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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Después
de leer los primeros cuentos de esta obra, debemos recordar
que, una vez que Mas
no es cosa fácil cambiar de vida en un momento... sobre
todo en la selva. Lo Después
Akela y el Hermano Gris hubieron de narrar la parte que habían
tomado en la Ya
hacía rato que había salido el sol pero nadie pensaba aún
en irse a dormir, antes bien, -Si
no me hubieran ayudado Akela y el hermano Gris, nada hubiera
podido hacer -concluyó -Me
place no haber visto que te apedreaban -dijo mamá Loba muy
tiesa-. No -iCalma,
calma, Raksha! -intervino perezosamente papá Lobo-. Nuestra
rana ha vuelto y ahora es tan sabia, que hasta su propio padre ha de
lamerle los pies. Después de Como
un eco, repitieron juntos Baloo y Bagheera: -Deja
en paz a los hombres. Sonrió
Mowgli tranquilamente y con la cabeza colocada sobre uno de
los ijares de A
lo que respondió Akela, levantando una oreja: -Pero,
¿y si precisamente fueran los hombres los que no te dejaran
a ti en paz, -Cinco
somos... -afirmó el Hermano Gris mirando a los allí
reunidos, y castañeteó los -Nosotros
podríamos también tomar parte en la caza -observó
Bagheera moviendo un A
lo que respondió el Lobo Solitario: -Por
esto: cuando sobre la peña quedó extendida la piel
amarilla de ese ladrón, regresé -Como
un avispero está la aldea en que vive la manada de hombres
que arrojó al -Es
que fue muy grande la piedra que les arrojé yo -interrumpió,
riéndose, Mowglí, -Le
pregunté a Mang lo que había visto -prosiguió el Lobo
Solitario. Me contó que la -Pero,
¿por qué habrían de seguirlo? Me arrojaron ellos de su
seno. ¿Qué más quieren? -Tú
eres un hombre, hermanito -respondió Akela-. Lo que hacen
los de tu casta y las Apenas
si tuvo tiempo de levantar la pata cuando ya el cuchillo de
Mowgli se clavaba Pero
Akela era un lobo; e inclusive un perro, que dista ya mucho
de los lobos salvajes, -Otra
vez piensa dos veces antes de hablar de la manada de los
hombres y de mí dijo -¡Pche!
Afilado está ese diente -observó Akela en tanto olfateaba
el corte que había De
pronto, púsose Bagheera en pie de un salto, levantó la
cabeza cuanto pudo, resopló y Mowgli
sintió envidia al mirarlos. Pocos hombres tenían tan fino
el olfato como el suyo, -¡El
hombre! -gruñó Akela, y se dejó caer sobre las ancas. -¡Es
Buldeo! dijo Mowgli sentándose-. Sigue nuestro rastro. Allá
abajo veo brillar su No
fue sino una chispa de luz que no duró ni un segundo y que
había brotado de las -Ya
sabía yo que los hombres seguirían el rastro. Por algo he
dirigido la manada. Los
cuatro cachorros permanecieron mudos, pero echaron a correr
montaña abajo, casi -¿A
dónde van así, sin decir palabra? -les gritó Mowgli. -iChis!
Antes de mediodía rodará aquí su cráneo -respondió el
Hermano Gris. -¡Atrás!
¡Atrás! ¡Esperen! ¡Los hombres no se comen los unos a
los otros! -chilló -¿Quién,
si no tú, hace un momento, quería ser lobo? ¿Quién me
tiró una cuchillada por -¿Debo
explicar siempre los motivos de todo lo que me dé la gana
hacer? -replicó, furioso,
Mowgli. -¡Ya
apareció el hombre! ¡Así hablan los hombres! -murmuró
entre dientes Bagheera-. ¡Así
hablaban en derredor de las jaulas del rey de Oodeypore! A
todos nosotros los de la Y
elevando la voz añadió: -En
esto tiene razón el hombrecito. Los hombres cazan en
grupos. Es cazar mal, matar a -No
iremos -refunfuñó el Hermano Gris-. Ve a cazar solo,
hermanito. En cuanto a Mowgli
miraba ya a uno, ya a otro de sus amigos, palpitante el
pecho y llenos de -¿Acaso
no sé lo que quiero? ¡Mírenme! Lo
miraron con cierta turbación, y cuando sus ojos se
desviaban los llamaba de nuevo -Ahora
-dijo-, ¿quién es aquí el jefe de nosotros cinco? -Tú,
hermanito -dijo el Hermano Gris, y se acercó a lamer el pie
de Mowgli. -Entonces,
síganme -dijo éste. Y lo siguieron los cuatro, pisándole
los talones y con la -He
allí la consecuencia de haber vivido entre la manada de los
hombres. Hay ahora en El
oso no respondió nada, pero se quedó pensando en infinidad
de cosas. Mowgli
atravesó la selva sin producir el menor ruido, en ángulo
recto respecto del Conviene
recordar que Mowgli había salido de la aldea llevando sobre
su cabeza la (En
el otro extremo de la escala se halla el agudo chillido de
Mang, el murciélago, que -Esto
es más divertido que la caza propiamente dicha dijo el
Hermano Gris viendo a Mowgli
tradujo: -Dice
que en torno mío debieron bailar manadas enteras de
lo....., que en toda su vida no -Ya
descansará antes que pueda desembrollar la pista -dijo fríamente
Bagheera, y se -O
comen, o echan humo por la boca. Los hombres siempre juegan
con ella -respondió Los
silenciosos ojeadores vieron que el viejo cargaba de tabaco,
encendía y chupaba su En
esos momentos descendió por el camino un grupo de
carboneros, y, cosa muy -¿Cuándo?
