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14 Álamos Ventosos, Queridísimo: He llegado a otra curva en el camino. Te he escrito muchas cartas desde esta vieja habitación de la torre, en estos tres últimos años. Supongo que ésta será la última que te escribiré en mucho, mucho tiempo. Porque después de ésta, no habrá necesidad de cartas. Dentro de unas pocas semanas, nos perteneceremos el uno al otro para siempre... estaremos juntos. Piensa en ello... estar juntos... hablar, caminar, comer, soñar, planear juntos cómo hacer un hogar de nuestra casa de los sueños. Nuestra casa ¿No suena "místico y maravilloso", Gilbert? He estado construyendo casas de ensueño toda mi vida y ahora una de ellas se hará realidad. En cuanto a con quién quiero compartirla... bien, te lo diré a las cuatro del año próximo. Tres años parecían eternos al principio, Gilbert. Y ahora han pasado como un buque en la noche. Han sido años muy felices... excepto por aquellos primeros meses con los Pringle. Después de eso, la vida pareció fluir como un agradable sueño dorado. Y mi antiguo conflicto con los Pringle parece un sueño. Ahora me quieren por lo que soy... han olvidado que me odiaban. Cora Pringle (de la familia de las viudas Pringle) me trajo ayer un ramo de rosas, y enroscado alrededor de los tallos, había un papelito que decía: "Para la maestra más dulce del mundo". ¡Demasiado para salir de una Pringle! Jen está muy triste porque me voy. Observaré su carrera con interés. Es brillante y tempestuosa. Una cosa es segura: no llevará una existencia aburrida. No por nada se parece tanto a Becky Sharp. Lewis Allen irá a McGill. Sophy Sinclair irá a Queen's. Luego piensa enseñar hasta haber ahorrado lo necesario para ir a la Escuela de Arte Dramático de Kingsport. Myra Pringle "se presentará en sociedad" en el otoño. Es tan bonita, que a nadie le importará que no pueda reconocer un pasado pluscuamperfecto ni siquiera si se lo encuentra por la calle. Y ya no tengo una vecinita del otro lado del portón. La pequeña Elizabeth se ha ido para siempre de esa casa sombría... se ha ido a su Mañana. Si tuviera que quedarme en Summerside, se me partiría el corazón de tanto que la echaría de menos. Pero tal como están las cosas, me alegro. Pierce Grayson se la llevó con él. No volverá a París, sino que vivirán en Boston. Elizabeth lloró amargamente cuando nos separamos, pero está tan feliz con su padre, que estoy segura de que sus lágrimas se secarán muy pronto. La señora Campbell y la "mujer" se mostraron muy agrias y me echan toda la culpa... culpa que acepto con alegría y sin remordimientos. -Ha tenido un buen hogar aquí -dijo la señora Campbell en tono majestuoso. "En el que jamás oyó una palabra de afecto", pensé, pero no lo dije. -Creo que seré Betty todo el tiempo, ahora, mi adorada señorita Shirley -fueron las últimas palabras de Elizabeth-. Excepto cuando la extrañe, y entonces seré Lizzie. -No te atrevas a ser Lizzie nunca, pase lo que pase -le respondí. Nos arrojamos besos por el aire hasta que ya no pudimos vernos y subí luego a mi torre con lágrimas en los ojos. Ha sido tan dulce, esa preciosa cosilla dorada. Siempre me pareció que era un arpa de Eolo, sensible a la menor brisa de afecto que soplaba en su dirección. Ha sido un aventura ser su amiga. Espero que Pierce Grayson valore la hija que tiene, y creo que lo hace. Se mostró muy agradecido y arrepentido. -No me había dado cuenta de que ya no era un bebé -dijo- ni de lo poco cálido que era el ambiente en que vivía. Gracias mil veces por todo lo que hizo por ella. Hice enmarcar el mapa del País de las Hadas y se lo di a Elizabeth como regalo de despedida. Lamento irme de Álamos Ventosos. Por supuesto, estoy algo cansada de vivir sola, pero he disfrutado estando aquí... he disfrutado de las horas frescas de la mañana junto a la ventana... de mi cama alta, a la que literalmente tuve que trepar todas las noches... de mi almohadón azul... de todos los vientos que soplaron. Temo que nunca más volveré a sentirme tan compañera de los vientos como aquí. ¿Y volveré a tener una habitación desde la que pueda ver el amanecer y el atardecer? He terminado con Álamos Ventosos y con los años ligados a ella. Y he cumplido. No revelé el escondite de la tía Chatty a la tía Kate ni los secretos tratamientos con suero de leche que se ocultaban entre sí. Creo que lamentan verme partir... y me alegro. Sería terrible pensar que se alegran de que me vaya... o que no me extrañarán nada cuando ya no esté. Rebecca Dew ha estado preparando mis platos preferidos desde hace una semana, ya; hasta gastó diez huevos para una torta dos veces, y ha estado usando la porcelana "para visitas". Y los ojos suaves de la tía Chatty desbordan cada vez que hablo de mi partida. Hasta Dusty Miller parece mirarme con aire de reproche, sentado sobre sus pequeñas posaderas. La semana pasada recibí una larga carta de Katherine. Tiene don para escribir cartas. Consiguió empleo como secretaria de un miembro del Parlamento, muy trotamundos. ¡Qué fascinante es la palabra trotamundos! Una persona que diría: "Vayamos a Egipto", con la misma facilidad con que una sugeriría: "Vayamos a Charlottetown..." -y lo haría. Esa vida será ideal para Katherine. Insiste en responsabilizarme por el cambio en su forma de ver la vida y en sus perspectivas. "Ojalá pudiera decirte lo que has traído a mi vida", me escribió. Supongo que ayudé un poco, sí. Y no fue fácil al principio. Ella casi