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18- SHINTAUKEL
La noche siguiente de la llegada al Chanten hubo una tormenta de granizo y viento, acompañada por momentos de gotas de lluvia que derramó su bendición sobre la tierra. Al amanecer volvió la calma y se asomó el sol sobre el horizonte del “Cápar”, haciéndolo brillar como si estuviese dotado de luz. Las gotas de agua pendían de las hojas, semejando perlas transparentes de las que bebían los “mangangáes” 23, mientras grandes “aguaciles” 24 hacían vuelos rasantes, deteniéndose de pronto en el aire a manera de pequeños helicópteros. El viejo cacique Kooloue anunció a su gente4 que saldrían a cazar de inmediato. Entonces se acercó a él un jovencito, recién iniciado en la cacería, para decirle: - Ayer vi las tropillas de guanacos en el cañadón Grande, hacia los faldeos del Chanten, oeste adentro. Allí deben estar. - No, iremos hacia las vegas de los cerros chicos, en sentido contrario-, acotó el cacique con voz segura. - ¿Por qué, cacique? Ayer vi muchos allí-, consignó el muchacho señalando hacia el oeste. - Los guanacos no caminan contra el viento, le dan el anca, y el temporal los incita a caminar en su misma dirección, para no entumecerse de frío. Por lo tanto, deben estar en las vegas de los cerros chicos. Ya verás…-, respondió convencido Kooloue. El sol entibió el aire, mientras las figuras de los paisanos, una tras otra, se fueron achicando en busca de sustento, cañadón abajo, hacia las vegas de los cerros chicos. Con la tierra húmeda, el sol, con su magia de tiempo, invitó a asomarse a los hongos, que, rápidamente, dejaron ver sus clásicas figuras. Las mujeres, acompañadas por los niños, arrebataron ese manjar de la naturaleza con alegría, no olvidando llenar una bolsita para la abuela Tama, que los recibió con la dulce sonrisa de siempre y el ánimo dispuesto para continuar su narración basada en la existencia de Elal. Tras percatarse que no faltaba nadie inició su acostumbrada historia: - Los gigantes persiguieron siempre a Elal, ideando muchas trampas y artimañas para eliminarlo. - ¿Y cómo se enteraron los gigantes que Elal estaba viviendo en Aoni Güent?-, preguntó Güenta. - Oiye (cóndor) vio desde lo alto cuando los cisnes trajeron al niño, dejándolo sobre el Chanten, y le avisó a los gigantes para granjearse su amistad, pero Noshtek no pudo agarrarlo, ya que, mientras lo perseguía, Elal creó entre ambos una selva impenetrable, donde el gigante, por su tamaño, no pudo entrar. - ¿Y qué hizo, se dio por vencido?-, preguntó el curioso Pol. - Noshtek no se dio por vencido, habló con un poderoso brujo llamado Takaurr, el que le propuso un plan para eliminar a Elal, consistente en convencer a Shintaukel, un cazador que tenía un gran parecido físico con el héroe, para que lo mate y lo reemplace en el liderazgo. Para ello, Shintaukel acompañó al gigante a la Isla de la Creación, donde se reunieron los tres, regresando Shintaukel bajo la protección del gigante. Algunos dicen que viajó de regreso en el ala de un chimango, integrándose a los grupos de cazadores y diciéndoles que venía a eliminar a Elal para ocupar su puesto. - Seguramente Shintaukel quería granjearse el apoyo y la amistad de los chonkes-, razonó Güenta. - Tienes razón. ¡Veo que te das cuenta de la realidad!-, confirmó la abuela Tama. - ¿Elal, sabía las intenciones traidoras de Shintaukel?-, consultó Átele. - No, no lo sabía, ni lo imaginaba… Cuando Elal lo vio llegar junto a un grupo de gente, fue a recibirlo cordialmente, pero, Shintaukel, lo atacó de inmediato, hiriéndolo; entonces, ¡comenzó la lucha…! - ¿Dónde pelearon?-, preguntó Tankelou. - En Chókeken Sechle (Mesetas de agua salada, actual meseta del lago Cardiel). Al anochecer, una manada de pumas hambrientos, atraídos por el olor a sangre, los atacó. Elal, parecía pronto a caer…Los partidarios de Shintaukel, creyéndolo vencedor, comenzaron a vitorear su nombre… - ¿Qué pasó con los pumas?-, interrumpió Tako. - Tuvieron que detener la lucha y entre todos, haciendo grandes fuegos, los ahuyentaron, matando a muchos de ellos. Después tardaron en encontrarse los rivales nuevamente para reiniciar la lucha. Elal se recuperó y de esa manera venció fácilmente a su rival. Los hombres aclamaron a su héroe. En el segundo tramo de la lucha, Elal vio asomarse tras un cerro el rostro de uno de los gigantes que lo perseguían, por lo que se supuso que Shintaukel sería el otro monstruo. Entonces lo ató y lo llevó a su kau, le abrió el pecho y le comió el corazón en presencia de su amigo y salvador Terr Uer. Éste le reprochó la actitud, asegurando que los gigantes tienen el corazón de piedra-, narró la abuela Tama. - ¿Es salada el agua del lago, abuela?-, preguntó Losha. - Sí- aseguró la anciana-. Las gotas de sudor durante la lucha salpicaron las aguas, dándoles un sabor amargo y convirtiendo en guadales los alrededores… - ¿Cómo era antes la zona?-, se interesó Ótilkel. - Dicen que era muy verde y con árboles…Quedan algunos convertidos en piedra-, argumentó la narradora, haciendo mención a los árboles petrificados que se encuentran en la región. Los niños se despidieron con la promesa de volver a escuchar la continuación de tan interesante historia. - ¡Mas itáinko koone Tama! - ¡Ketouan tálenke! 23 Mangangá: También llamado abejorro. Insecto heminóptero grande, cuya picadura produce dolor y fiebre. Tiene unos dos centímetros de largo y uno de alto. Forma ovoide. Recubierto de pelo rojo-anaranjado. Patitas negras. Produce un zumbido característico. Liba néctar de las flores. 24 Aguaciles: Alguacil. Insecto neuróptero de cuatro alas transparentes, cuerpo largo de siete centímetros. Cabeza y ojos grandes. Habita bañados y arroyos con vegetación. Se dice que sale anunciando lluvia.
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