haremos ahora? Preguntó el Chonke al Zorro. -No se me ocurre nada... Respondió el Zorro. -¡Ya sé! Dijo el Chonke, como recordando de pronto algo. -He visto un avestruz allá en la loma, pero temo acercarme porque no traje mis boleadoras... -¡Yo iré, acompáñame! Invitó el Zorro. -Entre los dos será más fácil. Repuso el hombre. Caminaron sigilosamente hacia la loma, para no ser vistos, mientras iban tramando la artimaña para cazarlo o robarle los huevos. El hombre apareció de frente al avestruz macho que estaba echado cubriendo unos sesenta huevos, de los que asomaban algunos bajo el plumaje. La treta consistía en distraer su atención mientras el Zorro le quitaría algunos huevos, si podía. Con suma delicadeza le quitó dos, dejándolos en el suelo para llevarlos rodando, actitud que fue notada por el ave, que cayó sobre él con una lluvia de patadas y picotazos, dejándolo bastante maltrecho. -¡Ay, amigo Chonke! Se quejaba el Zorro. ¡Casi me mata! Nunca más intentaré quitarle los huevos de esta manera, tendría que haber esperado su ausencia... -¿Qué haremos ahora? Se preguntaba el hombre. -Algo tenemos que hacer para saciar el hambre... Mientras caminaban planeando nuevas estrategias, se acercaron a una laguna que tenía una pequeña isla, en la que podía verse una bandada de avutardas anidando. Empollan las hembras, al contrario del avestruz, que empolla el macho. -¡Aquí podemos juntar huevos! Dijo entusiasmado el Zorro, mientras entraba cauteloso a la isla, en tanto el hombre se unió a unos cazadores que perseguían a un avestruz con flechas y boleadores. La ambición del Zorro, no le dio tiempo a mirar a los kaikenes machos, que le cayeron en bandada sobre su maltratado cuerpo, dándole la segunda paliza del día. Cuando logró por fin, escapar y salir de la isla, no halló a su compañero, entonces se encaminó a lo alto de una loma desde donde miró hacia todos lados, pudiendo ver, no muy lejos, una pequeña columna de humo en un bosquecito de mata amarilla. Hacia allí encaminó sus pasos, acercándose con sigilo, por las dudas. Para su suerte, se encontró con los hombres que estaban asando un avestruz «a la piedra». -¡Casi me matan los kaikenes! Se lamentó el Zorro, a manera de explicación. -No se lamente amigo, venga a comer con nosotros que hemos tenido mejor suerte. Le dijo su compañero de aventuras. Todos comieron en silencio y después repartieron la carne para que cada uno lleve algo a su familia. Mario Echeverría Baleta
|
|
|
||||||||
|
|
|
| Los textos acá colocados son en su gran
mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación.
Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines
educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la
actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que
se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos
para retirarlo de inmediato. Actualmente hay 343 usuarios conectados en BibliotecasVirtuales.com |
|
Contenidos distribuidos bajo una Licencia de Creative Commons. |
|