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24- OTRAS PRUEBAS

Aprovechando la
bondad del clima, tanto grandes como chicos disfrutaban de juegos y
competencias. Las tejedoras pudieron armar sus telares y hacer las tramas.
Los chicos del
grupo, caminaron hasta la costa del lago, buscando piedras de colores y trocitos
de cristal de roca, en los que admiraban los matices del arco iris al exponerlos
al sol.
Cerca del
arroyo asomaba una barranca de rocas festoneada de musgo y allí se detuvieron un
momento a observar las cuevitas de los tucu-tucu, para ver si asomaban. Les
agradaba ver su piel tan suave y los movimientos rápidos que hacían. Sabían que
a ese animalito debían respetarlo y no permitir que nadie los matara.
-
¡Miren, aquí estuvo el mar!-, dijo Pol.
-
¿Aquí, el mar? ¿Cómo lo sabes?-, se sorprendió Keóken.
-
Porque aquí veo las mismas cosas que se ven en el mar y dijo la abuela
Tama que hace mucho tiempo, tanto que no se puede contar, que donde ahora hay
tierra antes hubo mar.
-
Es cierto, yo lo recuerdo-, acotó Losha.
-
¡Cuánto sabe la abuela!-, se admiró Tankelou.
-
¡Aquí hay un hormiguero!-, avisó Tako, levantando una laja y dejando al
descubierto miles de hormigas que desesperadas trataban de esconder sus huevos.
Para ellas aquello debió ser una catástrofe.
-
¿Sabrán las hormigas quién era Elal?-, pensó Ótilkel.
Los niños no se
preocuparon en absoluto por regresar a los kau, lo estaban pasando muy bien,
disfrutando de un ambiente grato y distinto de los que estaban habituados en las
áridas mesetas o en las desoladas pampas. El niño que vive en el campo no se
acuerda del hambre, hasta que regresa. Puede andar todo el día en actividad,
sólo calma su sed, tendiéndose a beber boca abajo donde encuentra agua. ¡Qué
hermosa libertad!
Llegaron a la
cita inefable con la abuela Tama, trayéndole hongos y raíces comestibles recién
cosechadas.
-
¡Ua ingue koone Tama!-, corearon los niños.
-
¡Ua ingue tálenke!-, respondió la anciana. Se sentó en su lugar, guardó
silencio y luego comenzó su relato:
-
Keengenkon le pidió a Elal que fuera a buscar piedras para hacer
raspadores, ya que debía preparar unos cueros. ¡Allá (le dijo, señalando una
loma) hay de la piedra que necesito! Pero debes tener cuidado, a veces revienta
y mata a la gente.
-
Esta prueba parece más fácil-, opinó Ótilkel.
-
En realidad, lo mandaba allá en la seguridad que al explotar las piedras
lo matarían. Pero Elal fue muy cauteloso. Miró bien el lugar y construyó un
refugio bajo las rocas, desde donde tiró una piedra con la honda contra el
cerrito que hizo tres explosiones, haciendo un desparramo de piedras.
-
¿No le hizo nada a Elal?-, preguntó Tako.
-
¡No, estaba bien protegido!-, respondió la abuela. Cuando salió de allí
recogió cuantas piedras quiso y se las llevó a Keengenkon.
-
¿Qué dijo Keengenkon?-, preguntó Keóken.
-
Quedó muy sorprendida y llorando decía: ¡Qué hombre! ¡Todo lo puede! ¿Qué
haremos? No podemos matarlo… Tendremos que darle nuestra hija Teluj… Luego
dirigiéndose a Elal, le dijo: Vuelve mañana, tengo que esperar el regreso de
Keengenken…
-
¿Le dieron el permiso que pedía Elal para casarse con Teluj?-, consultó
Pol.
-
Al día siguiente, muy temprano Elal se presentó ante el Sol, quien le
dijo: Has cumplido las pruebas con inteligencia, astucia y coraje, pero para
casarte con mi hija tendrás que rescatar el brazalete de boda que un “shoikn” le
robó escondiéndolo dentro de una caverna.
-
No parece tan difícil-, opinó Tankelou.
-
¡No hubiera sido difícil, si no fuese porque la caverna se hallaba
custodiada por un terrible guanaco que mataba al mirar; además, el brazalete
estaba escondido dentro de un huevo de avestruz, podrido y envenenado!
-
¿Cómo hizo Elal para rescatar el brazalete sin ser visto por el
guanaco?-, preguntó Átele.
-
Primero tuvo que ubicar la barranca donde se hallaba la caverna; después,
la madrina convertida en mosca le susurró al oído: Escóndete para que no te vea
el guanaco y yo lo molestaré para distraerlo, entonces lo matas. Voló la mosca y
se le posó en una oreja, luego en la otra, después en los ojos… El guanaco
cabeceaba tratando de ahuyentarla, pero el insecto se le introdujo en la nariz,
haciéndolo cerrar los ojos para estornudar, momento que aprovechó Elal para
arrojarle el “shome”, pegándole un terrible bolazo que lo mató.
-
¡Bravo, bravo!-, exclamaron los niños.
-
¿Cómo hizo con el huevo? Porque al romper un huevo podrido explota-, dijo
Tako.
-
Primero encendió una antorcha con la que entró en la oscura caverna,
hasta que halló el huevo, pero no lo tocó. Señaló el lugar y regresó hasta la
entrada donde estaba el guanaco muerto y le sacó el cuero con el que regresó al
lugar, con mucho cuidado lo extendió sobre el huevo, luego se retiró a una
distancia prudencial, tomó el arco, tensó la cuerda y disparó un flechazo. Una
sorda explosión indicó el éxito. Esperó un momento y con sumo cuidado,
utilizando una varilla, retiró el brazalete. ¡No lo toques!, le dijo la
mosca-madrina. ¡Está envenenado!-, explicó la abuela Tama.
-
¿Cómo hizo para llevarlo?-, preguntó Güenta preocupado.
-
Lo quemó en la antorcha, con lo que eliminó el veneno y después salieron
de la caverna para ir a entregarlo.
-
¿Le siguieron dando más pruebas, abuela?-, consultó Keóken.
-
Mañana se los contaré-, dijo la anciana y se despidió de los niños, que
prometieron regresar.
Prólogo | Introducción | 1- Creación del Mundo | 2 - Creación del Sol | 3 - Creación de la Isla | 4 - Los Gigantes | 5 - La Reunión de la Laguna | 6 - Olje (Zorrino) | 7 - Kius (chorlo) | 8 - Kápenke | 9 - Kiken (Chingolito) | 10- Teuepen (Pecho colorado) | 11- Oóiu (Avestruz) | 12 - Keengenkon | 13 - Tons (noche) | 14 - Keóken | 15 - Terke | 16 - Goln, el puma | 17 - El Chalten | 18 - Shintaukel | 19 - Uekne | 20 - Takaurr | 21 - Uendeunk | 22 - Viaje al sol | 23 - Las pruebas | 24 - Otras pruebas | 25 - Elal y Teluj | 26 - Elal triunfa | 27 - El regreso de Elal | 28 - La muerte de Takaurr | 29 - Fin de Elal | Vocabulario | Frases | Bibliografía | Personajes mitológicos | Obras del autor
Toponimia indígena de Santa Cruz | Cuentan los Chonkes | Raíz Folklórica de la Patagonia | Kai Ajnun | Vida y Leyendas Tehuelches

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