-preguntaron los carboneros, porque deseaban muchísimo
estar presentes en A
lo que respondió Buldeo que nada se haría sino hasta que
él regresara, porque en la -Pero,
¿qué ocurrirá si se enteran de eso los ingleses?
-replicaron los carboneros. Ellos -¿Qué?
-respondió Buldeo-. Pues que el jefe de la aldea daría
parte de que Messua y su Atisbaron
a uno y otro lado los carboneros, dando gracias a su buena
estrella de que El
sol pronto se pondría: pensaron ellos que quizás pudieran
darse una vuelta por la -¿Qué
dice? ¿Qué dice? ¿Qué dice? -repetían cada cinco
minutos los lobos, y Mowgli -¿Acaso
los hombres se encierran los unos a los otros en trampas? -Así
dice él. No entiendo su charla. Todos se han vuelto locos.
¿Qué hay de común Mowgli
se quedó pensando profundamente en tanto que sus dedos
jugaban con el -Regreso
corriendo a la manada de los hombres -dijo al cabo Mowgli. -¿Y
ésos? -interrogó el Hermano Gris mirando, hambriento,
hacia los carboneros. -Canten
un poco para ellos mientras se encaminan a casa -respondió
Mowgli riendo. No Despreciativamente,
el Hermano Gris enseñó los dientes. -O
ignoro totalmente lo que son hombres, o podremos hacer que
den vueltas y vueltas -No
es eso lo que necesito. Canten un poco para ellos, a fin de
que no hallen tan -No
es liviano trabajo cazar para el hombrecito. ¿Y cuándo
dormiré? -respondió ¡Cantarles
yo a hombres desnudos!... En fin, probemos. Agachó
la cabeza para que las ondas sonoras llegaran más lejos y
lanzó un larguísimo Mowgli
oyó que aquel grito retumbaba, se elevaba, caía y se
extinguía finalmente en Veía
perfectamente a los carboneros agrupados en círculo, en
tanto que el cañón de la Ningunas
sombras vagaban en la llanura Sin
embargo, no hay traducción que pueda dar idea clara del
efecto que esta canción Después
de esto, se echaron y durmieron, ya que, como todos los que
viven por su Mowgli,
mientras tanto, devoraba leguas, mucho más de dos por hora,
balanceando el Anochecía
ya cuando contempló de nuevo las tierras de pastos que tan
bien recordaba, y
el
árbol del dhâk, donde, aquella mañana en que mató a
Shere Khan, lo había esperado Irritado
como estaba con toda la raza humana, experimentó una opresión
en la garganta -Es
cosa manifiesta que sólo están contentos los hombres
cuando pueden construir Se
deslizó a lo largo de la parte exterior del muro hasta que
llegó a la choza de Messua. Una
vez allí, arrojó una mirada hacia el interior de la
habitación. Allí estaba echada Mowgli
estaba bastante bien enterado de los usos y costumbres de
los aldeanos. Así Por
tanto, Mowgli entró por la ventana, se agachó junto al
hombre y a la mujer, cortó Messua
estaba medio loca de dolor y de miedo, pues durante toda la
mañana la habían -¡Lo
sabía! ¡Ya sabía yo que vendría! -sollozó al fin
Messua-. ¡Ahora sí sé Completamente
sereno se había mostrado hasta aquel momento el muchacho,
pero -¿Qué
quieren decir estas ligaduras? ¿Por qué te ataron?
-preguntó después de un -¡Verse
a punto de morir porque te hicimos nuestro hijo!.. ¿Qué
otra cosa quieres que Messua
permaneció silenciosa; las heridas que Mowgli miraba eran
las de ella. Ambos, -¿Quién
hizo eso? -interrogó-. ¡Caro lo pagará quien lo haya
hecho! -Toda
la aldea ha sido. Era yo demasiado rico. Tenía demasiado
ganado. En -No
entiendo. Que me lo diga Messua. -Yo
te di leche, Nathoo. ¿Recuerdas? -dijo Messua tímidamente-.