nunca decía nada que no tuviera veneno y escuchaba cualquier sugerencia que yo pudiera hacer respecto de la escuela, con el aire desdeñoso con que se le sigue la corriente a un lunático. Pero de algún modo, lo he olvidado todo. Era solamente producto de su secreta amargura contra la vida. Todo el mundo ha estado invitándome a cenar... hasta Pauline Gibson. La anciana señora Gibson murió hace unos meses, de manera que Pauline se atrevió a hacerlo. Y estuve en la Casa Tomgallon, cenando otra vez con la señorita Minerva y soporté otro monólogo. Pero me divertí mucho, comiendo cosas deliciosas y escuchando unas cuantas tragedias más. Ella no podía ocultar el hecho de que sentía pena por todo aquel que no fuera un Tomgallon, pero me hizo varios cumplidos agradables y me regaló un precioso anillo con una aguamarina - una hermosa mezcla de azul y verde- que su padre le había regalado en ocasión de su decimoctavo cumpleaños... "cuando era joven y bonita, querida, muy bonita". Supongo que puedo decirlo ahora. Me alegré de que hubiera sido de la señorita Minerva y no de la esposa del tío Alexander. Estoy segura de que no hubiera podido usarlo, si le hubiera pertenecido a ella. Es muy lindo. Las joyas del mar tienen un encanto misterioso. La Casa Tomgallon es ciertamente magnífica, sobre todo ahora, cuando el jardín está florecido. Pero no cambiaría mi casa de los sueños por la Casa Tomgallon, ni por el jardín y los fantasmas que allí habitan. Aunque en realidad, un fantasma sería un toque aristocrático, ¿no? Mi única queja contra la Calle del Fantasma es que no hay ninguno. Ayer fui al viejo cementerio, a dar un último paseo... Lo recorrí todo y me pregunté si Herbert Pringle, alguna vez, reiría para sus adentros en la tumba. Y esta noche me despido del Rey de las Tormentas, con el atardecer sobre la cima, y de mi pequeño valle en sombras. Estoy un poco cansada después de un mes de exámenes, despedidas y "cosas de último momento". Durante una semana, después de volver a Tejados Verdes, sucumbiré a la pereza. No haré nada, salvo correr libremente por el verde mundo de belleza estival. Soñaré junto al arroyo al atardecer, vagaré sobre el Lago de Aguas Brillantes en una barcaza hecha de rayos de luna... o en el bote del señor Barry, si las barcazas de rayos de luna no se consiguen. Juntaré flores en el Bosque Encantado. Recogeré frutillas silvestres en el prado del señor Harrison. Me uniré a la danza de las luciérnagas en La Senda de los Enamorados y visitaré el olvidado jardín de Hester Gray... y me quedaré sentada en el escalón de la puerta trasera bajo las estrellas, escuchando el susurro del mar adormilado. Y cuando haya pasado la semana, tú habrás vuelto... y ya no desearé ninguna otra cosa.
Cuando al día siguiente llegó el momento de que Anne se despidiera de las mujeres de Álamos Ventosos, Rebecca Dew brillaba por su ausencia. La tía Kate entregó solemnemente a Anne una carta. Querida señorita Shirley -escribía Rebecca Dew-, le escribo esto para despedirme, porque no confío en mí misma para hacerlo en persona. Durante tres años ha habitado bajo nuestro techo. Afortunada poseedora de un espíritu vivaz y un gusto natural por las alegrías de la juventud, nunca sucumbió a los placeres vanos de la muchedumbre frívola y vertiginosa. Se ha conducido, en toda ocasión y ante todos, sobre todo ante quien escribe estas líneas, con la más refinada delicadeza. Siempre ha sido muy considerada con mis sentimientos, y descubro una gran pesadez sobre mi ánimo al pensar en su partida. Pero no debemos afligirnos ante lo que ha ordenado la Providencia. (Samuel I, 29 y 18). Será recordada por todos los habitantes de Summerside que hayan tenido el privilegio de conocerla, y el homenaje de un corazón fiel, aunque humilde, será siempre suyo, y mi plegaria pedirá siempre su felicidad y bienestar en este mundo y su gozo eterno en aquel que vendrá. Algo me susurra que no será la "señorita Shirley" por mucho más tiempo, pero que celebrará una unión de almas con la elección de su corazón, que, según tengo entendido, es un joven excepcional. La que suscribe, dueña de pocos encantos personales y que comienza a sentir su edad (aunque todavía sirve para unos cuantos años más), jamás se permitió albergar aspiraciones matrimoniales. Pero no se niega el placer de interesarse en las nupcias de sus amigos y ¿puedo expresar un ferviente deseo de que su vida matrimonial sea de continua e ininterrumpida felicidad? (aunque no debe esperar demasiado de un hombre). Mi estima y, permítame decir, mi afecto por usted jamás disminuirá, y de tanto en tanto, cuando no tenga nada mejor que hacer, recuerde que existe una persona que es Su obediente servidora, REBECCA DEW P.s. Que Dios la bendiga. Los ojos de Anne estaban húmedos cuando volvió a doblar la carta. Aunque sospechaba que Rebecca Dew había sacado la mayoría de las frases de su obra preferida, el Libro de comportamiento y etiqueta, eso no las volvía menos sinceras, y la posdata venía directamente de su corazón afectuoso. -Díganle a mi querida Rebecca Dew que nunca la olvidaré y que volveré a visitarlas todos los veranos. -Tenemos recuerdos suyos que nada puede borrar -sollozó la tía Chatty. -Nada -asintió la tía Kate con énfasis. Pero al alejarse de Álamos Ventosos, el último mensaje que Anna recibió fue el de una gran toalla blanca que flameaba desde la ventana de la torre. Rebecca Dew la agitaba.
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