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29- FIN DE ELAL
El paradero de Tar aike estaba en la margen sur de un lago de aguas turbias, de allí el nombre. El viejo cacique Koolou había anunciado que estarían allí poco tiempo, ya que debían llegar antes del “sheiak” (invierno) al “keu ken aike” (paradero de los antepasados) y aún estaban a varias jornadas de distancia. Al amanecer se produjo un movimiento inusitado en el toldo de Jonjonia, casada con Gémoki. Había nacido un varoncito y, como no hubo problemas, el cacique dispuso salir a cazar para festejar el grato acontecimiento; además, el “shoikn” dispuso que por ser la última luna del “sorken” se imponía pintar en las barrancas más próximas el historial de los antepasados del recién nacido y el augurio para el futuro, basándose en la posición de los astros. Mientras los hombres caminaban en hilera por el faldeo, para ubicar los animales y comenzar el “aorke” (corral), un grupo integrado por hombres, mujeres y niños se encaminó a las barrancas basálticas para cumplir la propuesta del “shoikn”, llevando “macnue” (lápices) de colores preparados con tobáceas y grasa. Llegados al lugar, eligieron el friso a pintar. El “shoikn”, tomando un “macnue” rojo hizo cuatro círculos concéntricos, representando al Sol, y dijo solemnemente: - Primero corresponden los astros. Luego trazó pequeños círculos dentados, graficando las estrellas con amarillo, y agregó: - La Luna no estaba al frente al momento de nacer. En razón de ser el niño sobrino del cacique Kooloue también dibujó la figura de “chértejen” (de lujo), perteneciente a su rango. Luego se impusieron los dibujos representativos de la familia del padre y de la madre, con lo que se dio por terminada la ceremonia y regresaron al campamento. Después de la fiesta, en honor al recién nacido, los niños se agruparon en el kau de la abuela Tama, para pedirle que aunque era tarde y estaban cansados no los dejara sin el acostumbrado relato. - Tienen razón-, dijo la anciana, invitándolos a sentarse. - Después de la muerte de su terrible padre, Elal vivió sin sobresaltos con sus amigos de cacerías en Aoni Güent y visitaba a su mujer cuando iban a cazar lobos marinos y a pescar en las restringas marinas, ya que ella era “jono-peten” (foca leopardo)-, explicó la anciana narradora. - ¿Vivió mucho tiempo Elal en Aoni Güent?-, preguntó Tankelou. - A poco de su regreso se unió a su gente en las cacerías por el interior, tal como lo demuestran las pinturas en las rocas, donde están representados todos los personajes-, respondió la abuela Tama. - En el cielo también quedaron recuerdos de Elal-, manifestó Pol, que había escuchado mencionar algunos nombres. - ¡En el cielo hay muchas estrellas que lo recuerdan!-, dijo la anciana. Mientras se encaminaba a la salida del kau, indicó: - Allí se ve al guanaco con el “shome” enredado en el cogote. Más allá hay otro volteado en medio de la polvareda… Ese camino blanco, son las plumas de los avestruces boleadas, ¡cómo bolean nuestros paisanos hoy! Allí está “Chaki” con la cabeza levantada mirando hacia el Norte. Aquellas se llaman “Chéljelen” (Las tres Marías), eran los postes que se usaban para medir el tiempo… - ¿Cómo se mide el tiempo, abuela?-, preguntó Güenta. - Cuando sale “Chéljelen” comienza “sheiaik” (invierno). Después aparecen otras más chicas que indican “ariskáiken” (primavera). Cuando se ven cuatro es el “sorken” (verano) y cuando desaparecen es el “kápenken” (otoño). Con la luna llena termina cada ciclo (mes). Tras un corto silencio, Keóken preguntó: - ¿Qué pasó con Elal? - Cansado de aventuras y sin su compañera caminó hacia el Este. Trepó el espacio y se perdió en el infinito-, terminó la anciana.
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