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2 - Creación del Sol

1-Creación del Sol
 

Esa mañana había un movimiento inusitado en el aike desde muy temprano, ya que el cacique Kooloue estaba arengando a su gente y dando las directivas de lo que se haría y cómo debía hacerse durante la jornada. Había que ir a otro aike.

Las mujeres desarmaban los toldos sacando los cueros de la parte superior, los que estaban unidos formando largas tiras semejantes a actuales piezas de género, y los arrollaban cuidadosamente, atándolos luego con las mismas correas que unían los palos y travesaños. Después quitaban los cueros de las divisiones, llamadas "uaukonge" y desataban las correas
del resto del toldo.

El desclavado de los palos del suelo también tenía su norma. Primero, los cuatro grandes del frente, llamados "shonko", que eran dejados sobre los tientos con los que se atarían; luego los de los costados, "goko". Previamente se quitan los travesaños conocidos como "chapiten", enseguida los de las divisiones llamados "giuen" y por Último los palos de atrás o "gouelko".

Una vez reunidos todos los atados de cueros y los palos, cuatro de las mujeres mayores tapaban todos ]os pozos dejados al sacar los palos, mientras mascullaban una especie de conjuro u oración girando en torno a cada hoyo, con el propósito de prevenir a los malos espíritus para que no ocuparan esos agujeros aprovechando la tierra removida. Los malos espíritus habitan en las cavidades de las rocas, en cuevas o cavernas, y hasta en los pequeños pozos dejados por los palos, siempre que no tengan salida.

Las criaturas que no caminaban eran colocadas en sus cunas, construidas con una rama de calafate arqueada en forma de "u", para l0 que se usaba arbusto verde que se unía por correas para sostener dos cueros muy sobados. El primero se ponía con la lana hacia arriba; el otro, a la inversa. De esta manera, se formaba un mullido acolchado, sobre el que se acostaba el niño, de manera que su orín se escurría sobre el cuero, que, previamente, había sido impermeabilizado con una pasta formada por hígado molido mezclado con grasa. Esta cuna era llevada sobre la espalda de la madre, y el niño envuelto y atado para más seguridad.

Otra tarea delicada era transportar el fuego, para lo que se designaba a una persona a la que llamaban "Amakaik". Generalmente se elegía algún anciano, que ya no podía compartir las cacerías, o algún lisiado responsable. Las brasas se colocaban dentro de un recipiente confeccionado con el duro cuero del cogote del guanaco, cuereado en bolsa, en cuyo fondo se había realizado un piso de barro. De igual manera se usaron las ollas de barro cocido. En ambos casos, estos utensilios tenían un agujero cerca de la boca, la que se tapaba con un cuero ceñido por un tiento. El agujero permitía la renovación del aire, dando la sensación de que la vasija fuera fumando.

Iniciaban la marcha los hombres, abriéndose a veces en abanico cuando aprovechaban el viaje para ir cazando lo necesario. Si la circunstancia lo requería, formaban un corral humano -llamado "aorke"-, con lo que lograrían carne para varios días y pieles para usos varios.

Las mujeres, los niños y los ancianos, ya tenían sendas conocidas, por las que caminaban desde tiempo inmemorial, pasando por lugares sin peligros y con una topografía acorde a sus condiciones.

Los aikes por lo general distan entre sí dos o tres leguas, trayecto que se transita en un día de marcha a pie, aun teniendo en cuenta que deben llevarse a cuestas los enseres y ayudar a los niños más pequeños. Cada tanto se hace un alto para descansar, comer algo y arreglar las cargas.

Los niños, que el día anterior habían escuchado a la abuela Tama narrarles cómo se creó el mundo, tenían la promesa de ésta de continuar Con el tema, de manera que el interés se convirtió en ayuda durante el trayecto.

Mientras caminaban por un cañadón angosto, notaron que en una de las barrancas había una gruesa capa de sedimento marino, donde afloraban turritelas, caracoles, escutellas y otras muestras similares; todo estaba petrificado. Este hallazgo despertó la curiosidad de los chicos, que de inmediato corrieron a consultar con la anciana acerca del origen y el por qué, a
lo que ella respondió:

-Kooch creó todo con vida. Hasta las piedras tienen una forma de vivir, pero es tan lenta que nosotros no podemos darnos cuenta.

Las piedras se convierten en arena con el roce del agua y del viento, a su vez la arena en piedra y así todo. La tierra va cambiando lentamente. Donde ahora hay mar algún día habrá tierra. Aquí alguna vez hubo mar...

Keóken recogió una turritela vitrificada y mostrándola a sus compañeros, dijo:

-Es para hacerle un regalo a mi mamita, ella podrá adornar su trenza.

