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3 - Creación de la Isla
Durante el trayecto desde el aike anterior al actual, las mujeres recogieron abundante cantidad de tobáceas de colores, Tras instalarse a poca distancia de un manantial, protegido por una barranca basáltica que coronaba un cañadón en el que crecían las típicas especies de arbustos regionales (calafates, molles, mata negra, neneo, etc.), cantaron a coro las viejas rogativas para que la permanencia en el lugar les fuera propicia. Al concluir cada canto, una de ellas anunciaba el motivo de la próxima rogativa, de manera que no quedara nada sin protección. Después, cada uno inició sus propias tareas. Los niños eran requeridos por las ancianas para ayudarlas en pequeñas tareas. La abuela Tama les pidió a sus amiguitos, con la dulzura que la caracterizaba: -"Kake le keoto tálenke" (niños traigan agua y leña). Las niñas, con vasijas de barro y una especie de odre de cuero, se encaminaron al manantial, mientras los varones se disponían a traer leña de molle y de calafate, por ser los más durables. Para esta tarea usaban una correa muy sobada con una presilla al extremo, de manera que pudieran atar fácilmente el montón de leña que luego cargarían a sus espaldas. Este trabajo se convertía generalmente en un juego competitivo, en el que se disputaban la calidad del material, la cantidad y la prontitud para dar por cumplida la tarea. El niño criado en el campo, hasta en la actualidad, adquiere una serie de conocimientos necesarios para la subsistencia, que los incorpora corno una cosa normal y natural, de manera que utiliza permanentemente su ingenio y agudiza el razonamiento, llegando a resolver situaciones difíciles en forma casi instintiva, a la vez que va aprendiendo a conocer la naturaleza en todas sus expresiones. Al regreso de la búsqueda, habían recogido algunas piedras de
sílex y obsidiana que utilizarían los hombres para fabricar sus herramientas;
también resina de molle, la que, con Los hombres estaquearon las pieles de los animales que habían cazado esa mañana, a la manera tradicional, emparejando previamente el suelo y utilizando en cada uno cuarenta y seis estacas para que resulten perfectamente estiradas y después del sobado, raspado y cosido no se deformen jamás ni se rajen con el uso o con la diferencia de temperatura. Algó y su hermana Kóleken dieron las últimas puntadas al "kai" de 24 cueros. Ahora se disponían a pintarlo extendiéndolo en el suelo frente al kau. Este acontecimiento siempre despierta el interés y la admiración del resto del grupo, que, poco a poco, se acerca a contemplar la obra de arte, comentando la destreza de las artistas. Sobre piedras planas ligeramente ahuecadas en el centro,
utilizando otra piedra a manera de "mano", se muele a punto de polvo la tobácea
color ocre con la que se puede optar por cubrir Las tobáceas (conocidas vulgarmente como "tierra de color"), se amasan con agua y se les da forma alargada. Los tehuelches le llaman "macnue"; también, "ajen". Cuando el "macnue" se utiliza para dibujar sobre piedras, se prepara amasándolo con grasa, de manera que penetre y tiña la piedra. Algó humedeció una cuerda hecha de lana de guanaco, con un preparado de carbón de leña. Kóleken la tomó del extremo opuesto y entre ambas la tensaron sobre la orilla del "kai", hasta que ubicaron el lugar exacto donde debían trazar la línea. Kóleken con la otra mano hizo chasquear la cuerda, que quedó impresa en el cuero. Esta tarea se repitió cuidadosamente en todos los contornos y después con color ocre trazaron las líneas del cuadriculado. Cada una de las rayas fue retocada hasta engrosarse: las negras, de medio centímetro; las ocre, de uno. Tras un momento de consulta mutua, las dos hermanas escogieron
los Cuatro colores que aplicarían a los dibujos y comenzaron a preparar las