Porque eras mi hijo, Dijeron,
pues, que yo era tu madre, la madre de un diablo, y que, por
tanto, merecía la -¿Qué
es un diablo? -preguntó Mowgli-. Por lo que toca a la
muerte, ya he visto. El
hombre miró al muchacho con aire melancólico, pero Messua
se rió. -¿Estás
viendo? -díjole a su marido-. ¡Ya lo sabía yo!... Ya decía
yo que él no era -Hijo
o hechicero..., ¿de qué puede servirnos ya? -respondió el
hombre-. Ya podemos Mowgli
señaló al través de la ventana. -Allí
está el camino de la selva.. . Vuestros pies y manos están
libres. Idos ahora mismo. -Hijo
mío -empezó a decir Messua-: no conocemos nosotros la
selva como.., como tú. Ni
creo que yo pudiera llegar muy lejos. -Hombres
y mujeres nos seguirían para arrastrarnos de nuevo aquí -añadió
el marido. -¡Bah!
-respondió Mowgli en tanto que, con la punta del cuáhilbo,
se cosquilleaba en la -Esta
mañana lo enviaron para que te matara exclamó llorando
Messua-. ¿No lo -Sí...
lo encontramos... lo encontré yo ... Trae algo nuevo que
contar; mientras lo cuenta Piensen
a dónde quieren ir; ya me lo dirán cuando vuelva. Saltando
por la ventana, corrió de nuevo a lo largo del muro de la
aldea por la parte -¡Bah!
-exclamó Mówgli-. ¡Parloteo! ¡Parloteo! ¡Habladurías!
Los hombres son Sacudió
el cuerpo y se deslizó de nuevo en dirección a la choza. Ya estaba sobre la ventana cuando sintió que algo le tocaba el pie. -Madre
dijo, pues de inmediato comprendió que lo tocaba una lengua
no desconocida -Le
seguí los pasos al hijo que quiero más que a todos, cuando
oí que mis otros hijos -La
habían atado y quieren matarla. Pero corté sus ligaduras,
y ella escapará con su -Yo
iré detrás, también. Soy vieja pero aún tengo dientes. Enderezándose
mamá Loba sobre sus patas traseras, miró por la ventana
hacia el interior Luego,
al cabo de unos momentos, se dejó caer sin ruido, y únicamente
dijo esto: -Yo
fui la que te dio la primera leche. Pero es verdad lo que
dice Bagheera: el hombre -Es
posible -respondió Mowgli, y su rostro descompuesto tomó
un desagradable -Tú
nunca me tuviste miedo, renacuajo mío -añadió mamá Loba,
y retrocedió hasta -Y
ahora -dijo Mowgli alegremente saltando de nuevo dentro de
la choza-, allí están Cuando
termine de hablar, dicen que seguramente vendrán con la
flor.., con fuego, -Ya
he hablado con mi hombre -dijo Messua-. Khanhiwara está a
treinta millas de -¿Y
de. qué manada son ésos? -preguntó Mowgli. -No
sé. Son blancos; dícese que gobiernan toda esta tierra, y
no permiten que las gentes -Vivid,
pues. Nadie pasará esta noche las puertas de la aldea.
Pero... ¿qué está haciendo El
marido de Messua, a gatas, cavaba la tierra en un rincón de
la choza. -Son
sus pequeños ahorros -respondió Messua-. Ninguna otra cosa
podemos llevarnos. -¡Ah,
bien! Es esa cosa que pasa de mano en mano y permanece
siempre frío. ¿También El
hombre miró fijamente y de mal humor. -Es
un tonto, no un diablo -murmuró-. Con el dinero puedo
comprar un caballo. Estamos
demasiado doloridos para caminar muy lejos, y toda la aldea
estará tras de -Pues
yo afirmo que no os seguirán sino hasta que yo quiera. Pero
está bien haber Se
puso en pie el marido y anudó la última de sus rupias en
la ropa que le ceñía la -¿Conocen
el camino que lleva a Khanhiwara? -bisbisó Mowgli. Ellos
asintieron. -Bueno.
Ahora, recuerden que no deben tener miedo. Y no hay
necesidad de -¿Crees
que nos hubiéramos arriesgado a pasar una noche en la
selva, a no ser por el -Digo
-dijo Mowgli, exactamente como si fuera Baloo y estuviera
repitiendo alguna -¡Ay,
hijo mío! Ciertamente, te creo. Ya seas hombre, duende o
lobo de la selva, te creo. -Él
sentirá miedo cuando oiga cantar a mi gente. Pero tú, ya
enterada, comprenderás. Idos
ahora, y despacio, porque no hay necesidad de apresurarse.
Las puertas de la aldea
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