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Cuentos con zorros Con los Perros El ingenio del zorro parece agudizarse cuando el hambre lo apura, entonces idea coartadas para atraer a sus posibles bocados, lo que muchas veces logra y en ése caso es reiterativo. Mientras haya algo para comer, regresa cuantas veces le sea posible. De allí, que cuando esto ocurre la gente dice: «-El zorro se cebó.» Cuentan los paisanos que el zorro vivía en un grupo integrado por perros, gatos del monte y otros animales. Una noche, cuando todos se habían ido a dormir, el Zorro se levantó cautelosamente, se acercó a una Perra que tenía cachorros y se llevó dos para comérselos lejos del lugar. Por la mañana se comentaba la falta de los cachorros -¿Dónde se habrán ido mis hijos? Se preguntaba la Perra. Buscaron todo el día, pero, lógicamente, nadie los halló. ¡Ni rastros de ellos! Durante varios días, el Zorro cautelosamente, iba devorando los perritos sin dejar la menor señal. Cierto día, los Perros comenzaron a desconfiar del Zorro, ya que notaron que estaba engordando sin motivo y que no salía a cazar como lo hacían ellos. El Zorro se dio cuenta de la desconfianza de los Perros, ya que lo espiaban y hablaban en voz baja, mirándolo de soslayo. Esto motivó su alejamiento, para ir a esconderse en el campo, muy lejos. El hecho de irse sin decir nada, no hizo más que asegurar la sospecha de los Perros, que comenzaron a buscado afanosamente para vengarse. Había pasado un largo tiempo. El Zorro creyó que ya habían olvidado su indigno proceder y regresó a la zona como si no hubiese ocurrido nada. El Gato montés, su amigo, le dijo: -Vete, los Perros te están cercando para agarrarte, te van a matar! ¡Qué me van a matar! Yo soy muy astuto... Respondió despreocupado el Zorro. ¡Vete! Insistió el Gato montés. -Ellos están muy enojados. -Si ellos están muy enojados, yo demostraré que estoy muy contento, de manera que cantaré un rato. Arguyó el Zorro. -Canta si quieres, pero recuerda que te previne! Y diciendo esto, el felino se alejó para no ser testigo de lo que estaba por ocurrir. Sentado en una laja, el Zorro entonó su canción favorita: «-¡Uac, uac, uaaac!». Reiteró varias veces su melodía, hasta que un rápido tropel de Perros de todos tamaños, le cayó encima. No le dieron tiempo ni a pararse... Le llovían mordiscones por todos lados y sentía que su piel se desgarraba. No pudo escapar y menos defenderse. La intención de los Perros era matarlo. Lo tironeaban sin piedad. El Zorro
recurrió a un ardid propio de su estirpe. Se hizo el muerto y le dio resultado.
Los Perros así lo creyeron y lo dejaron al fin, dando por vengado su honor.
Cuando los agresores se perdieron a la distancia, el Zorro, muy maltrecho, se
levantó y se dirigió a su escondite, donde permaneció varios días Después de esta dura experiencia, nunca más se acercó a los Perros ni a los otros animales. Vive solitario y trata de no ser visto. Mario Echeverría Baleta
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