pinturas. Para no confundir los cuadros, Cada una tomó dos lápices, uno de cada color, y marcaron el primer dibujito dentro del cuadro en cada extremo de la capa. Habiendo comprobado su correcta ubicación continuaron trabajando toda la tarde hasta completarlo. Al final hicieron los dibujos de las orillas y los de la cabecera. El dibujo elegido para el campo de la capa era el llamado "choiols", que pertenecía al grupo familiar. Los de la orilla, en este caso, identificaban a la familia de la madre de quien usaría el "kai ajnun". Cuando consideraron terminada la labor, las hermanas colgaron la
capa extendida para que fuera vista por todos y se comprobara que en ninguna
costura pasaba la luz. Esta prueba Acallaron los comentarios referentes al "kai ajnun" y cada uno enfiló a su toldo. Solamente un grupo de niños no lo hizo, agolpándose junto al fogón de la abuela Tama, esperando el regalo de un relato ya prometido el día anterior. Sonrió la anciana mientras se sentaba en una piedra tapizada con un pedazo de cuero, mostrando su blanca y completa dentadura bastante gastada. -Ayer -comenzó diciendo-, les conté como Kooch creó el sol y hoy les diré lo que pasó después. Kooch no quedó conforme con haber creado la luz, el viento y las nubes. Entendía que aun faltaban muchas cosas más para completar el conjunto que imaginaba. Entonces comenzó por crear una gran isla en el mar, a la que acudieron las nubes a derramar abundante agua para formar los lagos y los ríos. Desde el mar avanzaron las plantas hasta cubrir la tierra. También Kooch originó la vida de los peces; luego de los insectos y de todos los animales. Durante el día, Xaleshen calentaba el aire para dar fuerza a
todo lo creado. Al principio reinaba la armonía, pero durante el tiempo en que
el sol se retiraba, en la oscuridad (Tons) -¿De dónde vinieron los gigantes malos, abuela Tama?-, consultó Tankelou. -Noshtek y Gosye -respondió la anciana- eran hermanos, hijos de las tinieblas... -¿Eran muy grandes?-, preguntó Losha. -¡Muy grandes! Dos veces más que Guátenten; además, eran peludos y tenían una larga cola con punta de "shotel"-, explicó la abuela y agregó: -¡Tenían mucha fuerza! Los niños se estremecieron y en sus ojos asomó un brillo de miedo. Se miraron en silencio. -La nube Teo estaba dormida en el horizonte -continuó narrando la anciana Tama-, entonces Noshtek la raptó y la escondió en una caverna, donde la tuvo prisionera tres días y tres noches. Cuando sus hermanas notaron la ausencia comenzaron a buscarla por toda la isla, pero en vano. No la hallaron. Esto las enfureció y lo manifestaron lanzando terribles tormentas durante esos tres días, lo que provocó gran temor entre los seres vivientes de la isla. Fue entonces cuando intervino Xaleshen y les preguntó el motivo ellas respondieron narrando lo ocurrido y que alguien de la isla la había raptado. Xaleshen nada pudo saber ese día, pero al ocultarse habló con Kooch, quien, al ver el estado deplorable de todo, los ríos arrasando la tierra, las aves empapadas... -¿No se podía escapar la nube Teo?-, inquirió Pol. -No pudo -repuso la anciana-. Kooch prometió que si la nube Teu
tuviese un hijo sería más poderoso que el padre. Al amanecer e! sol se lo
informó a las nubes, las que, a su vez, se Noshtek quedó perplejo, Sentado frente a la caverna trataba de salir del atolladero. Era de noche. De pronto vio entre las matas llegar a Maip (espíritu del frío), que, sigiloso y agazapado, lanzó su gélido aliento sobre un pajarito, el que de inmediato cayó muerto. Esto le hizo pensar a Noshtek que él podría matar a la nube... pero, observó en ese momento que antes de morir el pajarito había puesto un huevo, señal que continuaba la vida, y si él mataba a la nube podría continuar la vida del hijo. En ese momento pasó un zorro y viendo al pajarito muerto se lo comió; también a] huevo. La maquiavélica mente del gigante comprendió que si mataba a la desdichada nube debía comerse al hijo y así neutralizar la profecía de Kooch. -¿Y se lo comió?-, consultó temerosa Ookoko. -No -respondió la abuela-, mañana les contaré como se salvó la criatura. -Mas itáinko koone Tama!-, corearon los niños. -¡Mas itáinko tálenke!-, respondió con una sonrisa la anciana. Mario Echeverría Baleta
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