Aún no se ponía el sol cuando los hombres llegaron al aike elegido, donde comenzaron a cuerear los animales cazados en el trayecto y a estaquearlos colgando la carne para que
se oreara en las ramas más altas de los calafates y de los molles (3), mientras tanto Amakaik, una anciana de suave mirada, se ocupaba de encender el fuego con las brasas que había traído en su vasija de barro cocido. Poco a poco fueron arribando todos y comenzaron a armar los toldos en los mismos sitios en que habían estado tiempo atrás. La disposición se respetaba.

El centro era ocupado por el cacique Kooloue, y a sus lados los restantes por orden de importancia, todos dando frente al norte. Ese día, al terminar de armarios, se podían notar muy tensas las riendas que lo sostenían; esto indicaba tiempo calmo.

Cuando arreciaba el viento, se aflojaban las riendas o tensores para que no se rajasen los cueros. Así el "kau" soportaba estoicamente temporales y tormentas.

Los niños iban y venían portando leña para mantener los fuegos encendidos, mientras las mujeres terminaban el armado de los toldos y la colocación de las cosas en orden. Los hombres arreglaban sus pertenencias, especialmente boleadoras, arcos y flechas, o simplemente conversaban recordando cosas cotidianas, en este caso, relacionadas con el traslado. Mientras tanto, sobre las piedras calientes de los fogones, se asaba lentamente la carne dispersando un aroma tentador.

El grupo de niños rodeó a la abuela Tama esperando su palabra. Ella no se hizo insistir y comenzó su narración:

-Kooch había creado al mar con sus lágrimas y habla disipado las tinieblas a su alrededor, pero, a lo lejos, continuaban, lo que le impedía ver a su mundo desde la distancia, aun habiéndose alejado. De pronto, alzó la mano y con un rápido movimiento rasgó la oscuridad.

Brotó una gran chispa que continuó el giro de su mano, disipándose las tinieblas. Pudo, entonces, ver el maravilloso mundo alumbrado por esa chispa, a la que llamó Xaleshen.

-¿De noche se apaga Xaleshen, abuela?-, preguntó Pol.

-No Pol, no se apaga. da vuelta para salir al otro lado.

-¿Cómo se forman las nubes? ¿De dónde vienen?-, requirió Jolke.

-Cuando Xaleshen entibió el mar, el agua comenzó a convertirse en vapor, elevándose hasta formar las nubes, por lo que se sorprendió el viento que las arrastró hasta hacerles emitir un gemido, al que Kooch llamó Karut, que fue el que encendió los relámpagos iluminando los sorprendidos ojos de !os espíritus asomados por los huecos del infinito. Desde entonces las nubes se forman de agua y la distribuyen en forma de lluvia por el mundo. Kooch ordenó la actividad de los elementos, dándoles función a cada uno. También determinó el ciclo de vida.

-¿Y la luna y las estrellas y las otras cosas, abuela Tama?

-Todo fue creado por Kooch y puesto en su lugar para que cumpla su cometido. Otro día les seguiré contando la historia.

Ahora vamos a dormir. El viaje fue agotador...

- ¡Ketouans tálenke!

-¡Ketouans koone Tama!

(3) Molle: Schinus Johnstonni. Arbusto cuyas ramas terminan en espinas muy duras. Madera roja, grandes raíces. Buena caloría. Hojas pequeñas redondeadas y gruesas. También se lo encuentra en forma arbórea. La polilla pone sus huevecillos bajo su corteza y ésta al rechazarlos los recubre de fibras que luego crecen adheridas al gajo, hasta que se desarrolla la polilla parásita y perforando la bolita de madera, lo abandona. Estas bolitas semejan un fruto.

Mario Echeverría Baleta

Prólogo | Introducción | 1- Creación del Mundo | 2 - Creación del Sol | 3 - Creación de la Isla | 4 - Los Gigantes | 5 - La Reunión de la Laguna | 6 - Olje (Zorrino) | 7 - Kius (chorlo) | 8 - Kápenke | 9 - Kiken (Chingolito) | 10- Teuepen (Pecho colorado) | 11- Oóiu (Avestruz) | 12 - Keengenkon | 13 - Tons (noche) | 14 - Keóken | 15 - Terke | 16 - Goln, el puma | 17 - El Chalten | 18 - Shintaukel | 19 - Uekne | 20 - Takaurr | 21 - Uendeunk | 22 - Viaje al sol | 23 - Las pruebas | 24 - Otras pruebas | 25 - Elal y Teluj | 26 - Elal triunfa | 27 - El regreso de Elal | 28 - La muerte de Takaurr | 29 - Fin de Elal | Vocabulario | Frases | Bibliografía | Personajes mitológicos | Obras del autor

Toponimia indígena de Santa Cruz | Cuentan los Chonkes | Raíz Folklórica de la Patagonia | Kai Ajnun | Vida y Leyendas Tehuelches


 


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